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23 dic. 2009

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¡Diezmil!

Aun recuerdo a quienes me animaron a crear un espacio en la red en el que volcar los conocimientos que el tiempo y las circunstancias me han ido legando respecto a este género. Por entonces el único espacio que había en internet para desarrollarse en la copla era un chat casero (ya desaparecido). Hablábamos de coplerías. Entre los pocos que allí nos reuníamos, una ínfima parte nos dedicábamos a tratar piezas, novedades, artistas noveles, versiones o a compartir anécdotas interesantes. La gran mayoría, se cegaba defendiendo o destripando a unos u otros artistas.

Mi placer, ha estado invertido durante mucho tiempo, en estudiar la copla y las discografías de artistas relativos a ella: desde Raquel Meller (1888-1962) hasta los vigentes. Un análisis desde la raíz, para forjar una opinión consistente y actuar consecuentemente en defensa de un género que amo.

Un buen día descubrí un exitoso blog llamado “Reminiscencias de la copla”. Como buen amante empecé a contribuir en él aportando opiniones y comentarios, desde una visión más o menos progresista, pero valorando al máximo la pureza de la copla pretérita; la racial, que es la que se muestra en ese fantástico escenario virtual. No tardaron en llegar los puristas con sus afiladas opiniones para acribillarme a comentarios despectivos y frases rociadas de veneno, sumergidas en opiniones poetizadas (a veces hasta el mal gusto). Defendí mi visión. Puse en valor el magnífico trabajo de decodificación que ciertos artistas contemporáneos de copla están realizando: Pasión Vega, Miguel Poveda, Clara Montes, Diana Navarro… pero la jauría enfureció, el veneno se convirtió en hiel y no tardaron en abalanzarse sobre mí para invitarme a salir por la puerta de atrás.

Tal fue la impotencia que sentí que en a penas unos segundos cree “Retratos de la nueva copla”, la odisea más apasionante que este género me ha hecho vivir.

Podía haberme decantado por dar vida a un espacio en el que analizar piezas del repertorio clásico. Quizá, tratar biografías de artistas específicos, autores, diseñadores, indumentarias o discografías. Pero decidí arriesgarme a poner en valor las conclusiones de mi etapa analítica y atreverme a escribir sobre un tema respecto al cual nadie se había pronunciado hasta el momento; una etapa de la copla que abarca desde el final del Franquismo hasta la actualidad.

Las primeras entradas fueron encaminadas hacia piezas clásicas retratadas por artistas actuales. Rápidamente entendí que debía arriesgarme a traer al escenario títulos nuevos para la copla: “Horas bajas”, “La calle del almíbar”, “Árboles de agua”, “Tú me abandonarás”, “La sortija” o “Mi niña Tadea”. A día de hoy sigo desarrollándome en esa idea, esa es mi línea de investigación y estudio para ofrecer lo mejor de esta circunstancia.

Tras ciertas licencias navideñas, comienza una nueva etapa, más interesante e intensa a la vez que compleja, con curiosas novedades y sorpresas que se irán desvelando cada semana sobre las tablas. No puedo irme sin agradecer el apoyo a todas aquellas personas que diariamente entráis a disfrutar, a descubrir, a investigar y a comentar las coplas. Gracias también a todos los que me escribís e-mails (retratosdelanuevacopla@hotmail.com) haciendo propuestas, opinando o simplemente queriendo compartir un rato agradable de charla y experiencias; de medio a lo que pueda seguiré contestándoos. Mi gratitud sincera también a los artistas que os habéis puesto en contacto conmigo y que seguís este blog, por vuestra amabilidad: los datos que me ofrecéis son de mucho valor para mí y los que aquí nos reunimos, espero que las entradas que os dedico (y las que estén por venir…) sean de vuestro agrado. Y sobre todo gracias a todos aquellos que defendéis la copla sin prejuicios y la sentís como vuestra.

Si os apetece, nos seguimos viendo por el escenario; vuestras visitas y comentarios son el sostén de mi trabajo.

Un abrazo grande de Limosna de amores.

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