Las 10 más populares del día

27 jun 2010

A trabajos forzados


Intérprete: Antonio Vega
Título: A trabajos forzados
Letra: Antonio Gala
Música: Antonio Vega
Disco: De un lugar perdido
Año: 2001

“Pienso en los grandes poetas y veo que no les llego ni a la altura del betún. Pero lo cierto es que disfruto incorporando a la música textos que tengan un valor propio, que no sean un mero añadido”

Antonio Vega

Nació en Madrid el 16 de diciembre de 1957. Él mismo afirmaba que tuvo una educación afortunada, levantada sobre las bases de la humildad y la entrega. Con sólo diez años, participaba como oyente en clases de guitarra, anclando sus ojos en las manos de los músicos, intentado grabar las posiciones de los acordes que se deslizaban por los trastes de aquellos mástiles, soñando algún día poder hacer sonar sobre sus muslos aquel instrumento tan grande como él.

Por su adolescencia pasó el final de la dictadura franquista y sin hacer demasiado hincapié en ello, tras cumplir su servicio militar en Valencia, se matriculó durante dos años en una Escuela de Arquitectura y más tarde en una de Pilotos, encendiéndose paralelamente en él el interés por la música.

Como a todos los músicos de su generación, la Movida Madrileña le pasó por encima. En 1978 formó junto a Nacho García Vega (su primo) el grupo Nacha Pop. El primer disco del grupo se editó en 1980 y durante su periodo de vida (1978-1988), el propio Antonio Vega se desarrolló artísticamente componiendo muchos de los temas, consiguiendo el logro de incorporar al cancionero popular piezas como “La chica de ayer”, que durante aquellos años se convertiría en una de las más representativas de La Movida. A su generación se sumarán Radio Futura, Alaska y los Pegamoides, Ejecutivos Agresivos o Los Secretos.

Durante estos diez años de vida del grupo editarán “Nacha Pop” (1980), “Buena disposición” (1982), “Más números, otras letras” (1983), “Una décima de segundo” (1984), “Dibujos animados” (1985) y “El momento” (1987).

Pero el grupo se disolvió a finales de los 80 y Antonio Vega, en su carrera como solista, acentuó una línea más intimista, poniendo el valor todo lo aprendido en su etapa anterior, mezclando los sonidos pop con los versos más exquisitamente urbanos y asequibles. Su discografía en solitario, que se iniciará en 1991, la compondrán “No me iré mañana” (1991), “El sitio de mi recreo” (1992), “Océano de sol” (1994), “Anatomía de una ola” (1998), “De un lugar perdido” (2001) o finalmente “3000 noches con Marga” (2005), un disco dedicado a la memoria de su mujer. El 19 de mayo de 2009 moría Antonio Vega dejando parcialmente de luto el Pop español.

La copla de hoy pertenece al disco “De un lugar perdido” (2001), de la etapa final como solista de Antonio Vega. Durante la preparación de este trabajo, paralelamente, Clara Montes preparaba su debut en la escena musical con un cedé íntegramente compuesto por versos musicalizados del poeta Antonio Gala. A Antonio Vega le tocó la difícil y exquisita tarea de musicalizar uno de los versos más significativos de Gala, originalmente titulado “Condena”, para el disco que preparaba Clara Montes. Tan magnífica obra, el ex componente de Nacha Pop, no pudo resistirse a grabarla. Al respecto cito unas declaraciones del cantautor:

“Es un soneto de Gala, que es maravilloso, que lo compuse en principio para Clara Montes, pero no he podido resistirme a la tentación de hacerlo de esta forma. Es fantástico. Tiene esa atmósfera tan poderosa, tan magnética. Es una canción que me emociona interpretar. Es algo muy serio de verdad, al tocarla me da la sensación de estar ante algo muy fuerte, de estar jugando, no con un arma de doble filo, pero, si quieres, con elementos muy poderosos dentro del ser humano”.

Antonio Vega

Aunque pueda parecer pretencioso e incoherente incluir esta obra y a este autor en un espacio de análisis para los nuevos órdenes de la copla, la pieza, producida por Nacho Béjar, levanta simbólicamente muchos de los valores de la copla para nuestro tiempo. El verso de Gala, narra íntimamente la apasionante entrega de un sujeto enamorado hacia otro con escalofriantes palabras como: “buscaré solamente la sentencia / a cadena perpetua de tu abrazo”. El desgarro interno de un individuo anhelando la presencia del ausente no se encuentra tan alejado de piezas del repertorio asumido, como muchos de los sonetos de Rafael de León que musicalizó Juan Solano: “Ten cuidado”, “Mi amigo”, “Con ruedas de molino”, “Ni un padre nuestro” o “Poema de mi soledad”. La incursión de Antonio Vega en la copla nace a raíz del disco "Tatuaje (I)" (1999), en el que interpretaba una exquisita y fascinante "Ay pena, penita" de la tripleta Quintero, León y Quiroga.

La versión original, magnífica donde las haya, sostenida sobre unos arreglos sinfónicos, arpegios de guitarra acústica y española y una esperanzadora percusión en el estribillo, es de Clara Montes, que editaba en su primer disco “Canta a Antonio Gala” (2001) un espléndido "A trabajos forzados".

Tuve la suerte de escuchar en directo este verso de Gala a Antonio Vega, no a mucho de su muerte, apoyado débil en su guitarra, con un rostro delgado y silencioso que parecía anunciar el fatal desenlace. Esta obra, que tantas veces ha llenado mis momentos de dolor y de soledad, quiero compartirla especialmente con aquellas personas que se entregan vital y absolutamente y reclaman la fusta del amor (su dolor), enfrentándose a la entrega terrible desde la esperanza, para alcanzar el abrazo perpetuo.

A trabajos forzados me condena
mi corazón, del que te di la llave.
No quiero yo tormento que se acabe,
y de acero reclamo mi cadena.

No concibe mi mente mayor pena,
que libertad sin beso que al trabe,
ni castigo concibe menos grave,
que una celda de amor contigo llena.

No creo en más infierno que tu ausencia.
Paraíso sin ti, yo lo rechazo.
Que ningún juez declare mi inocencia,

porque, en este proceso a largo plazo,
buscaré solamente la sentencia,
a cadena perpetua de tu abrazo.

Web de Antonio Vega
Video de Antonio Vega cantado “A trabajos forzados”

19 jun 2010

Embrujá por tu querer


Intérprete: Isabel Pantoja
Título:
Embrujá por tu querer
Letra:
Rafael de León
Música:
Juan Solano
Disco:
Que dile y dile
Año:
1975

“Isabel Pantoja es casi una creación artística mía. A parte de eso, por su juventud, por su belleza y por sus calidades artísticas, podemos estar tranquilos todos los autores españoles que está perfectamente asegurado el presente y el futuro de la canción española”

Juan Solano

Es la última de una generación de divas que nació para la copla en los años 30 con Estrellita Castro y siguió a lo largo de siglo XX con Imperio Argentina, Concha Piquer, Juana Reina, Lola Flores, Marifé de Triana, Gracia Montes o Rocío Jurado. Recogió el legado de todas sus predecesoras y lo puso en valor en un momento de confusión, recién iniciada la democracia, en una España que arrastraba 40 años de fatigosa dictadura y que miraba su propia cultura con asqueante desprecio, con ojos ansiosos de progreso y con el perfume a modernidad que rezumaba una Europa sustancialmente evolucionada.

Isabel nació en el barrio de El Tardón, en Triana. Sevilla contempló su primera actuación en el Teatro San Fernando con tan sólo siete años con motivo de un homenaje a Juanito Valderrama y Dolores Abril.

Su padre, el compositor y cantaor Juan Pantoja, disconforme con que su hija fuese artista, tuvo que asumir el progresivo involucramiento de Isabel en el mundo del arte. Su madre, Ana Martín, bailaora profesional que trabajó junto a Pepe Pinto o La Niña de los Peines, marcó en Isabel una pasión terrible por el baile andaluz y la danza flamenca. Juan y Ana vieron los primeros pasos de Maribel (así la llamaban familiarmente) de la mano de su primo Antonio Cortés “Chiquetete”, cuando por primera vez en 1969 fue contratada en el tablao El rombo de Palma de Mallorca durante unas vacaciones de verano gracias a la fe que depositó en ella su abuelo.

“Cuando yo era pequeña, mi madre me llevaba al maestro Moradiellos, al Maestro Rabay, y ya tenía mis propias canciones. Me acuerdo de un pasodoble que decía: “Yo llevo a España en mis labios / y en mi pecho una canción / que brota como una rosa / dentro de mi corazón”. Tenía 7 años y todavía me acuerdo de la letra. Esa fue mi primera copla”.

Isabel Pantoja


Una vez en Sevilla, fue el empresario Baldomero Negrón quien tras sacar de un segundo plano a Maribel y animarla a cantar por sus admiradas Cocha Piquer, Juana Reina o Marifé de Triana, decidió hablar con el poeta Rafael de León y el músico Juan Solano, que por entonces trabajaban a destajo escribiendo coplas para Marifé, Bambino o Rocío Jurado en su estudio de Madrid. Fue en la Calle Luna, en el estudio de Juan Solano, donde el Maestro cacereño pidió a una jovencísima Isabel Pantoja que cantase lo que quisiera mientras él la seguía al piano.

Isabel se trasladó a Madrid para trabajar en El Corral de la Morería como bailaora (su gran pasión). Un buen día le pidieron que cantara y tal fue el asombro de los allí presentes, que la hicieron primera figura del tablao y pasó de cobrar 500 pesetas a cobrar 1500. El asombro del Maestro Solano lo llevó a dejar de componer para otras artistas y centrarse exclusivamente en la joven promesa. Mientras ensayaba, Isabel estrenaba todas las magníficas piezas que la pareja artística León-Solano componían para las primeras figuras de la copla.

