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12 jun. 2010

Gacela del niño muerto


Intérprete: Carlos Cano
Título: Gacela del niño muerto
Letra: Federico García Lorca
Música: Carlos Cano
Disco: Diván del tamarit
Año: 1998

“La dignidad que tienen para siempre las coplas se la dio con su temple de hombre de Granada este andaluz entero, corazón de su tiempo, el de pelos rizados, de camisa y guitarra, de escenario y proclama, de niño saharaui, de cubanito nuevo, del hijo al que enseñabas a andar por estas calles de cierros y azoteas, a ver venir los barcos en estos miradores, capitán imposible de goletas de sueño”

Antonio Burgos

Faltaban dos años para su muerte. Carlos Cano seguía reivindicativo con una copla verdecida y nueva, que extraía del pueblo para reverterla a él. Emigró de su Granada natal a los 18 años y Barcelona lo vio componer su primera canción a los 22, “La miseria”, mientras se relacionaba con los poetas de su tiempo y escucha a Bob Dylan, Joan Baez o Paco Ibañez. Atrás quedaba una Andalucía que durante el franquismo cayó en el olvido de los grandes mandos y sufría la emigración de casi la mitad de su población. Un joven granadino emigrado a la Ciudad Condal, escribía:

Vengo de abajo cansado de tanta cuesta.
Vengo, no sé a donde voy, huyendo de ella.

La miseria, la miseria…

Tiene su casa en las uñas de la soberbia.
Vive en un mundo cerrado del que se alimenta.

La miseria, la miseria…

Carlos Cano / La miseria (fragmento)


Formó parte del Manifiesto Canción del Sur que en 1969 firmaron autores como Justo Navarro, Fany Rubio, Antonio Carvajal, José Carlos Rosales, Joaquín Sabina o Luís Eduardo Aute. Emigró a Suiza y Alemania, y mientras esperaba su oportunidad en el mundo de la música, trabajó fabricando farolillos para féretros en una empresa suiza, en la imprenta de un periódico alemán o en un buque en el puerto de Rotterdam en Holanda, hasta que en 1975 editó su primer disco con canciones cargadas de mensajes sociales, de un profundo rechazo al sistema establecido y de un anhelo hacia la tierra que se había adueñado de su infancia. Por aquel entonces Carlos Cano cantaba aquello de:

“Amo mi tierra
lucho por ella
y esperanza es su bandera
verde, blanca y verde”

Carlos Cano / Verde, blanca y verde (fragmento)

A lo largo de su discografía, paralela a un momento social en el que comenzaba el despertar político de las Comunidades Autónomas en España, reivindicó la copla como sentimiento popular, dignificó los ritmos andaluces, defendió la liberación de su pueblo, luchó por el folclore, por los índices de los que partía como sujeto, desmitificó las grandezas y asumió lo sencillo como objeto de grandeza, reivindicó las historias que nos unen a los hombres y construyó, sobre las raíces de la copla, su propia copla, la que le pertenecía a él y a su tiempo. Lo hizo desde la amargura, el dolor, la impotencia, el desarraigo… pero también desde la ironía, la festividad, la intrascendencia, la imprevisibilidad y el desahogo cultural de un momento catárquico.

Aunque siempre se mantuvo íntegro ante un objetivo (actualizar y reivindicar la música popular), también es cierto que siempre experimentó en el ámbito de la poesía, de los sonidos y de los arreglos: todo ello para abrir la copla a la universalidad.

Federico García Lorca fue un poeta que influyó sobremanera en Carlos Cano y su disposición poética para la copla. Evidentemente, para él era el literato referente más cercano y les unía, sobre todo, Granada. Aunque la pasión del cantautor por el poeta debió ser innata, se oficializó en 1972, cuando la UNESCO organizó en París un homenaje mundial a Federico García Lorca. Fue esta una oportunidad de oro para Carlos Cano, en cuyo homenaje participó musicalizando “Casida de la muchacha dorada” y “Casida de las palomas oscuras”, que en 1998 registraría junto a las demás Gacelas y Casidas de Lorca en un disco titulado “Diván del Tamarit” (1998).

En una entrada anterior ya analizamos una de estas Gacelas, titulada “Gacela del amor imprevisto”, que en 2007 editó Mayte Martín con arreglos de Joan Albert Amargós.

