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30 ene. 2011

La Sebastiana


Intérprete: Lolita
Título: La Sebastiana
Autores: Antonio Quintero / Rafael de León / Manuel López-Quiroga
Disco: …y ahora Lola. Un regalo a mi madre.
Año: 2005

“Cantando a mi madre he aprendido a llorar muchísimo”

Lolita

Dolores González Flores nació el 6 de mayo de 1958 en el madrileño barrio de Chamberí. Es la mayor de los tres hijos que tuvieron el matrimonio formado entre Lola Flores y Antonio González El Pescaílla.

Con sólo dos meses, sus padres se la llevaron en uno de sus espectáculos por América, lo cual la familiarizó desde el primer momento con el mundo artístico, pero la timidez en la adolescencia ocultó las cualidades que tenía para el arte, y muy a su pesar, en ciertos momentos tuvo que olvidarla para mostarla en acontecimientos familiares.

Después de trabajar en una tienda de regalos o de intentar ser azafata, una de tantas fiestas cambió su destino. En ella Lolita fue animada por su primo, el compositor José Ruiz Venegas, y por el guitarrista Paco Cepero, a decidirse al mundo de la canción. Pronto los directivos de una importante compañía discográfica le ofrecerían un contrato que aceptaría con muchas dudas, para finalmente terminar grabando su primer disco con sólo 17 años.

En 1975 grabó “Amor, amor”, un primer trabajo que llegaría a ser número uno en España y Latinoamérica. Ya en él incluiría una versión de la copla “Ay pena, penita” u otra flamenca de “La Saeta” de Antonio Machado que popularizó Joan Manuel Serrat.

Desde entonces, casi una veintena de discos forman su trayectoria, con temas cercanos a la balada, pero también al pop o a la rumba, y desde luego con particulares incursiones en el mundo de la copla.

A su trayectoria musical hay que sumar la de actriz, entre cuyos logros más destacados está el Premio Goya como actriz revelación por la película Rencor en 2002.

“Mi madre diría que ya era hora de que grabara estas coplas. Siempre me lo decía y por respeto a ella nunca las canté.”

Lolita


En 2005 se cumplían diez años de la muerte de su madre. Lola Flores moría el 16 de mayo de 1995 en “El lerele”, su casa de La Moraleja en Madrid, tras una larga enfermedad. Con motivo del décimo aniversario, Lolita le rendía homenaje en un disco en el que versionaba diez coplas de la irrepetible Faraona.

“El Lerele”, “La Sebastiana”, “Ay pena, penita”, “Limosna de amores”, “No me tires indiré”, “Un camino de flores”, “La Marimorena”, “A tu vera”, “María Belén Santa Juana”, “Los tientos del sombrero”, “La lotera” y “La Zarzamora” fueron las diez coplas elegidas con las que la mayor de los Flores quiso rendir tributo a su madre, aportándoles su particular visión.

Concibió el proyecto en clave intimista, con una instrumentación austera, casi de cuarteto de jazz y con aires flamencos, huyendo de los arreglos tradicionales de la copla y acercándose a los terrenos del bolero, del jazz o la rumba.

“La Sebastiana” es un particular tanguillo que Lola Flores grabó en 1948. Lo compusieron para ella el triunvirato formado por Antonio Quintero, Rafael de León y Manuel López-Quiroga. Está inspirado en la madre de Estrellita Castro, llamada Sebastiana Navarrete, la cual debía ser una malagueña repajolera de aúpa. No sólo era conocida en su barrio, ya que en Sevilla también era popular por su graciosa verborrea, y hasta en Madrid, donde en 1936 llegó a tener un papel en una de las funciones de su hija en el Teatro Romea, haciendo de itálica, una participación que se aprendió de memoria y que recitó con su particular lenguaje.

También montó un espectáculo formidable en el primer viaje que hizo su hija a América, entre 1932 y 1933, en el que decidió acompañarle. La subida al barco supuso toda una odisea para La Sebastiana, quien se negaba a ser vacunada. El trámite se llevó a cabo convenciéndola de que todos los viajeros se sometían, gustosamente, a un pequeño y nada doloroso tatuaje, de modo que así pudo el practicante ponerle la inyección.

Este personaje, en su día a día, debía estar bastante alerta a los cuentos del barrio. Una maruja y una enteradilla que no perdía detalle de lo que hacía o dejaba de hacer el personal. Una mujer original, chismosa y alcahueta -según confiesa la letra-, pero igual de entrañable.

Esta copla comienza con La Sebastiana en el marco de su ventana “recién lavada y en matinée”. Rafael de León la describe con el crepé, los rizadores, el espejo y la peineta, en definitiva, una ama de casa de mediados del siglo XX en su punto álgido, que desde antes de amanecer, ya les iba leyendo la papeleta “a los tunos madrugadores”.

