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31 oct. 2009

Pastora Pavón


Intérprete: Gracia Montes
Título: Pastora Pavón
Autores: José Pérez Moradiellos / Daniel Pineda Novo
Disco: A rienda suelta
Año: 1992


“Les confieso que soy dado a que se me llene el escritorio de aires de los naranjales de las huertas de Lora, de Lora del Río, cuando oigo a Gracia Montes, porque soy partidario de esta gran señora de la canción, toda dignidad, toda dedicación, toda delicadeza.”

Antonio Burgos

María Gracia Cabrera Gómez nació en el sevillano pueblo de Lora del Río, el 1 de marzo de 1936. Primogénita de cuatro hermanos en una familia dedicada a la ganadería y a la agricultura, fue alumna en Sevilla de la insigne Adelita Domingo. Pronto destacó por sus cualidades artísticas en su pueblo natal, llegando a participar en las populares Galas Juveniles celebradas en el sevillano Teatro Cervantes.

Pepe Pinto se interesó por ella para uno de sus espectáculos, algo a lo que su padre se negó en rotundo y a lo que la joven Gracia Montes respondió con una huelga de hambre de varios días. Aquello le valió la cesión de su progenitor. También participó en los de Mercedes Vecino y Los Gaditanos.

“Del corazón a los labios” (1951) y “La copla puso bandera” (1953) fueron los dos primeros espectáculos de Pepe Pinto en los que participó Gracia Montes.

Pronto empezaría a darse a conocer en un concurso radiofónico llamado Cabalgata fin de semana. En él interpretaría composiciones como “¿Será una rosa?” de Francisco del Val y Miguel C. Díaz o “Palito de ron” de José Antonio Ochaíta, Xandro Valerío y Juan Solano, un triunvirato que más adelante escribirían para ella grandes éxitos de la talla de “Coplas del chapinero”, “Sin pensarlo”, “Cariá la sanluqueña”, “La romera”, “Tus brazos me han detenío”, “¡Ese día!”, “Un rosa colorá”, “La niña de Punta Umbría” o “Habla con los ojos”.

“Yo soy una artista a la que el pueblo dijo sí.”

Gracia Montes

Desde el primer momento la loreña supo combinar la canción andaluza con la tonadilla y los cantes flamencos. Descubierta por José Brageli, en 1957 presentó su primer espectáculo, “Rosa de Andalucía”.

A este le siguió “Coplas al viento”, en el que sobresalían “Cariá la sanluqueña” o “Maruja limón”, este último título, una zambra de Quintero, León, Quiroga y Clavero que desechó Juanita Reina y que Gracia Montes convirtió en un clásico dándole aire de rumba. También en esos años conocería a Rafael de León, quien más tarde le compondría junto autores como Clavero, Quiroga, Quintero o Solano títulos como “Moscatel”, “Poema de mi soledad” o “Soy una feria”.

En la cresta del éxito, Gracia Montes decidió retirarse durante ochos años por un amor que finalmente fracasaría. De este periodo confesó su arrepentimiento tras su vuelta a los escenarios en el Teatro San Fernando en 1965, con el espectáculo “La rosa de las marismas”, que para ella compusieron Ochaíta, Valerio y Solano. En aquellos años nacerían coplas como “La lumbre de tu cigarro”, “La niña de Punta Umbría”, “La rosa de las marismas” o “Sevilla lleva el compás”.

Posteriormente La voz de cristal seguriría insistiendo en la copla con piezas creadas por la pareja artística formada por Rafael de León y Juan Solano, pero también por otros autores como Manuel Alejandro, F. Montero, B. Lauren o al final de su carrera Moradiellos, Daniel Pineda Novo o Rafael Rabay.

Hay que detenerse en el vestuario de esta elegante artista, porque la copla le debe a Gracia Montes la cúspide de la elegancia. Ha vestido la copla de modistos de la talla de Manuel Pertegaz o Toni Benítez. Muchos diseñadores actuales la han señalado como una renovadora dentro del género.

“Azul y blanco de Andalucía, sin que falte nunca en lo blanco y azul, ese sollozo, ese quiebro de voz, esa rotura, ese estremecimiento y escalofrío con que el amor denuncia su presencia y da a la copla su temblor mortal.”

José Antonio Ochaíta


Tocó palos como la saeta, los fandangos de Huelva o la canción melódica, pero fue en la copla donde encontró su lugar. Su velocidad y un vibrato inigualable, así como deliciosos matices flamencos, la consagraron como una de las artistas más personales que ha dado la copla.

“La copla es nuestra cultura, nuestro folclore, nuestra historia y nuestras raíces.”

Gracia Montes

Gracia Montes siempre confesó su admiración por La Niña de los Peines. Recuerda escucharla ya retirada en los camerinos de la compañía de su esposo, el también cantaor Pepe Pinto. Allí, La niña de los Peines entonaba sus cantes acompañada a la guitarra por Melchor de Marchena, y aquellos momentos, marcaron decididamente a la joven artista de Lora del Río, reconociéndola en innumerables ocasiones como su ídolo, además de Fernanda y Bernarda de Utrera o La Paquera de Jerez.

Por esta razón, muchos críticos de la época advirtieron que la voz de Gracia Montes provenía del cante de Pastora, así como la dolencia en su pellizco flamenco.

Pastora Pavón debutó en Madrid 1901, en el Café del Brillante, donde conoció al pintor vasco Ignacio Zuloaga, quien la convenció para actuar en Bilbao en el Café de las Columnas. Fue a partir de ese momento cuando comenzó a conocérsela como La Niña de los Peines a raíz de unos tangos flamencos que interpretaba frecuentemente y que sin embargo, jamás registro, a pesar de las insistencias de las casas discográficas. Su letra, aquella que le dio nombre artístico, decía así:

Péinate tú con mis peines,
que mis peines son de azúcar,
quien con mis peines se peina,
hasta los dedos se chupa.