“Estuve ocho años de mi vida yendo a la calle La Luna a la una en punto de la tarde para ensayar hasta las cuatro y media o las cinco. Todos los días, aun trabajando en El Corral de la Morería, que me acostaba tarde porque el tablao era por la noche, a la una de la tarde tenía que estar en casa del Maestro Solano donde ya se incorporaba Don Rafael de León, y ahí pasábamos horas de arte maravillosas. Yo estrenaba, aunque no fuesen para mí, todas las canciones que componían para otras artistas. Yo era su niña, la que cantaba al piano todos los días. Y cuando no estaba bien, el Maestro Solano cerraba el piano y decía: “Hoy no estás bien. Hoy no quiero que ensayes”. Se enfadaba conmigo además, pero era maravilloso.”

Isabel Pantoja


Moría Juan Pantoja y mientras Isabel lloraba la muerte de su padre en Sevilla, Juan Solano prepara el material para el primer disco de la tonadillera. Este sería el primero de ocho que para ella escribirían principalmente León y Solano, aunque no faltarían piezas en su primer disco, “Fue por tu voz” (1974), de la tripleta Ochaíta, Valerio y Solano. Incluso en alguna ocasión versos musicalizados del poeta Manuel Benítez Carrasco o incursiones de los compositores Montoro, Castellanos o Sarmiento. De esta etapa de Isabel Pantoja (1974-1981) destacan obras como “El pájaro verde”, “Garlochí”, “Embrujá por tu querer”, “Ahora me ha tocado a mí”, “Niña Isabela”, “Doña María”, “22 abriles tengo”, “El señorito”, “¡Ay Torre, Torremolinos!”, “Qué bonita es mi niña”, “Ay Curro, Curro Romero”, “Esta pena mía”, “Isabel Pantoja”, “Al alimón” o “Aquella Carmen”.

Mientras la copla transcurría por un momento de adaptación hacía sonidos baladísticos, Isabel Pantoja se mostraba reivindicativa, haciendo una copla que podía pretender ser más tradicional pero que gracias al inestimable talento de Juan Solano, no quedaba exenta de tintes modernistas. Una adolescente Isabel Pantoja, vestía las coplas de su modista habitual; Lina, que hacía para ella un vestuario relativamente clásico (porque lució trajes terriblemente frescos y alejados de clichés), unidos a un pelo largo y a veces a una flor o un peinecillo. Paralela a ella Rocío Jurado ya estaba eternizando sus primeros temas de Manuel Alejandro, Carlos Cano ponía en pie una copla de autor contestataria, Bambino experimentaba haciendo preciosas coplas aflamencadas y una pequeña generación de artistas (Carmen Sevilla, Paquita Rico, Conchita Bautista, Marisol…) hacían un copla modernista denominada copla-pop o copla-yeyé.

“Sitio hay para todos, pero cuando yo salí era muy complicado. Estaban todas las figuras, las estrellas, en su momento. Estaban todas mis compañeras. Salió una niña con un pelo muy largo, con 15 años. Me tacharon de todo. Que si el pelo no se llevaba largo, que si la peina, que si la bata de cola ya estaba olvidada… y yo erre que erre, continué con mis peinetas y con todo lo que ya se había guardado. Salían con traje de noche para cantar. Yo salí y creí en la copla ciegamente, como sigo creyendo, y me busque ese sitio.”

Isabel Pantoja


En 1982 moría Rafael de León y a partir de ese momento Isabel Pantoja haría un disco de sevillanas compuesto por Pareja Obregón: “Viva Triana” (1982), otro interesantísimo de Paco Cepero: “Cambiar por ti” (1983), y José Luís Perales compondría para ella “Marinero de luces” (1985); el trabajo más emblemático de la artita dedicado a la memoria de su marido el torero Francisco Rivera “Paquirri”. Desde entonces alternará autores como José Luís Perales, Juan Gabriel o Manuel Alejandro, o se acercará al bolero de la mano de Roberto Livi, Rafael Ferro o Juan Marcelo. Todo esto a la par que editará dos discos de copla clásica con arreglos sinfónicos con The Royal Philharmonic Orchestra dirigida por Luís Cobos: "La canción española" (1990) y "A tu vera" (1999), otro de copla en directo con la Orquesta Filarmonica Nacional de Moldavia titulado "Sinfonía de la copla" (2005), que pasará a ser el primer DVD de copla editado en la historia, o varios trabajos navideños producidos por Rafael Rabay. Todas estas estapas, interesantes también, las analizaremos en posteriores entradas.

La copla de hoy pertenece al disco “Que dile y dile” (1975). Aunque en el momento su edición este trabajo pasó desapercibido, con el tiempo se ha convertido en uno de los más valorados de la artista sevillana, y esta pieza, en paradigma de un momento para copla con respecto a un contexto, en una situación social, cultural y política de agitamiento: La Transición Española (1975-1977). Editada el mismo año en el que moría el dictador Francisco Franco y en el que concluía para España una etapa dictatorial, la copla (y “Embrujá por tu querer” es muestra inestimable de ello), igual que un país en represión (inmerso en un largo periodo de hibernación cultural), se abría al mundo.

Los arreglos pop que con una batería marcan la decodificación de estos tangos, los metales que hacen habitar de frescura esta pieza y una base de guitarra eléctrica que parece signar el momento en el que fue creada (por ahí andan las influencias de Los Beatles), dan cuenta de los significantes de la época. Sin olvidarnos del hermoso verso de Rafael de León, que seguía en su poesía con los ecos de la Generación del 27 pero haciéndo una literatura cada vez más limpia y sencilla (como los sonetos del poeta que musicalizó Juan Solano: “Mi amigo”, “Con ruedas de molino” o “Poema de mi soledad”). El Maestro Solano, que introdujo en la copla una vanguardia de tal calibre que jamás tendremos palabras ni actos para agradecerle, en esta copla está más que presente, sin dejar pasar desapercibido su talento.

Versiones magníficas las han realizado actualmente Diana Navarro en su disco “Camino verde” (2008), que hace un "Embrujá por tu querer" con arreglos étnicos y de fusión, o Miguel Poveda en “Coplas del querer” (2009), versionándola por tangos con arreglos de Chicuelo a la guitarra y dando cabida a un inédito “Embrujao por tu querer”.

Os traigo una copla de la etapa que más me gusta de Isabel, porque aunque ahora retrate muchos de los clásicos (y lo haga majestuosamente), hubo un tiempo en el que luchó por revolucionar este género y ponerlo en valor para su tiempo.

Ando medio loca, embrujá por tu querer,
tengo en carne viva por tu culpa el corazón.
Eres mi delirio y el arroyo de mi ser,
cielo y pan moreno para mis ansias de pasión.

Tu amor con fe yo venero,
por él no sé lo que haría.
Tu amor para mí es lo primero
Ay ¡Yo te quiero, vida mía!

Por ti ardo en vivo fuego.
Por ti pierdo hasta el sosiego.
Por ti vivo enamorá,
y por ti, además, yo soy capaz,
de pedir limosna, de matarme y de matar.

Lloro a cada paso sin poderme consolar,
voy y vengo ciega si te alejas tú de mí.
Tengo en el sentío que me vas a abandonar
y eso ni durmiendo yo lo puedo resistir.

Tu amor me da calentura.
Tu amor es cruz y alegría.
Tu amor es sol y negrura.
Ay ¡Qué locura, vida mía!

Por ti ardo en vivo fuego.
Por ti pierdo hasta el sosiego.
Por ti vivo enamorá,
y por ti, además, yo soy capaz,
de pedir limosna, de matarme y de matar.


Web de Isabel Pantoja
Video de Isabel Pantoja cantando “Embrujá por tu querer”

12 jun 2010

Gacela del niño muerto


Intérprete: Carlos Cano
Título: Gacela del niño muerto
Letra: Federico García Lorca
Música: Carlos Cano
Disco: Diván del tamarit
Año: 1998

“La dignidad que tienen para siempre las coplas se la dio con su temple de hombre de Granada este andaluz entero, corazón de su tiempo, el de pelos rizados, de camisa y guitarra, de escenario y proclama, de niño saharaui, de cubanito nuevo, del hijo al que enseñabas a andar por estas calles de cierros y azoteas, a ver venir los barcos en estos miradores, capitán imposible de goletas de sueño”

Antonio Burgos

Faltaban dos años para su muerte. Carlos Cano seguía reivindicativo con una copla verdecida y nueva, que extraía del pueblo para reverterla a él. Emigró de su Granada natal a los 18 años y Barcelona lo vio componer su primera canción a los 22, “La miseria”, mientras se relacionaba con los poetas de su tiempo y escucha a Bob Dylan, Joan Baez o Paco Ibañez. Atrás quedaba una Andalucía que durante el franquismo cayó en el olvido de los grandes mandos y sufría la emigración de casi la mitad de su población. Un joven granadino emigrado a la Ciudad Condal, escribía:

Vengo de abajo cansado de tanta cuesta.
Vengo, no sé a donde voy, huyendo de ella.

La miseria, la miseria…

Tiene su casa en las uñas de la soberbia.
Vive en un mundo cerrado del que se alimenta.

La miseria, la miseria…

Carlos Cano / La miseria (fragmento)


Formó parte del Manifiesto Canción del Sur que en 1969 firmaron autores como Justo Navarro, Fany Rubio, Antonio Carvajal, José Carlos Rosales, Joaquín Sabina o Luís Eduardo Aute. Emigró a Suiza y Alemania, y mientras esperaba su oportunidad en el mundo de la música, trabajó fabricando farolillos para féretros en una empresa suiza, en la imprenta de un periódico alemán o en un buque en el puerto de Rotterdam en Holanda, hasta que en 1975 editó su primer disco con canciones cargadas de mensajes sociales, de un profundo rechazo al sistema establecido y de un anhelo hacia la tierra que se había adueñado de su infancia. Por aquel entonces Carlos Cano cantaba aquello de:

“Amo mi tierra
lucho por ella
y esperanza es su bandera
verde, blanca y verde”

Carlos Cano / Verde, blanca y verde (fragmento)

A lo largo de su discografía, paralela a un momento social en el que comenzaba el despertar político de las Comunidades Autónomas en España, reivindicó la copla como sentimiento popular, dignificó los ritmos andaluces, defendió la liberación de su pueblo, luchó por el folclore, por los índices de los que partía como sujeto, desmitificó las grandezas y asumió lo sencillo como objeto de grandeza, reivindicó las historias que nos unen a los hombres y construyó, sobre las raíces de la copla, su propia copla, la que le pertenecía a él y a su tiempo. Lo hizo desde la amargura, el dolor, la impotencia, el desarraigo… pero también desde la ironía, la festividad, la intrascendencia, la imprevisibilidad y el desahogo cultural de un momento catárquico.