La Sebastiana se pasa el día diquelando y al linquindoy, dos expresiones populares con las que Rafael de León acierta absolutamente a describirnos los intereses de esta maruja andaluza. En caló, diquelar, significa estar pendiente de algo que te interesa, y estar al liquindoy, tener atención suma o estar alerta de algún asunto ajeno sin que se note demasiado.

Con estas dos expresiones, el poeta engancha directamente con lo popular y demuestra una vez más su finura y su categoría literaria.

Siguiendo con el personaje, la copla nos confiesa que La Sebastiana parece tener la suficiente astucia como para saber quién pasa o quién deja de pasar con sólo verle los pies: “Ay, que yo sé la gachí quién es / por aquellos pies, que es un alguacil / (…) / Ay, que yo sé, que por mi salud, / que no es Mari Luz la de esta mañana. / Ay, que lo pies eran de la Inés, / no hay quien se la dé a la Sebastiana.”

Aunque la copla siempre haya tenido fama de dramática, lo cierto es que cuando sus poetas se lanzaban a ironizar, no había quien les superase. Este tanguillo es una muestra de ello, por ejemplo, al decir que “Aunque tiene siete colchones / la Sebastiana no puede dormir, / porque dicen que los ratones… / ¡Que se le meten por la nariz!”. Y la Sebastiana se pone a matar esos ratoncillos dándoles con las babuchas y la palagana, y “Cuando acaban aquellas luchas / vuelve al acecho las Sebastiana”, al chismorreo y a vigilar el percal.

A pesar de todo, La Sebastiana es un personaje entrañable que seguramente todos reconocemos en mayor o menos grado en nuestra vida diaria. Andaluza, porque no se olvida de llevar la peineta, y pícara porque sabe más que el diablo.

Si la madre de la genial Estrellita Castro era como nos la describe esta copla, es fácil entender la teatralidad y la capacidad innata de la hija para el espectáculo, así como su arte repajolero.

Hay que subrayar la delicadeza de ciertos términos con los que Rafael de León fue bordando este poema. A parte de expresiones como diquelando y al liquindoy, términos como matinée (en castellano matiné, que hace referencia a una fiesta, reunión o espectáculo que se da a primeras horas de la tarde), crepé (que es un tejido de lana, de seda o de algodón de superficie rugosa) o endiñé (que hace referencia a asestar un golpe de una manera muy andaluza), demuestran el nivel intelectual de los compositores de este género, la necesidad de aunar lo exquisito y lo popular, en este caso, a favor de aportar a la copla ironía y un aire cool a la maruja de barrio que la protagoniza.

Lolita quiso hacer por rumbas estos tanguillos, con arreglos que están entre el pop y el flamenco, donde no faltan algunos metales que le aportan los aires festeros a los que nos tiene acostumbrados la mayor de los Flores.

También es reseñable la portada del disco, ocupada por una íntimista fotografía en tonos ocres de madre e hija besándose, con la que la intérprete quiso simbolizar este reencuentro musical en el décimo aniversario de la muerte de La Faraona.

La letra que se publica, es la original, que con respecto a la versión que grabó Lolita, tiene mímas pero significantes diferencias. También en su día la versionaron Enrique Montoya en 1962 y Raphael en 1993. En cualquiera de los casos, merece la pena disfrutar de estos tanguillos de Cádiz que nos demuentras una vez más, la verstilidad de un género al que le caben todas las contingencias.

En el marco de su ventana
recién lavada y en matinée,
aparece la Sebastiana,
antes con antes de amanecer.

Que el crepé, que los rizadores,
que el espejito, que la peineta…
y a los tunos madrugadores
les va leyendo la papeleta.

Ay, que te vi. ¡Deja, que te vi!
Te he visto de entrar. Te he visto salir.
Ay, que yo sé la gachí quién es
por aquellos pies, que es un alguacil.

Sebastiana está diquelando.
Sebastiana está al liquindoy,
y adivina del qué y del cuándo,
del sube y baja, del vengo y voy.

Ay, que yo sé, que por mi salud,
que no es Mari Luz la de esta mañana.
Ay, que lo pies eran de la Inés,
no hay quien se la dé a la Sebastiana.

Aunque tiene siete colchones
la Sebastiana no puede dormir,
porque dicen que los ratones…
¡Que se le meten por la nariz!

Que el zapato, que la babucha,
que te endiñé con la palangana.
Cuando acaban aquellas luchas
vuelve al acecho las Sebastiana.

Ay, que te vi. ¡Deja, que te vi!
Te he visto de entrar. Te he visto salir.
Ay, que yo sé la gachí quién es
por aquellos pies, que es un alguacil.

Sebastiana está diquelando.
Sebastiana está al liquindoy,
y adivina del qué y del cuándo,
del sube y baja, del vengo y voy.

Ay, que yo sé, que por mi salud,
que no es Mari Luz la de esta mañana.
Ay, que lo pies eran de la Inés,
no hay quien se la dé a la Sebastiana.

Web de Lolita

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