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17 abr. 2010

Coplas de la violeta


Intérprete: Carlos Cano
Título: Coplas de la violeta
Autores: Antonio Mata / Carlos Cano
Disco: Quédate con la copla
Año: 1987



”Me pongo mirando al Caribe, cierro los ojos y empiezo a notar cómo me laten los pulsos del corazón, cómo recuerdo el pasado que no he vivido... Y oigo las habaneras, los boleros, las canciones de Violeta Parra, que fue mi maestra.”

Carlos Cano

Carlos Cano es a la etapa de la copla que analizamos, lo que Neptuno a la mar o Miguel de Cervantes a la literatura española. Nunca hubiese querido él que le adjudicásemos connotaciones divinas, sin embargo, para muchos de nosotros, la admiración por su obra nos lleva a la devoción.

El artista de Granada hizo lo que tenía que hacer en el momento en el que había que hacerlo. Mantuvo una posición firme y sincera respecto a la música popular y a la copla. Sin la carrera infatigable del granadino a favor de un género que transcurría por su etapa más decadente, no puede entenderse la obra que artistas de copla de vanguardia están desarrollando.

Como en todo momento de catarsis, desde el final de la dictadura franquista (1975) hasta su muerte (2000), algo indefinible se impone en la globalidad de sus trabajos que nos atrapa. El último cuarto del siglo XX fue para este género uno de los tiempos más duros que vivió, quizá, por el momento político de liberación que en una España no tan lejana, estaba sucediendo con el inicio de la democracia. Los equivocados clichés machistas o fachas que ligaban la copla al gobierno de Franco y la impregnaban de connotaciones políticas, injustas, hicieron que en un momento de liberación social como lo fue la Transición Española, la copla, quedase relegada al olvido, y sus artistas, señalados injustamente y tachados de abanderados de una cultura pretérita, casposa y nacionalista.

Por fortuna apareció Carlos Cano, un hombre que con traje chaqueta y sin mayores aspavientos indagó en la raíz de la copla y la posicionó en su lugar, impregnándola de nuevos matices y constituyendo para este género un imperio de sensaciones. Comprometido con la realidad social y política de la época, dio forma a coplas que podrían situarse al mismo nivel que muchos de los clásicos de los años 30 o 50. Manuel Francisco Reina en su libro “Un siglo de copla. De Concha Piquer a Miguel Poveda” dice al respecto de Carlos Cano:

“Carlos Cano entraría con nombre propio en la escena de nuestra canción concienciada, a caballo de un sonido folk, con raíces, y la reivindicación del rico mundo del flamenco y la copla. (…) Nadie podrá poner, sobre su cuerpo o su memoria, más bandera ideológica que la de la libertad.”

Manuel Francisco Reina

“Coplas de la violeta” es una de las tantas muestras con la que Carlos Cano nos cautivó en el disco “Quédate con la copla” (1985). En él se incluye su eterna y magnífica “María la portuguesa”, así como “Proclamación de la copla”, “Alacena de las monjas”, “Copla de seis”, “Habaneras de Sevilla” o “Pasan los campanilleros”, que junto a tres piezas del repertorio clásico, “Falsa monea”, “Ay, Maricruz” y “Chiclanera”, constituyen uno de los trabajos más significantes del autor.

Maestra para Cano, Violeta Parra fue su brújula. Toda la admiración que sintió por ella la volcó en estas “Coplas de la violeta”. Dice de sus canciones que “como blancas gaviotas echan a volar / y me traen de los cielos la luna de azahar / la caricia del viento, la rosa del tiempo que no volverá.”

Estos tanguillos de Cádiz se visten con arreglos sencillos. Algún día la obra de Carlos Cano pasará a tener la relevancia que merece en el mundo de la copla, pero quizá para eso tengamos que asumir que la copla es un género abierto, en continua evolución y que absorbe todos los significantes de su época.


Coplas de la violeta, arena y sal,
coplas de mi recuerdo, cuchillo y rosal,
por la playa desierta de mi soledad
igual que una sirena
cantando su pena a la orilla del mar.

Coplas de la violeta, arena y sal,
como blancas gaviotas echan a volar
y me traen de los cielos la luna de azahar,
la caricia del viento,
la rosa del tiempo que no volverá.

Amor mío
tu nombre alga y cobre,
princesa en mis bosques,
nube y colorín,
ven conmigo a la senda perdida
del alba esperada que huele jazmín.

Amor mío,
que huele a jazmín.
Amor mío,
nube y colorín.
Ven conmigo a la senda perdida
del alba esperada que huele jazmín.

Hoy recuerdo aquel cielo, hermosa mía,
y las nueves de fresa donde vivías.
Hoy recuerdo aquel cielo de luna y de amor,
y la flor de aquel tiempo
me llena de viento todo el corazón.

Amor mío
tu nombre alga y cobre,
princesa en mis bosques,
nube y colorín,
ven conmigo a la senda perdida
del alba esperada que huele jazmín.

Amor mío,
que huele a jazmín.
Amor mío,
nube y colorín.
Ven conmigo a la senda perdida
del alba esperada que huele jazmín.


Web de Carlos Cano

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