Aunque siempre se mantuvo íntegro ante un objetivo (actualizar y reivindicar la música popular), también es cierto que siempre experimentó en el ámbito de la poesía, de los sonidos y de los arreglos: todo ello para abrir la copla a la universalidad.

Federico García Lorca fue un poeta que influyó sobremanera en Carlos Cano y su disposición poética para la copla. Evidentemente, para él era el literato referente más cercano y les unía, sobre todo, Granada. Aunque la pasión del cantautor por el poeta debió ser innata, se oficializó en 1972, cuando la UNESCO organizó en París un homenaje mundial a Federico García Lorca. Fue esta una oportunidad de oro para Carlos Cano, en cuyo homenaje participó musicalizando “Casida de la muchacha dorada” y “Casida de las palomas oscuras”, que en 1998 registraría junto a las demás Gacelas y Casidas de Lorca en un disco titulado “Diván del Tamarit” (1998).

En una entrada anterior ya analizamos una de estas Gacelas, titulada “Gacela del amor imprevisto”, que en 2007 editó Mayte Martín con arreglos de Joan Albert Amargós.

El Gazal, Gazel o Gacela (escrito también ghazal o ghazel) es un género literario lírico propio de las literaturas árabe, persa, turca y urdú. En la literatura árabe se trata de un poema cuya etimología está emparentada con las ideas de piropo o cumplido. De la misma raíz deriva la forma tagazzul: componer poesías amorosas. Conceptualmente el gazal tiene estrecha relación con el nasib (o tasbib), prólogo amoroso que sirve de introducción junto con el rahil (descripción de un viaje por el desierto), al tema panegírico que caracteriza la composición poética llamada gasida (casida).

Federico García Lorca se basó en esta forma poética para escribir doce Gacelas y nueve Casidas, que enumeró respectivamente del I al XII y del I al IX, englobadas en un trabajo titulado “Diván del Tamarit” (1936) que escribió entre 1931 y 1935. El trabajo fue editado el mismo año del trágico fusilamiento del poeta de Granada a manos del levantamiento militar de la Guerra Civil Española.

En 1998 Carlos Cano recuperó y musicalizó todas ellas, 21 piezas en total entre Gacelas y Casidas en un doble cedé que tituló igual que el trabajo de Lorca: “Diván del Tamarit”. El resultado fue uno de los trabajos de mayor intensidad del cantautor, de terribles sonidos negros (que diría Lorca), en el que contó con los arreglos del músico habanero Leo Brower, la colaboración de la Orquesta Filarmónica de Londres o el Orfeón Donostiarra, también Paco Ibáñez, Santiago Auserón o Marina Rossel, e incluso la voz del torero sevillano Curro Romero en “Casida de la mano imposible”.

La copla de hoy es una pieza estructurada en unos tangos extremeños, decodificados, con arreglos sinfónicos a los que se suman metales e instrumentos de viento conjugados con la guitarra española de Paco Ibáñez.

Aunque Lorca siempre esté en perpetua lucha con la muerte (porque el arte nace para la muerte), me resulta absurdo que yo intente tratar la temática de esta Gacela, por miedo, por la terrible admiración que siento por su obra y porque deteniéndome a leerla me doy cuenta de la inmensidad, de la riqueza poética y evocadora, de las influencias universales que abarca esta “Gacela del niño muerto”, de su estructura para el sentido y su forma (que no es forma, si no tuétano de forma). Ante tal maravilla prefiero retirarme, pero no sin antes invitaros a leerla detenida y concentradamente, gozándola.

Publico el poema original de Federico García Lorca, que es la gacela número V, del que Carlos Cano cambió parcialmente la estructura y escogió la primera parte para convertirla en estribillo. Si este espacio tiene un compromiso, ese es reivindicar la figura y obra de Carlos Cano para la copla.

Todas las tardes en Granada,
todas las tardes muere un niño.
Todas las tardes el agua se sienta
a conversar con sus amigos.

Los muertos llevan alas de musgo.
El viento nublado y el viento limpio
son dos faisanes que vuelan por las torres
y el día es un muchacho herido.

No quedaba en el aire ni una brizna de alondra
cuando yo te encontré por la grutas del vino.
No quedaba en la tierra ni una miga de nube
cuando te amoragabas por el frío.

Un gigante de agua cayó sobre los montes
y el valle fue rodando con perros y con lirios.
Tu cuerpo, con la sombra violeta de mis manos,
era, muerto en la orilla, un arcángel de frío.


Web de Carlos Cano

5 jun 2010

Locura de mi querer


Intérprete: Martirio
Título: Locura de mi querer
Autor: M. Gordillo / A. Molina Molés
Disco: Acoplados
Año: 2004


“Martirio es un personaje especial que he creado con ayuda de mucha gente. Ella simboliza el futuro, la esperanza, un personaje abierto sin prejuicios, que busca y quiere comunicar, mientras vive por la pasión y el amor. Es un personaje que me permite sacar ese otro yo capaz de hacer cosas más fuertes que la simple Maribel Quiñones”

Martirio


Concluía una etapa pura para la copla. Sus autores, empezaban a hacerse mayores y daban los últimos coletazos en un panorama complejo. Una España recién salida de la dictatura de Franco se habría al mundo rechazando lo intrahistórico (que diría Unamuno), anhelando convertirse en el país más progre y moderno de una Europa que vivía a años luz por delante de nosotros. Comenzaba a ser la copla un género facha y casposo, ligado injustamente al franquismo (por coincidir en época con él, aunque no debemos olvidar que nació en la República, entre 1920 y 1930, antes de la Guerra Civil Española) y ligado también a un folclorismo de pandereta y volante, que no iban más allá del Viva la Virgen y el Olé.

Corrían los años 80. Carlos Cano ya había empezado a poner en píe su canción protesta con raíz en el pueblo. Rocío Jurado comenzaba a grabar sus primeros temas con Manuel Alejandro después de una etapa en la copla mecida entre la pureza y la innovación (1969-1976) que vistió con traje de noche, incluso de Balenciaga. Isabel Pantoja se mantenía reivindicativa con su pelo largo y sus batas de cola, grabando las últimas coplas que escribieron para ella Rafael de León y Juan Solano, impregnadas en tintes frescos y modernistas. O Bambino, que se atrevía a hacer una copla flamenca y nueva, evolucionada y revolucionaria, desde sus particulares facultades interpretativas.

No hay que olvidar que en los años 80 estallaba la Movida Madrileña y con ella una estética punck, rock, hippie, desde la que también tenemos que mirar el trabajo de la copla.

La cuestión es que en 1981 una joven María Isabel Quiñones comenzaba su carrera como cantante en el grupo Jarcha. Tras su paso por él y gracias al producto Martirio que idearon entre ella y Kiko Veneno, María Isabel Quiñones se convirtió en “Martirio”, una de las piezas fundamentales para entender la copla de transición en una España que pasaba, como bien dice la artista, del arado a internet a una velocidad vertiginosa. En la década de los 80 y 90, junto a Carlos Cano, fueron ambos quienes iniciaron la recuperación y reivindicación de un “tesoro popular” (dirá posteriormente Martirio) que había pasado a las arcas del olvido.

Su puesta en escena, característica, magnífica y digna de mención donde las haya, erizó las opiniones de muchas de sus compañeras de profesión. El personaje “Martirio” indagó en la mitología del género, en sus signos populares, y a través de su indumentaria, en un momento en el que la España progresista veía la copla como algo casposo y pretérito, parodió la vergonzante e irrisoria caricatura en la que la situación social y política -y muchos de sus propios compañeros de profesión-, habían convertido la copla (el lamentable dolor, los aspaviento asqueantes y exagerados, los garganteos gratuitos y sin justificación…).

De este modo Martirio salía a escena con una peineta de más de medio metro cuya silueta representaba la Giralda de Sevilla, otras en las que se apreciaban los rascacielos de Nueva York, o en sus trajes, lo mismo denunciaba a través de unos ladrillos dorados la especulación urbanística que imprimía un toro negro de Osborne sobre un traje rojo.

“Vestidos, peinetas, gafas, abanicos… dan pié, desde la estética, a un recorrido por el sentimiento, la memoria, la fantasía, la ternura, la ironía y el desahogo de una época puente que ha pasado del arado a internet en un vértigo de montaña rusa”

Maribel Quiñones / La vuelta a Martirio en 40 trajes

Sus gafas de sol (que dicen que ocultan unos ojos verdes preciosos), cortan radicalmente con los divismos de sus compañeras de época, y su música, en los años 80, “quería chillar que las mujeres tenían su sitio, su libertad, su economía”. Así una Martirio que retrataba la vida cotidiana de una mujer ama de casa y desesperada en una sociedad todavía machista, daba forma a piezas como “Sevillanas de los bloques” o “Estoy mala”.

Con el tiempo su música ha ido evolucionando. Las cadencias de su copla se sustentan en el jazz, la bossa, el rock, el swing, el rap o los sonidos árabes, buscando una unión entre lo hispano, lo anglosajón y lo latinoamericano.

La copla de hoy pertenece a un disco de clásicos que Martirio hizo junto al músico pianista Chano Dominguez titulado “Acoplados” (2004). En él revisa temas populares como “El agüita del querer”, “Torre de arena”, “Te lo juro yo”, “Me embrujaste”, “La bien pagá” u “Ojos verdes”. La artista onubense viste las piezas con arreglos jazzísticos, porque como el flamenco, el jazz es una música pura (dirá en alguna ocasión) y pone en pié magníficas versiones como “Compuesta y sin novio”, “Torre de arena”, “Locura de mi querer”, “Dicen” o “Nana vidalita de filigranas”.

