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1 oct. 2011

Sin compasión a la copla


"He cantado sin compasión"


Pasión Vega





Hacía tiempo que no sentía algo similar al escuchar un disco. Qué barbaridad. Ya nos lo advirtió Sabina: "Si la gente la llama Pasión, por algo será...".

Cuando descubres algo de esta magnitud, te sientes en condiciones de afirmar que la copla está más viva que nunca. Y a la porra los puristas. Si lo que hace esta rubia canalla no pertenece al ámbito de lo puro, "que se apaguen los firmamentos", que diría Carlos Cano.

De qué manera tan soberbia se posiciona esta mujer en la copla y con qué sutileza le va dando la mano al bolero, al tango, a la habanera, a la bulería, a la rumba flamenca, a la música árabe, al pop o a los sonidos electrónicos. Con qué sencillez, desprejuiciadamente, y sin alejarse de la esencia. Bañando su copla en el oro de lo sinfónico y en unos arreglos en los que Jacob Sureda ha debido dejarse la integridad de su cerebro.

La cuestión es sencilla. La música de Pasión Vega hace que el mundo gire. O varios mundos, paralelamente. Sobre todo un macro-cosmos, coronado por una peina. Es el reino de la copla.

De los poetas que le escriben, las reseñas son insuficientes. Jesús Bienvenido, magistral siempre, con cinco coplas de oreja y rabo. (El flamenquito que perdió las botas, Historia de un fado, Los últimos, Bolero con ron, Habanera postal). Antonio Romera tampoco da puntá sin hilo. (A la hora de soñar, Esta eternidad sin ti, La niña Candela). O Ricardo Ribera, de toma pan y moja (Eso no es amar, ¿Qué fue de ti?). Al elenco se suman en forma de poema Pedro Guerra (No hay fracaso), Paloma Ramírez (Y nunca te olvido) y Manuel Carrasco (Rincones oscuros).

Las historias cotidianas e intrascendentes se trenzan con los sentimientos más totalitarios. Le brindan su amistad a las formas poéticas populares y a la ironía. Y claro, Andalucía está presente. Mucho de la Pasión inédita. Mucho de otra Pasión nueva.

Su tratamiento de imagen exquisito. Trajes del modisto sevillano Antonio García. La voz de seda -así la bautizó Antonio Banderas-, olvidó intencionadamente los abalorios de la copla para sentirse libre cantándola. Y si Rocío Jurado vestía de Balenciaga o de Dior en los 70 -que ahí era nada-, está muy bien que Pasión Vega vista la copla sobria, elegante, mínimal.

Y qué decir de su voz. Esos graves plomizos que parece que parten los suelos y esa dicción piqueriana, que verdea más flamenca que nunca. El quejío está. Pero mezclado con la soberanía de las voces de las grandes divas. Canela en rama para los altares de esta música.

Sólo les pido que no se la pierdan. Esto es una proeza. Pasión Vega canta, y canta sin compasión. Digamos que la copla tiene una gloria rubia, y en la vega de su pasión, disfrutamos mojándonos de ella.


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