Péinate tú con mis peines,
mis peines son de canela,
la gachí que se peina con mis peines,
canela lleva de veras.


El pasodoble que Gracia Montes le dedicó, compuesto por José Pérez Moradiellos y Daniel Pineda Novo, hace referencia a este hecho en su poesía cuando dice: “Lo decía cantando por la alameda: Péinate con mis peines, son de canela”.

Esta copla nos presenta a La Niña de los Peines como una cantaora inigualable, de raza, de misterio, que ha cantado como nadie lo ha hecho: “Como cantó Pastora nadie ha cantado, / ni el Café del puerto, ni en el colmao. / Raza y misterio, La Niña de los Peines, / duende flamenco”.

El cobre de su copla debió nacer “en la fragua de Triana” y mientras en Sevilla todavía resuena su cante, el poema cita a los cantaores con los que La Niña de los Peines cantó, posiblemente, los más importantes su época: Pepe Marchena, Antonio Chacón, Pepe Pinto y Tomás Pavón (este último su hermano). Así se nos anuncia que su voz está en el cielo “con Marchena y con Chacón, / con Pepe Pinto y Tomás, / mientras resuena en Sevilla / el eco de tu cantar”.

Federico García Lorca la incluyó en su ensayo “Teoría y juego del duende” de 1918. La cazalla que cita la copla deriva de un momento del texto en el que el poeta de Granada se sirve de La Niña de los Peines para hablar del duende.

“Entonces La Nina de los Peines se levantó como una loca, tronchada igual que una llorona medieval, y se bebió de un trago un gran vaso de cazalla como fuego, y se sentó a cantar sin voz, sin aliento, sin matices, con la garganta abrasada, pero... con duende. Había logrado matar todo el andamiaje de la canción para dejar paso a un duende furioso y abrasador, amigo de vientos cargados de arena, que hacía que los oyentes se rasgaran los trajes casi con el mismo ritmo con que se los rompen los negros antillanos del rito, apelotonados ante la imagen de Santa Bárbara.

La Niña de los Peines tuvo que desgarrar su voz porque sabía que la estaba oyendo gente exquisita que no pedía formas, sino tuétano de formas, música pura con el cuerpo sucinto para poder mantenerse en el aire. Se tuvo que empobrecer de facultades y de seguridades; es decir, tuvo que alejar a su musa y quedarse desamparada, que su duede viniera y se dignara a luchar a brazo partido. ¡Y cómo cantó! Su voz ya no jugaba, su voz era un chorro de sangre digna por su dolor y su sinceridad, y se abría como una mano de diez dedos por los pies clavados, pero llenos de borrasca, de un Cristo de Juan de Juni.”

Federico García Lorca

La copla revisa este hecho y recupera los ambientes de los tablaos de principios de siglo XX: “Cazalla y aguardiente, vino y solera. / Pastora está cantando por peteneras. / Aires morenos, fandangos y soleares / con sentimiento”.

Contrajo matrimonio con el también cantaor Pepe Pinto en 1931, por eso “Pepe Pinto la escucha emocionado, / su compás lleva el ritmo en el tablao”.

Gracia Montes quiso homenajear con esta copla a una de las cantaoras más admiradas de todos los tiempos. Del mismo modo, rescató parte de su memoria, cuando cantaba en la compañia de Pepe Pinto y gozaba escuchandola en los camerinos. Tal debía ser la magnitud del cante de esta mujer, que en Sevilla, aún dicen que resuena “el eco de su cantar”.

Como cantó Pastora nadie ha cantado,
ni el Café del puerto, ni en el colmao.

Raza y misterio, La Niña de los Peines,
duende flamenco.

Lo decía cantando por la alameda:
“Péinate con mis peines, son de canela”.

Pastora Pavón, Niña de los Peines.
En la fragua de Triana nació el cobre de tu copla.

Tu copla…
Tu copla que está en el cielo,
con Marchena y con Chacón,
con Pepe Pinto y Tomás,
mientras resuena en Sevilla
el eco de tu cantar.

Cazalla y aguardiente, vino y solera.
Pastora está cantando por peteneras.

Aires morenos, fandangos y soleares
con sentimiento.

Pepe Pinto la escucha emocionado,
su compás lleva el ritmo en el tablao.

Pastora Pavón, Niña de los Peines.
En la fragua de Triana nació el cobre de tu copla.

Tu copla…
Tu copla que está en el cielo,
con Marchena y con Chacón,
con Pepe Pinto y Tomás,
mientras resuena en Sevilla
el eco de tu cantar.

Tu copla…
Tu copla que está en el cielo,
con Marchena y con Chacón,
con Pepe Pinto y Tomás,
mientras resuena en Sevilla
el eco de tu cantar.

El eco, el eco…
¡El eco de tu cantar!

Web de Gracia Montes
Video de Gracia Montes cantando “Pastora Pavón”

2 comentarios:

  1. Anónimo7/1/10 2:13

    Gracia Montes es la voz más perfecta de la canción andaluza.
    Muchos críticos musicales, siempre dijeron de ella que es "la Callas de la copla". Ahí es nada.
    Gracias por esta entrada.

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  2. GRACIA MONTE ES SIN DUDAS LA MEJOR VOZ DEL GENERO ANDALUZ PUEDE GUSTAR MUCHO O GUSTAR MENOS PERO ES LA VOZ DE LA COPLA.

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