Marifé de Triana estrenaba en un LP de cuatro piezas en 1958 “Locura mi querer”. Los temas de los primeros discos de la artista de Burguillos estaban compuestos por Manuel Gordillo, el músico Andrés Molina Molés, Pedro Llabrés o el Maestro Sarmiento. De la unión de algunos de estos nacieron éxitos como “Torre de arena”, “Antonio Romance”, “Frasquita romero”, “La emperaora”, “La ventolera”, “En una esquina cualquiera”, “La sombra vendo”, “Que me perdone Dios”, “Marquesita de la estrella”, “Lola alegrías”, “Clavá en mi amargura”, “Rejón de muerte”, y por supuesto “Locura de mi querer”. El propio Manuel Gordillo educó artísticamente a Marifé y escribió para ella muchos de sus éxitos en los inicios. El compositor dirigió sus primeros pasos y ella respondió otorgándole notoriedad como compositor desde la categoría que imprimió a sus piezas.

Martirio en “Acoplados” (2004) hace una magnífica versión imbuyéndola en los sonidos negros del jazz y el swing, diciéndola e interpretándola de manera magistral. Habrá que reconocerle entonces a Martirio haber abierto la copla a los sonidos del mundo y haber hecho la copla que pertenece a su tiempo.

Dicen que soy para los hombres tristeza y castigo
y aunque lo sabes tú quieres casarte conmigo.
Yo sólo puedo ofrecerte la vida que tengo
y un ansia de amores,
pero eres tú de esos hombres que buscan venero,
veneno en las flores.

Corazón… ¡Ay qué pena me das corazón!
No distingues al Rey del mendigo.
Si te entregas con firme pasión…
¿Dónde está la razón para que jueguen contigo?

Malas lenguas me dicen “La loca”
por esta locura que al verte me ciega.
Mal fin tenga la lengua cobarde
que me echa cristales y luego lo niega.

Son puñales de muerte mis celos
y tú una muralla de firme roca.
¡Ay, mi rosa en el suelo!
¡Ay, mi vida en tu boca!

Qué me importa que el mundo
por darme tormento me diga “La loca”.

Yo siempre fui presumiendo de haberte querido
y ahora eres tú quien separa tu nombre del mío.
Cuando tus labios de fuego en vez de besarme
quemaron mi boca,
los potros de mis sentidos se me desbocaron
volviéndome loca.

Corazón… fierecilla que un hombre mató.
¡Ya estás sólo con tu desventura!
No te extrañe que a este dolor,
al morirse de amor, se le llame locura.

Malas lenguas me dicen “La loca”
por esta locura que al verte me ciega.
Mal fin tenga la lengua cobarde
que me echa cristales y luego lo niega.

Son puñales de muerte mis celos
y tú una muralla de firme roca.
¡Ay, mi rosa en el suelo!
¡Ay, mi vida en tu boca!

Qué me importa que el mundo
por darme tormento me diga “La loca”.

Video de Martirio cantando “Locura de mi querer”

29 may 2010

Nana del caballo grande


Intérprete: Camarón de la Isla
Título: Nana del caballo grande
Letra: Federico García Lorca
Música: Ricardo Pachón
Disco: La leyenda del tiempo
Año: 1979

“Camarón de la Isla y de todas las islas adyacentes de la grandeza del cante, artista de cuerpo entero, creador supremo, eterno sector renovado de los palos históricos, símbolo de nuestro pueblo.”

Antonio Burgos

José Monge Cruz nació el 5 diciembre de 1950 en San Fernando, Cádiz. Tocado por la vara del duende, quiso el destino dotar al flamenco de su máximo exponente y permitir que el tiempo lo adjetivarse de genial, insuperable, creador o único. Tan insólita figura, que debió nacer del éxtasis en una lucha a muerte entre todos los Dioses, hubo de llamarse Camarón de la Isla, la leyenda del cante más terriblemente dotada de capacidad para traer a presencia los sonidos negros de los que hablaba Lorca en su “Teoría y juego del duende”, en una guerra continua con los cantes, con los palos, con los significantes de una época, con la tradición y la vanguardia de una España confusa, y sobre todo con la muerte, en una entrega absoluta y total.

“Camarón” porque debía parecerlo por delgadez, pelo rubio y piel blanca cuando era un chiquillo y “de la Isla”, porque la ciudad de San Fernando se haya ubicada en la Isla de León, y es conocida como “La Isla”.

La casa de los Monge fue siempre un lugar frecuentado por cantaores de la época, como Manolo Caracol o Antonio Mairena. La muerte de su padre a los siete años y los apuros económicos, llevaron al pequeño José a cantar en tabernas o en la estación de tranvías de San Fernando. En 1958, con tan sólo ocho años, empezó a cantar en la Venta de Vargas. Ya en 1962 ganó el primer premio del Concurso Flamenco del Festival de Montilla (Córdoba) y a partir de entonces cantó con Dolores Vargas, La Singla, hizo varias giras por Europa y América y se unió a la compañía de Juanito Valderrama. En 1966 ganó el primer premio en el Festival del Cante Jondo de Mairena de Alcor y posteriormente se trasladó a Madrid.

Durante doce años fue acompañado a la guitarra por Paco Cepero y participó en la película de Lola Flores “Casa Flora” (1973) como actor secundario, en la que interpretó una rumba que para él compusieran Rafael de León y Juan Solano, titulada “¡Sere… serenito!” y que en “Coplas del querer” (2009) versiona Miguel Poveda. En Torres Bermejas conoció al guitarrista Paco de Lucía, con quien grabó nueve discos entre 1969 y 1977. Uno de sus mayores éxitos conjuntos fueron los tangos extremeños titulados “Detrás del tuyo se va”.

En 1979 publica “La leyenda del tiempo”, un disco que supondría una auténtica revolución para el flamenco y que marcaría un antes y un después en su carrera y en la historia del cante. A esta nueva etapa le seguirían discos como “Como el agua” (1981), “Calle Real” (1983), “Viviré” (1984), “Te lo dice Camarón” (1986) y “Flamenco vivo” (1987). En 1989 publica “Soy gitano”, el disco más vendido de la historia del flamenco, en el que colaboró con Vicente Amigo. En 1992 editó su último trabajo: “Potro de rabia y miel”, cuya portada fue diseñada por un jovencísimo Miquel Barceló que ahora triunfa en más de medio mundo.

La copla de hoy pertenece al disco “La leyenda del tiempo” (1979). Muchas de las piezas piezas de este trabajo están creadas a partir de poemas de Federico García Lorca. Lorca ha sido siempre un poeta vinculado a lo popular y en consecuencia, a la copla. A su puño y letra debemos títulos como “Sevillanas del siglo XVIII”, “El zorongo”, “La Tarara”, “Los pelegrinitos”, “El café de Chinitas”, “Nana de Sevilla” o “Anda jaleo” (todas estas pertenecientes al disco que el poeta hizo al piano junto a La Argentinita y en el que se incluían 12 temas del granadino).

A lo largo del tiempo muchos han sido los artistas que han recurrido a García Lorca para poner en pié obras de inmensa hermosura, como Carlos Cano en “El diván del Tamarit” (1998) donde se incluyen sus Gacelas y Casidas, Carmen Linares (en 1997), Ana Belén (en 1998) o Diana Navarro (en 1999), que versionan las tres las piezas que Lorca compuso para La Argentinita en 1931, o coplas sueltas como Estrella Morente “Los cuatro muleros” (2001), Mayte Martín “Gacela del amor imprevisto” (2001) o Martirio “Soneto de la dulce queja” (2002), que Miguel Poveda titula “Romance de la dulce queja” (2008).

La copla de hoy es una hermosa nana titulada “Nada del caballo grande”. La nana ha sido un cante muy vinculado a la copla, desde “Nana vidalita” (Concha Piquer), “Nana del cabrerillo” (Miguel de Molina) o “Y sin embargo te quiero” (Juanita Reina), pasando por “Nana para el hijo que nos ha de nacer” (Rocío Jurado) o “Mi pequeño del alma” (Isabel Pantoja), hasta más contemporáneamete “Tan poquita cosa” (Pasión Vega), “Yerma” (Estrella Morente), “Cadencia inesperada” (Diego El Cigala), “Mi niña Tadea” (Diana Navarro) o “Nana de la cigüeña” (Miguel Poveda).

“La leyenda del tiempo” (1979) es uno de los discos más importantes y revolucionarios de la historia del flamenco, qué duda cabe. En él se incluyen sonoridades de jazz y de rock que fusionadas con los palos más ortodoxos, los versos tan bien bordados de Federico García Lorca y la voz de ascua de Camarón de la Isla, dan un resultado trascendental y sin dimensión. Esto es lo que sucede siempre cuando dos genios se unen: en este caso Lorca y Camarón. Cuentan que muchos gitanos, cuando compraron esta obra maestra, fueron a devolverla diciendo que no era flamenco. Afortunadamente, el tiempo y una España más abierta, han entendido la tremenda calidad de este trabajo, que es flamenco (el flamenco siempre es abierto, porque igual que el arte, nace en un momento de catarsis, de catástrofe, en el choque de la cultura occidental con la islámica, y en esa confrontación algo sin dimensión toma forma, toma cuerpo, y nace…), hecho para el tiempo al que perteneció y con algo atemporal que en tanto que lo cierra, lo abre a la eternidad.

Dedico esta entrada a todos los seguidores flamencos que visitan este escenario, porque quienes humildemente intentamos entenderlo, agradecemos cada día que la copla encontrase en él la mano amiga que la hizo crecer y encumbrarse con la zambra, la bulería, los tangos, la rumba, la seguidilla, los fandangos, la toná o las tarantas.

