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3 oct. 2010

Limón limonero


Intérprete: Carlos Vargas
Título: Limón limonero
Letra: Ramón Perelló / Sixto Cantabrana
Música: Juan Mostazo
(Adapt: Carlos Vargas)
Disco: Sensaciones
Año: 2004

“Desde Miguel de Molina no he escuchado una voz más personal que la tuya. Voy a ser tu madrina artística y vas a cantar copla.”

Imperio Argentina

Sabe decir la copla, mecerla, interpretarla, pararla y empujarla hasta hacerla llegar a su firmamento, donde las creaciones de Perelló, Mostazo, Cantabrana, Guillén, León, Solano, Quiroga, Quintero, Valerio o Benítez Carrasco, parecían esperar su voz clara y diáfana para subir un escalón más en el estatus de su categoría.

Tuvo como madrina artística a la entrañable Imperio Argentina, quien al escucharlo debió quedar tan prendada de su marcada personalidad que tuvo la necesidad de apoyarlo en sus duros comienzos en un género que siempre ha defendido a ultranza. De ella, el sevillano, aprendería las formas dulces que más tarde imprimía a muchos de los clásicos.

Carlos Vargas se inició en la copla en la década de los 90, cuando el género transcurría posiblemente por su peor momento, relegado al olvido e impregnado de tantos clichés. Su voz emergió cuando emperazon a retirarse o desaparecer las primeras figuras que a lo largo del siglo XX habían elevado la copla a su máxima categoría. Frente a un vacío de intérpretes sustancial, Carlos Vargas, aparecía como intérprete masculino (lo que no fue nada sencillo en aquellos años), haciendo copla con un gusto y una delicadeza, que a pesar de lo costoso, no tardó en cautivar a la crítica y a los amantes del género.

Concha Márquez Piquer lo contrató para uno de sus espectáculos, y más tarde serían María Vidal y Charo Reina sus compañeras de viaje en un espectáculo titulado “Coplas” que giró por toda España. Del mismo modos participaría en el musical de copla "Enamorados anónimos".

“La copla pura es a lo que me dedico. Poder seguir viviendo de la copla es una compensación más que asegurada.”

Carlos Vargas

Su discografía se inició con “Almoneda de coplas” (1995), un disco que presentaría con éxito en el Lope de Vega de Sevilla y al que seguiría “Pasaporte al firmamento” (1998), donde alternaría coplas clásicas con temas inéditos. “Sensaciones” (2004), posiblemente el disco del que más orgulloso se sienta el intérprete, será el tercero, integrado por piezas del repertorio clásico que vestidas para la ocasión por la Orquesta Sinfónica de Bratislava, otorgarían a cada obra la majestad que solamente adquiere la música cuando pertenece a un género grande.

Quizá la labor de Carlos Vargas en la copla destaque por ser uno de los primeros intérpretes masculinos en enfrentarse con total decisión a obras que hasta el momento solo habían sido interpretadas por mujeres. Así es el caso de “Dolores la golondrina”, “Tus cinco toritos negros”, “Limosna de amores”, “Con divisa verde y oro” o “La luna enamorá”.

En el disco “Sensaciones” (2004) se encuentra una hermosa versión masculina de “Limón limonero”; una copla que escribieron Ramón Perelló y Sixto Cantabrana y que musicalizó Juan Mostazo.

Fue estrenada por la genial Estrellita Castro, quien la incluyó en la película “Mariquilla Terremoto” en 1938 y cuya versión original fue destruida durante el conflicto bélico de la Guerra Civil Española. A pesar de ello, la artista sevillana volvió a grabarla en 1963 para la casa Belter.

Una vez terminada la Guerra Civil, en 1940, Concha Piquer hizo su particular versión de esta copla y muchos años después, en un disco de copla titulado “Y sin embargo te quiero” (1983), Rocío Jurado nos sorprendía con una versión tan distinta como hermosa, más pausada y con arreglos sinfónicos. Igualmente lo haría Merche Cuadrado en un disco titulado “Manantial de coplas” (1997). Carlos Cano, un año antes de su muerte, también la grabaría haciendo la primera versión masculina de esta copla en un disco titulado “La copla, memoria sentimental” (1999) y finalmente Carlos Vargas haría una versión masculina distinta en “Sensaciones” (2004).

Los versos de esta copla narran la historia de una mujer que entrega su amor bajo un limonero a “un mocito pinturero y presumido”. El mozo, que termina yéndose con otra, traiciona el amor de la protagonista, aunque con el tiempo será igualmente traicionado “lo mismo que él traicionó” y ambos acabarán desengañados bajo el limonero donde un día se declararon el amor y al cual pedirán consuelo. Palabras como "charraná" (significa acción dañina o malintencionada) o expresiones poéticas genuínamente anadaluzas, marcan el gusto popular de la época.

La versión masculina de Carlos Vargas narra la historia en tercera persona, que a diferencia de la versión femenina, está narrada en primera, siendo la intérprete protagonista. La letra publicada pertenece a la versión masculina de Carlos Vargas.

Esta es otra de las piezas que nos remiten el buen gusto literario de la copla a narrar historias, que desde el inicio se van desarrollando hasta alcanzar el desenlace y que nos hacen recordar que este género derivó del cuplé, las operetas o la baladilla escénica.

A los pies de un limonero florecido
una noche que en mi vida olvidaré,
un mocito pinturero y presumido
a una hembra le entregaba su querer.

Y creyó en su juramento,
y no vio su falsedad,
y le ahoga ahora el tormento
de mirarse abandoná.

Y a la sombra de aquel limonero
que un día dichosa la vio sonreír,
deshojando una a una sus penas,
igual que a una rosa, le cantaba así.

Limonero… ¡Ay, limón limonero!
A tu vera me dijo un mocito,
falso y embustero:
“Como a nadie en el mundo he querido,
serrana, te quiero.”
Ten piedad de mí, calma mi dolor.
¡Ay, limón limonero!
Limonero mío de mi corazón.

Por caminos sembraítos de zarzales
con la cruz de su dolor se echó a rodar.
Y ahogaíta por las hieles de pesares
no consigue olvidar la charraná.

Pero al cabo de los años
lo ha castigaíto Dios
y otra hembra lo traiciona
lo mismo que él traicionó.

Y a la sombra de aquel limonero
que fue florecido y el tiempo secó,
hoy lo ha visto llorando a su vera
por un desengaño, lo mismo que yo.

Limonero… ¡Ay, limón limonero!
A tu vera me dijo un mocito,
falso y embustero:
“Como a nadie en el mundo he querido,
serrana, te quiero.”
Ten piedad de mí, calma mi dolor.
¡Ay, limón limonero!
Limonero mío de mi corazón.

Web de Carlos Vargas

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