El Gazal, Gazel o Gacela (escrito también ghazal o ghazel) es un género literario lírico propio de las literaturas árabe, persa, turca y urdú. En la literatura árabe se trata de un poema cuya etimología está emparentada con las ideas de piropo o cumplido. De la misma raíz deriva la forma tagazzul: componer poesías amorosas. Conceptualmente el gazal tiene estrecha relación con el nasib (o tasbib), prólogo amoroso que sirve de introducción junto con el rahil (descripción de un viaje por el desierto), al tema panegírico que caracteriza la composición poética llamada gasida (casida).

Federico García Lorca se basó en esta forma poética para escribir doce Gacelas y nueve Casidas, que enumeró respectivamente del I al XII y del I al IX, englobadas en un trabajo titulado “Diván del Tamarit” (1936) que escribió entre 1931 y 1935. El trabajo fue editado el mismo año del trágico fusilamiento del poeta de Granada a manos del levantamiento militar de la Guerra Civil Española.

En 1998 Carlos Cano recuperó y musicalizó todas ellas, 21 piezas en total entre Gacelas y Casidas en un doble cedé que tituló igual que el trabajo de Lorca: “Diván del Tamarit”. El resultado fue uno de los trabajos de mayor intensidad del cantautor, de terribles sonidos negros (que diría Lorca), en el que contó con los arreglos del músico habanero Leo Brower, la colaboración de la Orquesta Filarmónica de Londres o el Orfeón Donostiarra, también Paco Ibáñez, Santiago Auserón o Marina Rossel, e incluso la voz del torero sevillano Curro Romero en “Casida de la mano imposible”.

La copla de hoy es una pieza estructurada en unos tangos extremeños, decodificados, con arreglos sinfónicos a los que se suman metales e instrumentos de viento conjugados con la guitarra española de Paco Ibáñez.

Aunque Lorca siempre esté en perpetua lucha con la muerte (porque el arte nace para la muerte), me resulta absurdo que yo intente tratar la temática de esta Gacela, por miedo, por la terrible admiración que siento por su obra y porque deteniéndome a leerla me doy cuenta de la inmensidad, de la riqueza poética y evocadora, de las influencias universales que abarca esta “Gacela del niño muerto”, de su estructura para el sentido y su forma (que no es forma, si no tuétano de forma). Ante tal maravilla prefiero retirarme, pero no sin antes invitaros a leerla detenida y concentradamente, gozándola.

Publico el poema original de Federico García Lorca, que es la gacela número V, del que Carlos Cano cambió parcialmente la estructura y escogió la primera parte para convertirla en estribillo. Si este espacio tiene un compromiso, ese es reivindicar la figura y obra de Carlos Cano para la copla.

Todas las tardes en Granada,
todas las tardes muere un niño.
Todas las tardes el agua se sienta
a conversar con sus amigos.

Los muertos llevan alas de musgo.
El viento nublado y el viento limpio
son dos faisanes que vuelan por las torres
y el día es un muchacho herido.

No quedaba en el aire ni una brizna de alondra
cuando yo te encontré por la grutas del vino.
No quedaba en la tierra ni una miga de nube
cuando te amoragabas por el frío.

Un gigante de agua cayó sobre los montes
y el valle fue rodando con perros y con lirios.
Tu cuerpo, con la sombra violeta de mis manos,
era, muerto en la orilla, un arcángel de frío.


Web de Carlos Cano

2 comentarios:

  1. Cuando nadie conocia a Carlos Cano (al menos en mi entorno) yo ponia sus canciones contínuamente, me grababa las cintas para oirlas en el coche (que vieja soy) me gustaba...y me gusta con locura; seguramente conoces "A través del olvido" si no lo has escuchado te lo recomiendo, es una joya, con unas canciones preciosas.
    Como siempre fantástico el trabajo que has realizado, enhorabuena.
    Un abrazo. Manu.

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  2. Qué bonito lo que me cuentas Manu. A mí también me apasiona y en este escenario Carlos Cano es el equivalente a Velázquez en la pintura barroca española o Cervantes a la literatura.

    Claro que conozco "A través del olvido", y coplillas preciosas como "Vele, vele", "Danzón del corazón" o "Sin ti no puedo vivir". Sólo espero que algún día Cano pase a tener el lugar que merece en el libro gordo de la copla. Escuché a alguien decir que posicionó la copla en su lugar, y posiblemente no exista afirmación más acertada que esa.

    Gracias siempre por tus elogios. Me gustaría dejar comentarios en tu blog, pero no me lo permite, me dice: "No se han habilitado comentarios para este elemento." Espero poder escribirlos pronto. Un abrazo!

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