Hoy no voy a intentar siquiera explicar la letra de la pieza, porque no me cabe duda de que Lorca siempre será capaz de decir más que yo. Solamente añadir que
tras la muerte del genial cantaor, se harían diferentes arreglos para esta copla. En el escenario publico la primera, la original, editada en “La leyenda del tiempo” (1979), así como el poema original de Federico García Lorca, que Ricardo Pachón musicalizó y que se viste con arreglos étnicos mediante sonidos de un sitar hindú tocado por Gualberto García Pérez.

Nana, niño, nana
del caballo grande
que no quiso el agua.

El agua era negra
dentro de las ramas.
Cuando llega al puente
se detiene y canta.

¿Quién dirá, mi niño,
lo que tiene el agua
con su larga cola
por su verde sala?

Duérmete, clavel,
que el caballo no quiere beber.
Duérmete, rosal,
que el caballo se pone a llorar.


Web de Camarón de la Isla
Video de Camarón de la Isla cantando “Nana del Caballo grande”

24 may 2010

1 año y más de 20.000 visitas!


Yo meditaba absorto, devanando
los hilos del hastío y la tristeza,
cuando llegó a mi oído,
por la ventana de mi estancia, abierta
a una caliente noche de verano,
el plañir de una copla soñolienta,
quebrada por los trémolos sombríos
de las músicas magas de mi tierra.

Antonio Machado / Cante hondo (fragmento)

Nunca pensé que la sabia verde de la copla pudiese abrir sus brazos para abarcar la inmensidad del universo y desde el otro lado de la banda ancha, pudiera llegar hasta ti para hacerte sentir lo que me duele de esta música, que en algún momento partió de la víscera de los dioses más paliados y se adentró en nuestra sangre como una rosa de nieve.

En este año que ha transcurrido, de esperanzas (y asperezas), desde que decidí embarcarme en esta locura por la rabia que me supuso darme cuenta de que lo que se entendía por este género no era copla, si no su caricatura, he aprendido que detrás de los clichés, existe un género protestante, reivindicativo, revolucionario, retrato de la sociedad de un tiempo, sensible al pueblo, que levantado por las voces que bebieron de las mieles de los mejores poetas de la Generación del 27, esquivó los más gruesos muros del franquismo y la censura.

Contribuyó así la copla a la cura interna de una mujer sufridora, presa en una España machista y retrógrada, convirtiéndola en la verdadera y única protagonista, heroína, de este género (“María de la O / qué desgraciaíta gitana tú eres teniéndolo tó”, “Bien pagá / si tu eres la bien pagá”). Una mujer que en esta España de hoy ha dado paso a un hombre nuevo, sin prejuicios, que retrata la copla desde la máxima sensibilidad, adueñándose de sentimientos que antes sólo parecían florecer en las almas femeninas.

Con desesperación buscaba dueño
y soñaba la cárcel de unos brazos.
Pero me despertaba de mi sueño
con el alma sin voz hecha pedazos.

Miguel Poveda / Coplas del querer / En el último minuto (2009)

También es natural encontrar hoy a una artista de la vanguardia del género cantándole una copla a otra mujer.

Me ha dicho la luna que una vez te vieron,
ibas de las mano de otro caballero.
Condenada luna, seguro mentía.
¡Tú sólo eres mía!

Buika / Niña de fuego / Árboles de agua (2008)


Si bien la copla ha pasado a ser un género grande, que como la zarzuela o la ópera, el blues o el jazz, hay que mantener vigente, también es cierto que entiende de las contingencias de su tiempo y como ningún otro se impregna y absorbe los significantes de la época en la que se desarrolla. Podemos afirmar sin miedo entonces, que de no ser así, la copla dejaría de ser copla. “Ojos verdes” (1931) tenía sentido en la España de la República, donde era lícito que una prostituta se sentase “apoyá en el quicio de La Mancebía”, “El emigrante” (1950) en plena emigración de un país devastado por la Guerra Civil o “Embrujá por tu querer” (1975) en una España nueva que con la democracia se abría a los sonidos de una Europa culturalmente adelantada.

Las programaciones, los sonidos de fusión, jazzísticos, arábigo andaluces… han entrado de lleno en un género que parece vivir un momento de esplendor. Si Pasión Vega se decide en la “La Reina del Pay-Pay” a poner en pié la memoria de aquellos hombres que ejercían el travestismo durante los años de la Guerra Civil, Miguel Poveda, en catalán, le grita a Franco: “Te merecías, hipócrita, un muro en otro coto / Tu dictadura, tu puta vida de asesino / ¡Qué incendio de sangre!”. No me olvido tampoco de mi admirada Clara Montes, que sigue la estela infinita de la sombra alargada de Carlos Cano y que me encoge el pecho cuando junto a Arcángel retrata “La estrella”. O mi querida Diana Navarro, que en este siglo de los trastornos de la mente nos abduce con su copla trascendental, ungüento bendito para la heridas del alma, meciéndonos en el prodigio de su voz que es pan divino impregnado en la sangre popular y que pone en pié las almas de los ausentes con su eterna “Sola”.

Si bien no me olvido de cada uno de nuestros admirados artistas defensores de este género -entre ellos especialmente Carlos Cano y Martirio-, tampoco quiero obviar a cada uno de los que anónimamente han luchado y luchan por su vigencia, quizá desde un estatus más humilde, pero con la misma intensidad que quienes están en primera fila, poniendo en valor el legado de nuestra música popular.

En este año de aciertos y de errores, hemos entendido porqué Sabina debe entenderse dentro del género de la copla y porqué son inválidos los estereotipos en el ornamento. Pasión Vega olvidó intencionadamente la peina y la bata de cola para retratar la copla meciéndola y diciéndola, y la guineana Buika sale desnuda en la portada del disco “Niña de fuego” (2008). Algo similar sucede cuando Clara Montes -que lleva en su sangre la sangre de Rafael de León- se muestra sobria en la portada de “A manos llenas” (2009) con una chaqueta dorada ceñida de bordados negros y el pelo suelto, Miguel Poveda viste sus “Coplas del querer” (2009) de Hugo Boss y Armad Basi o Diana Navarro reinventa todos esos símbolos en su vestuario de la mano de Carlos Cobos, Ion Fiz o Melisa Lozano, conjugando un montón con un pantalón vaquero o constituyendo nuevas prendas para la copla.

Me falta velocidad en la escritura e intensidad en las palabras para tantas cosas que me gustarías citar, que zumban en mi cabeza de un sitio para otro y que con todo el dolor de mi corazón se desvanecen. Mi gratitud infinita y sincera a todos los que día a día pasáis por este escenario a disfrutar, a descubrir, a investigar, a compartir y dejáis parte de vuestra vida -y vuestros ojos- en él. Una vez más, gracias a quienes amáis la copla desde el corazón y sin prejuicios, porque es la forma más hermosa que puede existir de amar. Os entiendo, porque cuando alguien queda enganchado por una copla, queda enganchado para toda la vida y sin opción de retorno. Y cuando eso sucede, entiendes que la copla nunca podrá morir. Jamás. Porque cuando suena, hay algo del origen que nos convoca, que nos atraviesa como ninguna otra expresión del arte y nos pone en pié algo de lo interno (posiblemente no sepa expresarme, pero sé que me entendéis).

“Mientras exista una madre que de a luz, la copla no va a morir”

Isabel Pantoja / Sinfonía de la copla (2005)


Hay un verso, que condenado a la eternidad por enredarse en los trinos de Gracia Montes, cuando en 1992 la copla transcurría por una de sus etapas más difíciles, decía dolorosamente:

Conmigo va a todas partes,
la llevo siempre a mi lado,
se lo mandó un día la vida
que fuera huella en mis pasos.

La copla sigue adelante, no se detiene,
es un gigante la copla.
Es el aire que respiro,
es el barco que navega,
por mi sangre y mis sentidos.

La copla sigue adelante, no se detiene,
nadie le vence a la copla.
Es el agua de mi surco,
es el faro de mis mares,
la llevo en lo más profundo.

Gracia Montes / A rienda suelta / La copla sigue adelante (1992)


O Marifé de Triana que en 1989 se proclamaba “Vendedora de coplas”, y que junto a Merche Cuadrado en “La copla no morirá” o a Patricia Vela en “La copla en mi voz” luchaban por retener este género para nuestro tiempo.

Son tantas las coplas y artistas que me gustaría publicar en este blog para haceros disfrutar, que mi lista de espera está llena de futuro. Aunque el tiempo y algunas contingencias personales no me permitan actualizar el escenario todo lo que me gustaría, no os quepa la menor duda de que cada día seguiré investigando al respecto de la nueva copla. Sólo necesito tiempo, constancia, y que sigáis estando al otro lado de la pantalla.

Hoy hace un año que empecé esta aventura. Doce meses después, 65 entradas y más de 20.000 visitas son el fruto de tanto trabajo. Me siento feliz por todo lo experimentado y por haberos conocido. Si el esfuerzo ha supuesto un triunfo (al menos en lo personal así ha sido), solamente puedo debéroslo a vosotros. Celebraré este primer cumpleaños asistiendo esta noche al espectaculo "Coplas del querer" de Miguel Poveda.

Permitidme terminar con unos versos que Rafael de León escribiera para una jovencísima Rocío Jurado en 1969 y que los maestros Gordillo y Quintero musicalizaron para la cantante de Chipiona que ya en los 70 vestía la copla de Balenciaga y revolucionó como nadie magistralmente todo el género. Quizá estos versos, detengan y expulsen algo de lo que yo siento por esta música, que vendrá conmigo hasta la muerte y posiblemente la transgreda.

Se me nota en el semblante
que tengo pena ¡Válgame Dios!
que te quiero más que antes
aunque yo diga que no.

Por este cariño ciego,
sangre de mi sangre de las carnes mías,
al padre eterno le ruego
que me libre pronto de esta agonía.

Al padrecito que esta arriba yo le ruego,
que me libre pronto de esta perra vida.

Rocío Jurado / Tientos del cariño (1969)

Un abrazo desde el cariño y mi gratitud sincera a todos. Para cualquier cosa que necesitéis, aquí estaré. Os quiere (con todo su cerebro) "limosnadeamores".

16 may 2010

Romance de Curro El Palmo


Intérprete: Joan Manuel Serrat
Título: Romance de Curro El Palmo
Autor: Joan Manuel Serrat
Disco: Canción infantil
Año: 1974



“Creo que hago copla a mi manera”

Joan Manuel Serrat


Nació en Barcelona el 27 de diciembre de 1943. Cantautor, intérprete, poeta o músico, podrían ser calificativos con los que definir a Serrat. Reivindicativo por convicción y principios y comprometido con la realidad política, social y cultural española de un momento concreto, Joan Manuel Serrat, es uno de los cantautores más prolíficos de la última mitad del siglo XX.

Su obra, polémica por comprometida, se impregna de referencias poéticas de habla hispana como las de Mario Benedetti, Antonio Machado, Miguel Hernández, Rafael Alberti, Pablo Neruda, Federico García Lorca o León Felipe. Sin embargo, el compromiso con la cultura catalana, lo llevó desde los inicios a formar parte de lo que se dio a llamar nueva cançó catalana, teniendo como referencia la música francesa, a autores como Jacques Brel, Georges Brassens o Leó Ferré y a defender el catalán como lengua original durante la dictadura de Franco.

En 1968, Serrat, que se presentaba al Festival de Eurovisión con la canción “La, la, la”, tras varias presiones por parte de algunos miembros de nova cançó, se negó a ir al Festival si no era cantando la versión catalana de esta; un modo de reivindicar su catalanismo y de recuperar un público catalán que parecía estaba perdiendo. El pago por este hecho fue un prolongado veto en la televisión y radio nacional. Finalmente la canción fue interpretada por Massiel, quien ganó aquella edición de Eurovisión con un inolvidable “La, la, la”.

A principios de los 70 cantaría versos de Antonio Machado (“Dedicado a Antonio Machado poeta”, 1969) o Miguel Hernández (“Miguel Hernández”, 1972). Ganaría el Festival de Río de Janeiro con la canción-copla, compuesta en colaboración con Augusto Algueró, “Penélope”.

En 1975 se exilió a Méjico debido a una orden de búsqueda y captura que se emitió contra él por condenar en rueda de prensa el régimen franquista y sus medidas represivas. Sus trabajos discográficos fueron retirados del mercado. En 1976 Manuel Alejandro escribió la copla-pasodoble “Ahí te mando mi guitarra”, dedicada al exilio de Joan Manuel Serrat y que ese mismo año grabaría Blanca Villa para presentarla a Festival de Benidorm. La copla, de la cual ya tratamos en este escenario, quedó descalificada por considerarla una canción “con tintes políticos”.

El vínculo de Serrat con la copla nace en su infancia. Contaba el catalán que escuchaba a Miguel de Molina y Concha Piquer a través de la radio o en boca de su madre. Confesaba que una de sus coplas favoritas era “Cría cuervos”, que en 1947 grabó Concha Piquer. Rescato por oportuno el fragmento de una entrevista en la que Serrat habla de su vínculo con este género:

Siempre ha mostrado su debilidad por la copla. ¿Nunca se ha planteado hacer un disco en esa línea?

Tengo debilidad por la copla porque forma parte de mi más primitiva y entrañable vocación musical. La copla estaba en la radio y en mi casa. Si Miguel de Molina o Angelillo no estaban en la radio, estaban en boca de mi madre. La copla estaba en mi calle, a la orilla del Paralelo, donde se encontraban la práctica totalidad de los teatros de la ciudad. Ese mundo era muy cercano para mí... Había muchas razones por las que la copla llegó a mí. La quise y la canté desde muy pequeño. Y en mi vida de escribidor de canciones también aparece una manera de entenderla.

Me refería a sacar un disco, ya sea con versiones de canciones de otros autores o con canciones propias.

Creo que las he hecho. Se me ocurre ahora que, por ejemplo, Romance de Curro el Palmo es una copla. Pueblo Blanco, de alguna forma, también. Lo que ocurre es que, de la misma forma que nadie cataloga a Sting como cantautor, tampoco muchas canciones mías que podían estar muy cerca de la copla son consideradas como tal. Pero si tratara de hacer un disco de copla en el sentido más tradicional, sería una regresión que se apoyaría en tópicos. Hago copla haciendo las canciones que hago y si pretendiera hacer otra cosa, únicamente sería una caricatura de la copla.”


Es evidente el intenso perfume a copla que respiran muchos de los temas de Serrat, tanto en la melodía, como en la forma de interpretar, en la estructura, en la expresión o en el desarrollo de algunas de sus historias. “Romance de Curro El Palmo”, “Penélope” o “Pueblo blanco”, podrían ser ejemplos destacados de ello. Sucede así porque Serrat engancha de manera intensa con lo popular y el peso literario, narrativo, de sus canciones, es característico de la copla clásica: inicio, nudo y desenlace, así como el tema, popular, lo que él llamaría “las pequeñas cosas de la vida”.

Ha colaborado y compartido escenario con artistas tanto del mundo flamenco como de la copla. Ha llegado a cantar con Camarón de la Isla (“La saeta”), Paco de Lucía (“Utopía” en 1992 y “Mediterráneo” en directo), Juanito Valderrama (“Pena mora”), Rocío Jurado (“Himno de Andalucía”), en el homenaje a Lola Flores (“Ay pena, penita”), con Carlos Cano en un dúo póstumo (“Antonio Vargas Heredia”), a Bambino, y en solitario coplas como “No me quieras tanto” o “La niña de Puerta Oscura”. También ha contado en su discografía con la colaboración de la voz flamenca de Ginesa Ortega en el tema “Los macarras” de la moral que incluyó en su disco “Sombras de la China” (1998) o en su último trabajo, en el que vuelve a musicalizar versos de Miguel Hernández en el centenario del nacimiento del poeta, “Hijo de la luz y de la sombra” (2010) un tema en colaboración con el cantaor Miguel Poveda titulado “Dale que dale”, basado en el verso “El silbo del dale”.

En 1974 se editaba esta magnífica copla en un disco titulado “Canción infantil”. Su epopeya literaria no resulta excesiva cuando se entiende necesaria para el desarrollo del argumento. La pieza, que se inicia con una introducción-marcha que nos recuerda a los grandes clásicos, cuenta la historia entre Merceditas y un personaje popular llamado El Palmo (por ser palmero de los tablaos flamencos). Curro El Palmo sufre de amor por Merceditas y deja clara evidencia de ello en algunos versos que dicen: “Ay mi amor / que me desvela la verdad / entre tú y yo la soledad / y un manojillo de escarcha”. Curro acaba intentando olvidarla dándose a la bebida, pero el final es trágico. El Palmo muere tras saber que Merceditas se va con otro y Serrat nos lo cuenta: “Quizá fue la pena / o falta de hierro / el caso es que un día / nos tocó ir de entierro”.

En la copla se hace referencia al literato Marcial Lafuente (1903-1984), popular por sus novelas del Oeste, y se utilizan expresiones populares tales como “se pegó el piro”, “montó este invento” o “nones”. La ironía no falta en Serrat en este romance cuando El Palmo se refiere a Merceditas como “una cepa enana”, “mal bicho” o al amante de ella lo retrata como un “curapupas”.

Buenas versiones de esta copla las han realizado Antonio Vega (en el disco colectivo “Serrat eres único” 1995), Pasión Vega (“Un toque de distinción” 1996, por la que la jovencísima artista en su primer disco recibió la felicitación telefónica de Serrat) o Clara Montes (“Uniendo puertos” 2004). También la versionan en directo Juan Valderrama y nuestro amigo Javier Subires.

Me siento feliz de haber publicado esta copla en nuestro escenario. Cuando una pieza empieza hablando de la muerte, que es para lo que nace el arte (la vida y la muerte / bordada en la boca), algo se pone en pié para el reposicionamiento de un individuo que atraviesa y merece la pena detenerse a sentir.

La vida y la muerte bordada en la boca
tenía Merceditas la del guardarropa.
La del guardarropa del tablao del Lacio,
un gitano falso, ex-bufón de Palacio.

Alcahuete noble que al oír los tiros
recogió sus capas y se pegó el piro.
Se acabó el jaleo y el racionamiento,
se llenó el bolsillo y montó este invento,
en donde El Palmo lloró cantando.

Ay mi amor, sin ti no entiendo el despertar.
Ay mi amor, sin ti mi cama es ancha.
Ay mi amor, que me desvela la verdad.
Entre tú y yo, la soledad y un manojillo de escarcha.

Mil veces le pide y mil veces que nones
de compartir sueños, cama y macarrones.
Le dice: Burlona carita gitana... ,
¿Cómo hacer buen vino de una cepa enana?

Y Curro se muerde los labios y calla,
pues no hizo la mili por no dar la talla.
Y quien calla, otorga, como dice el dicho,
y Curro se muere por ese mal bicho.
¡Ay! Quién fuese abrigo pa’ andar contigo...

Ay mi amor, sin ti no entiendo el despertar.
Ay mi amor, sin ti mi cama es ancha.
Ay mi amor, que me desvela la verdad,
entre tú y yo, la soledad y un manojillo de escarcha.

Buscando el olvido se dio a la bebida,
al mus, las quinielas... y en horas perdidas
se leyó enterito a Don Marcial Lafuente,
por no ir tras su paso como un penitente.

Y una noche, mientras palmeaba farrucas,
se escapó Mercedes con un curapupas
de clínica propia y Rolls de contrabando,
y entre palma y palma Curro fue palmando,
entre cantares, por soleares...

Ay mi amor, sin ti no entiendo el despertar.
Ay mi amor, sin ti mi cama es ancha.
Ay mi amor, que me desvela la verdad.
Entre tú y yo, la soledad y un manojillo de escarcha.

Quizá fue la pena o falta de hierro,
el caso es que un día nos tocó ir de entierro.
Pésames y flores y una lagrimita
que dejó ir la Patro al cerrar la cajita.

A mano derecha según se va al cielo,
veréis un tablao que montó Frascuelo,
en donde cada noche pa' las buenas almas
el Currito El Palmo sigue dando palmas
y canta sus males por celestiales...

Ay mi amor, sin ti no entiendo el despertar.
Ay mi amor, sin ti mi cama es ancha.
Ay mi amor que me desvela la verdad.
Entre tú y yo, la soledad y un manojillo de escarcha.

Web de Joan Manuel Serrat
Video de Joan Manuel Serrat cantando "Romance de Curro El Palmo"


1 may 2010

Paco, Paco, Paco


Intérprete: Encarnita Polo
Título: Paco, Paco, Paco
Letra: Quintero / León / Quiroga
(adaptación: Augusto Algueró)
Disco: Paco, Paco, Paco
Año: 1969

Si bien en este espacio analizamos una etapa compleja de la copla, comprendida entre el final de la dictadura (1975) y la actualidad (2010), hoy creo enriquecedor recuperar una pieza de 1969.

Sorprende saber que estos versos estén compuestos por Rafael de León, pero pronto te das cuenta de que los cabos parecen cuadrar, empieza a tomar sentido una copla tan extraña como simpática y entiendes hasta qué punto llega la habilidad de los poetas de nuestro género para trasgredir las censuras del Régimen franquista.

A principios de los 60, llegando la dictadura de Franco a su etapa final, la copla empezaba a ser injustamente ligada a una ideología nacionalista, facha, que parecía comulgar con un Régimen político con el que nunca había tenido ningún vínculo ideológico. Si bien es cierto que en alguna ocasión el Régimen aprovechó el género para hacer ciertas coplas españolistas, propagandísticas, también hay que reseñar que la copla nació entre 1920 y 1930, en el periodo de la República. Es cierto además, que cada 18 de julio, Francisco Franco y Carmen Polo, invitaban a una fiesta organizada en el Palacio de La Granja en Segovia a Juanita Reina (la preferida de ambos), Juanito Valderrama (el único artista al que Franco pidió un bis de “El emigrante”, fijaros qué ironía, con media España emigrando a toda Europa…) o Marifé de Triana, de quién trascribo algunas declaraciones:

“El Régimen no nos utilizó nunca. Eso no es verdad. Yo fui dos veces nada más el 18 de julio a La Granja y en ningún momento me he sentido manipulada. Sí que me pareció muy mal que un día nos registraran un coche oficial que además ellos mandaban a recogernos. Me pareció muy feo, porque…, qué iba a llevar yo metido en las maletas que no fuera un traje para cantar y para trabajar.”

Marifé de Triana

Por otro lado, Concha Piquer pasaba por ser la cara del Régimen. Representaba los valores que Franco quería trasmitir a la población: orden y moralidad. En alguna ocasión declaró su apoyo al dictador (algo que tanto dañó, injustamente, la imagen de la copla). Sin embargo, la intachable valenciana, no fue nada condescendiente con el General. En una ocasión coincidieron ambos en una cacería y El Caudillo la requirió para que le cantase en privado tras la merienda. Las palabras de Concha Piquer al mensajero fueron las siguientes: “Dígale a su Excelencia que si él ya ha merendado. La Piquer va a hacerlo ahora mismo”. Comprendiendo siempre la profesionalidad, la ética y el a veces pedante humor irónico de Concha Piquer, rechazó todas las medallas habidas y por haber, incluso la de Isabel la Católica, que no debió sentar demasiado bien al dictador.

Pero volviendo al tema que nos ocupa, después de situarnos en el contexto político y haciendo como siempre un breve análisis de las contingencias que rodeaban a nuestros defendidos defensores, los poetas y músicos que trabajaban para la copla, tampoco pasaban por su mejor momento. Rafael de León, que venía de escribir la interminable lista de éxitos que junto a los músicos Antonio Quintero y Manuel López-Quiroga fue capaz de poner en pié (unas 8.000 coplas, de tal calidad e intensidad, que ya se han convertido en piezas eternas del repertorio clásico: “María de la O”, “Francisco alegre”, “Ojos verdes”, “Y sin embargo te quiero”, “Me embrujaste”, “La niña de fuego”, “La Salvaora”, “Ay, Maricruz”… y un largo etcétera que por fascinante y sentido asombra), mientras estaba inmerso en su nueva etapa con el músico extremeño Juan Solano (con el que seguía evolucionando la copla y escribiendo a destajo cada día en su casa de Sevilla para artistas como Marifé de Triana y Rocío Jurado, pero sobre todo en sus años finales para Isabel Pantoja), también tuvo que dedicarse a componer para otros artistas españoles que investigaban otros caminos. Rocío Dúrcal estrenaba un asombroso “Mi amigo”, que en 1969 registraría y haría eterno Rocío Jurado en su primer disco y Nino Bravo convertiría en paradigma de esta situación la canción “Te quiero, te quiero” que Rafael de León escribiera para él.

En estos años, de adaptación, de evolución, de catarsis cultural, de conflictos políticos, aparecía una joven Encarnita Polo que junto a Carmen Sevilla, Conchita Bautista o Pepa Flores (Marisol), formarían una nueva generación de artistas de copla que impregnarían su música de sonidos pop sin prejuicios ni miedos; lo que algunos han creído conveniente denominar copla-pop o copla-yeyé.

El culpable de esta fortuita ramificación fue el músico Augusto Algueró, que musicalizó muchos de los versos de Rafael de León y vistió las coplas con arreglos pop, liberando al género de arquetipos y clichés. Este "Paco, Paco, Paco" de Encarnita Polo, con sonidos tan eurovisivos en una España al borde de la democracia, es una versión de la pieza "Coplas de los siete niños" que grabó Concha Piquer en 1943 y versionó más tarde Marifé de Triana en 1962. Existe una actuación de Marifé de Triana y Encarnita Polo cantando un fragmento de estas "Coplas de los siente niños" o "Paco, Paco, Paco".

Encarnita Polo, que nació en Sevilla en 1939, comenzó su carrera en el 63 con una identidad musical que se balanceaba entre la música italiana, el flamenco-pop, la copla desprejuiciada y todas las influencias que podían venir de una Europa sustancialmente liberada, pero con la vigencia de una irreprochable raíz andaluza. En un EP de 1969 titulado “Paco, Paco, Paco”, se incluye la copla de hoy. A continuación rescato el verso original a partir del cual se crearía la pieza:

Van siete niños camino de Sevilla,
con uno de los siete va mi cariño.

Que son ladrones y roban como nadie los corazones.

Ya vienen por el llano los migueletes
pero son poca cosa para los siete.

Qué valentía la de los siete niños de Andalucía.

Suspira el viento por Écija la llana
tocando las campanas de los conventos.

Siete alazanes y siete capas negras de capitanes.

Rafael de León

Conociendo a Rafael de León, que era capaz de cuajarnos la sangre con la copla más sentida y a la vez tirar por ironías sin que existiera quien le ganase (“Soltera yo no me quedo”, “Compuesta y sin novio”, “Las gitanas infantas”… ), me cabe la duda de si el poeta sevillano dedicó estos versos a la situación de Andalucía y las Comunidades en un momento determinado de la dictadura y en consecuencia al General Franco (Paco, Paco, Paco….). No sería descabellado pensar que los “siete niños” son siete de las ocho Comunidades Autónomas de Andalucía (Almería, Cádiz, Córdoba, Granada, Huelva, Jaén y Málaga), mas Sevilla, que es la ciudad natal de Rafael de León y a la que nombra diciendo que van a parar los “siete niños” (“van siete niños camino de Sevilla”). Pero… ¿Quiénes son “los migueletes”?

“Los migueletes eran los miembros de la milicia de carácter mercenario o voluntario, reclutada por las diputaciones y las juntas de la Corona de Aragón, para acciones especiales o como refuerzo de las fuerzas regulares. El miguelete, como tal, es el nombre que recibía un mercenario catalán durante la Guerra dels segadors, el conflicto armado que enfrentó a la Generalidad de Cataluña con el rey Felipe IV durante el conflictivo programa centralizador iniciado por el Conde-Duque de Olivares (la Unión de Armas). De aquí procede la denominación de migueletes para referirse al cuerpo armado que, paradójicamente, sobrevivió a esta guerra y se popularizó al Principado de Cataluña entre los siglos XVII-XIX”

Por lo tanto, y sorprendentemente, “los migueletes” a los que hace referencia Rafael de León (aunque durante el periodo franquista ya no existieran como tal), son las fuerzas del Gobierno de Franco, que en esta copla parecen impedir la llegada de las demás comunidades autónomas a Sevilla: capital de Andalucía. De ser todo esto cierto, podemos dar cuenta de la astucia y de la audacia que nuestros poetas tuvieron para esquivar las censuras de “los curitas” (así llamaban a los censores).

En 2009 “Paco, Paco, Paco” volvió a ponerse en auge gracias a un usuario de youtube que la utilizó como banda sonora del videoclip de Beyoncé titulado "Single ladies (Put a ring on it)", llegando a las casi tres millones de reproducciones. Además, el tema fue relanzado y se ubicó en el puesto número 4 del Top Musical en España en abril de 2009. La recuperada fama de la canción resultó también en diversas parodias de programas televisivos. Johnny Demoni también hizo una versión del tema, aunque de dudoso interés. La pieza, con arreglos pop o de flamenco-pop, se sostiene en una estructura de sevillana que Augusto Algueró supo bien llevar a otro terreno.

Dedico esta entrada a mis amigos, a mis compañeros de universidad y de tantos momentos de la vida, que el otro día me sorprendían cantando este “Paco, Paco, Paco”. Aunque les resulte extraño entender mi amor por este género, siempre tratan mi debilidad con el mayor de los afectos. Espero que en el viaje a Cáceres que haremos juntos en los próximos días no nos olvidemos de cantarla. Va por Lolo, Iván, Luís, Andoni, Jon, Pimo, Lúa, Raquel, Vero, Amaia y Leire. ¡Qué pena que ninguno de vosotros se llame Francisco!

Paco, Paco, Paco, que mi Paco…

Van siete niños, Paco, Paco, Paco, van siete niños,
van siete niños camino de Sevilla, Paco,
camino de Sevilla, Paco,
camino de Sevilla, Paco, Paco, Paco, van siete niños.

Van siete niños, con uno de los siete, Paco,
con uno de los siete, Paco,
con uno de los siete, Paco, Paco, Paco, va mi cariño.

Que son ladrones y roban como nadie, Paco,
y roban como nadie, Paco,
y roban como nadie, Paco, Paco, Paco, los corazones.

Ya vienen por el llano los migueletes,
los migueletes, ya vienen por el llano,
ven acá primo y siéntate aquí,
ya vienen por el llano los migueletes.

Los migueletes, pero son poca cosa,
ven acá primo y siéntate aquí,
pero son poca cosa para los siete.

Que valentía la de los siete niños,
ven acá primo y siéntate aquí,
la de los siete niños de Andalucía.

Suspira el viento por Écija la llana, Paco,
por Écija la llana, Paco,
por Écija la llana, Paco, Paco, Paco, suspira el viento.

Suspira el viento, tocando las campanas, Paco,
tocando las campanas, Paco,
tocando las campanas, Paco, Paco, Paco, de los conventos.

Siete alazanes y siete capas negras, Paco,
y siete capas negras, Paco,
y siete capas negras, Paco, Paco, Paco, de capitanes.


Web de Encarnita Polo
Video de Encarnita Polo cantando “Paco, Paco, Paco”

25 abr 2010

Tiene que tiene


Intérprete: Clara Montes
Título: Tiene que tiene
Autor: Clara Montes
Disco: Uniendo puertos
Año: 2004

“Es una cantante de copla y canción de voz clara y diáfana, de origen gaditano”

Manuel Francisco Reina

Nació en Madrid el 31 de diciembre de 1968, aunque predica a los cuatro vientos su condición gaditana. Clara Montes es la artista vigente más arraigada a la forma de Carlos Cano. La escuela del granadino le sirvió para aprender que la copla es un género abierto y vigente, en continua evolución e impregnado de las contingencias del tiempo en el que se efectúa.

La relación entre Cano y Montes, comenzó cuando el artista de Granada grabó el disco “Diván del Tamarit” (1998); nueve gacelas y doce casidas de inspiración andalusí escritas por Federico García Lorca, que musicalizó dotando a los versos de vestidos sinfónicos y constituyendo así uno de sus trabajos de mayor intensidad.

Al cantautor andaluz, con el que compartió afecto y escenario en muchas ocasiones, y que apostó decididamente por la carrera de una joven Clara Montes, le homenajearía un año después de su muerte en el disco “Carlos Cano. Que naveguen los sueños” (2001), haciendo una escalofriante versión a dúo, póstumo, de “Tango de las madres locas”. Años más tarde también participaría en el homenaje que Cuba a través del Teatro Nacional de La Habana le rendiría a Carlos Cano, compartiendo escenario con Pablo Milanés y Javier Ruibal.

Clara Montes decidió con elocuencia hacer una copla sencilla, alejada de clichés. Autora de muchas de sus piezas, apasionada de la poesía y el flamenco, bordea la pura canción española e impregna su música de sonidos externos.

La copla de hoy es una nana que la madrileña quiso dedicar a su hijo, incluida en el disco “Uniendo puertos” (2004). En él se encuentran también coplas como “La mirada violeta”; tema principal de la banda sonora de la película homónima protagonizada por Cayetana Guillen Cuervo, una versión extraordinaria del fado “Extraña forma de vida” o el clásico de Joan Manuel Serrat “Romance de Curro el Palmo”. A las composiciones de la cantante, se suma también “De carne y verso”, una letra del poeta y escritor vinculado a la copla Manuel Francisco Reina.

La nana de hoy se mece entre el fado portugués y la música italiana, pasando por la esencia de lo andaluz sostenida en una estructura de bulería y sonidos árabes. Clara Montes utiliza palabras de origen popular y diminutivos: chiquetito, toíta, arrebujaíta o guardaíta… que dan a la pieza un cariz de ternura. La ráfaga de salitres y olor a mar parecen adueñarse de los sentidos al escuchar esta copla, que cualquier madre, podría entender como suya.

Mi niño tiene, tiene que tiene,
el color de la buganvilla,
que asoma por la ventana
y nos da los buenos días.

Mi niño tiene, tiene que tiene,
los ojitos del mar de invierno,
tan chiquetito, tan pequeñito,
cómo me tiene…

Mi niño duerme, nanita nana,
ea la ea, ya llega el alba,
canta que canta, nanita nana,
ea la ea…

Mi niño tiene, tiene que tiene,
a su padre en vela toíta la noche.
Que no le falte, pá que no tenga
ningún mal sueño que lo acalore.

Mi niño tiene, tiene que tiene,
arrebujaíta con los besitos,
bien guardaíta, entre los puñitos,
mi alma escondida.

Mi niño duerme, nanita nana,
ea la ea, ya llega el alba,
canta que canta, nanita nana,
ea la ea…

Web de Clara Montes

17 abr 2010

Coplas de la violeta


Intérprete: Carlos Cano
Título: Coplas de la violeta
Autores: Antonio Mata / Carlos Cano
Disco: Quédate con la copla
Año: 1987



”Me pongo mirando al Caribe, cierro los ojos y empiezo a notar cómo me laten los pulsos del corazón, cómo recuerdo el pasado que no he vivido... Y oigo las habaneras, los boleros, las canciones de Violeta Parra, que fue mi maestra.”

Carlos Cano

Carlos Cano es a la etapa de la copla que analizamos, lo que Neptuno a la mar o Miguel de Cervantes a la literatura española. Nunca hubiese querido él que le adjudicásemos connotaciones divinas, sin embargo, para muchos de nosotros, la admiración por su obra nos lleva a la devoción.

El artista de Granada hizo lo que tenía que hacer en el momento en el que había que hacerlo. Mantuvo una posición firme y sincera respecto a la música popular y a la copla. Sin la carrera infatigable del granadino a favor de un género que transcurría por su etapa más decadente, no puede entenderse la obra que artistas de copla de vanguardia están desarrollando.

Como en todo momento de catarsis, desde el final de la dictadura franquista (1975) hasta su muerte (2000), algo indefinible se impone en la globalidad de sus trabajos que nos atrapa. El último cuarto del siglo XX fue para este género uno de los tiempos más duros que vivió, quizá, por el momento político de liberación que en una España no tan lejana, estaba sucediendo con el inicio de la democracia. Los equivocados clichés machistas o fachas que ligaban la copla al gobierno de Franco y la impregnaban de connotaciones políticas, injustas, hicieron que en un momento de liberación social como lo fue la Transición Española, la copla, quedase relegada al olvido, y sus artistas, señalados injustamente y tachados de abanderados de una cultura pretérita, casposa y nacionalista.

Por fortuna apareció Carlos Cano, un hombre que con traje chaqueta y sin mayores aspavientos indagó en la raíz de la copla y la posicionó en su lugar, impregnándola de nuevos matices y constituyendo para este género un imperio de sensaciones. Comprometido con la realidad social y política de la época, dio forma a coplas que podrían situarse al mismo nivel que muchos de los clásicos de los años 30 o 50. Manuel Francisco Reina en su libro “Un siglo de copla. De Concha Piquer a Miguel Poveda” dice al respecto de Carlos Cano:

“Carlos Cano entraría con nombre propio en la escena de nuestra canción concienciada, a caballo de un sonido folk, con raíces, y la reivindicación del rico mundo del flamenco y la copla. (…) Nadie podrá poner, sobre su cuerpo o su memoria, más bandera ideológica que la de la libertad.”

Manuel Francisco Reina

“Coplas de la violeta” es una de las tantas muestras con la que Carlos Cano nos cautivó en el disco “Quédate con la copla” (1985). En él se incluye su eterna y magnífica “María la portuguesa”, así como “Proclamación de la copla”, “Alacena de las monjas”, “Copla de seis”, “Habaneras de Sevilla” o “Pasan los campanilleros”, que junto a tres piezas del repertorio clásico, “Falsa monea”, “Ay, Maricruz” y “Chiclanera”, constituyen uno de los trabajos más significantes del autor.

Maestra para Cano, Violeta Parra fue su brújula. Toda la admiración que sintió por ella la volcó en estas “Coplas de la violeta”. Dice de sus canciones que “como blancas gaviotas echan a volar / y me traen de los cielos la luna de azahar / la caricia del viento, la rosa del tiempo que no volverá.”

Estos tanguillos de Cádiz se visten con arreglos sencillos. Algún día la obra de Carlos Cano pasará a tener la relevancia que merece en el mundo de la copla, pero quizá para eso tengamos que asumir que la copla es un género abierto, en continua evolución y que absorbe todos los significantes de su época.


Coplas de la violeta, arena y sal,
coplas de mi recuerdo, cuchillo y rosal,
por la playa desierta de mi soledad
igual que una sirena
cantando su pena a la orilla del mar.

Coplas de la violeta, arena y sal,
como blancas gaviotas echan a volar
y me traen de los cielos la luna de azahar,
la caricia del viento,
la rosa del tiempo que no volverá.

Amor mío
tu nombre alga y cobre,
princesa en mis bosques,
nube y colorín,
ven conmigo a la senda perdida
del alba esperada que huele jazmín.

Amor mío,
que huele a jazmín.
Amor mío,
nube y colorín.
Ven conmigo a la senda perdida
del alba esperada que huele jazmín.

Hoy recuerdo aquel cielo, hermosa mía,
y las nueves de fresa donde vivías.
Hoy recuerdo aquel cielo de luna y de amor,
y la flor de aquel tiempo
me llena de viento todo el corazón.

Amor mío
tu nombre alga y cobre,
princesa en mis bosques,
nube y colorín,
ven conmigo a la senda perdida
del alba esperada que huele jazmín.

Amor mío,
que huele a jazmín.
Amor mío,
nube y colorín.
Ven conmigo a la senda perdida
del alba esperada que huele jazmín.


Web de Carlos Cano