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20 jul. 2010

24 rosas


Intérprete: Diana Navarro

Título: 24 rosas
Letra: Luís Gómez Escolar / Santiago Alcanda
Música: Fernando Sancho
Disco: 24 rosas
Año: 2007

“Hacemos música con alma para gente con alma”


Diana Navarro

Procede de la génesis de la copla, la saeta y el flamenco. El prodigio de su voz parece nacer en la mar, impregnarse de yodo, pasar por Huelin, trastornarnos y volver a huir para esconderse tras el pedestal de Neptuno en las profundidades. Si la pureza está en la mezcla, como dice Paco de Lucía, no hay música más pura que la que hace Diana Navarro.

Muchos la han adjetivado como La María Callas de la copla. Otros no dudan en apodarla La Enya española. Sin embargo, las formas de Diana Navarro están por encima de todos los paralelismos y el total de su música, impregnado de tantas contingencias significantes, accede a un estatus (posiblemente metafísico) que abduce, eleva y por consiguiente cura. El lugar o el motivo de este estatus es desconocido, pero posiblemente, acceder a él sea lo único que importe.

Diana Navarro, en esta sociedad laica, ha sabido muy bien reconstruir el carácter religioso-cristiano de la copla clásica en una espiritualidad cercana al zen, al yoga, a la meditación o a las doctrinas hindúes. No en vano, mantiene vigentes los cantos (o los cantes) religiosos populares como la saeta, vistiéndola con arreglos étnicos y de fusión como en “El tránsito”, un “Padre nuestro” que adapta a la melodía de “Los campanilleros” que tan populares hizo La Niña de la Puebla o unos “Caracoles” que dedica a la Virgen de la Soledad, manteniendo activa la profunda tradición religiosa andaluza y diciendo versos tan cercanos a los haikus orientales como este:

Por ahí va tan sola
la Piedad entre las sombras.

(…)

¿A dónde vas, Madre de la Soledad
cuando se encienden las velas
y se apagan los soles?

Diana Navarro / Caracoles (Madre de la Soledad)

Pero si respecto a lo trascendental soluciona la situación de extraordinaria manera, respecto a las referencias indiciales que la copla siempre ha tenido al flamenco en sus estructuras, Diana sigue utilizándolas. Este significante lo encontramos en unos fandangos decodificados (“No me tires más besitos”), en una bulería (“Una y no más”), en una rumba (“Esto es lo que hay”), en una media granaína (“Sola”), en unos tangos (“Ea” o “Brindo por ti”), en una marcha procesional (“24 rosas”) o en una Malagueña y una Serrana de las que nace una pieza inédita (“A Caracol y Valderrama”). A todo ello hay que sumar unos arreglos de fusión, cadencias étnicas, operísticas, arábigo-andaluzas, sinfónicas y unas programaciones que constituyen la copla en un nuevo sabor. Es en este punto en el empieza a tomar forma el “Proyecto Diana Navarro”, en el que fielmente creyeron Chico Valdivia y Manuel Illán y al que se suma la constancia de una chica de Huelin (Málaga) que invertía tres horas al día en modelar su garganta y que soñaba con ser algún día Concha Piquer o Rocío Jurado.

Pero La Sirena malagueña, cuya obra muchos no dudan en catalogar como neocopla, no olvida que la copla es un género audiovisual y levanta una puesta en escena que bebe del yoga y las doctrinas oriéntales, teniendo siempre presente las formas para el mantón de Carmen Amaya pero reinventándose los braceos, un lenguaje con unas manos que articula como tórtolas que dan bandazos medidos, constituyendo nuevos símbolos en su vestuario de la mano de Carlos Cobos, vistiendo a Melisa Loza, Victorio & Lucchino o Ion Fiz y llevando un tratamiento de imagen distinto, que igualmente hace referencia a María Callas, que luce un caracolillo en claro homenaje a Estrellita Castro o utiliza como referente las pinturas de Julio Romero de Torres.

La copla de hoy pertenece al disco “24 rosas” (2007), que con título homónimo, aspiró a ser banda sonora de la Película “Alatriste” (2006) inspirada en la novela del periodista y literato Arturo Pérez Reverte: un proyecto que finalmente no vio la luz.

La pieza está inspirada en unos versos de Santa Teresa de Jesús (1515-1582), específicamente en un poema titulado “Vivo sin vivir en mí”, cuyas primera estrofas son trasladas casi literalmente a esta copla. De temática religiosa, estos versos tratan el amor de una religiosa de Ávila a Dios, desde un éxtasis espiritual y existencial que conmociona.

Vivo sin vivir en mí,
y tan alta vida espero,
que muero porque no muero.

Santa Teresa de Jesús / Vivo sin vivir en mí (fragmento)

De nuevo Diana Navarro utiliza signos religiosos populares para reinterpretarlos en su música. Estos versos de Santa Teresa de Jesús, que de la mano de Luís Gómez Escolar, Santiago Alcanza y Fernando Sancho se convierten en un obra mística y transcendental, acceden a El otro o Lo Otro, sin referencias religiosas específicas y tratando la espiritualidad desde un punto en el que el amor se convierte en el principal motivo de la entrega. Veinticuatro son los latidos de más que da un corazón cuando está enamorado y las rosas son el símbolo del amor.

“24 rosas está inspirada en unos textos de Santa Teresa. Nunca se escribió al amor así. La rosa simboliza el amor. 24 son los latidos de más que el corazón da cuando siente que ama.”

Diana Navarro

Una vez más Diana defiende la idea de grupo y el concepto de equipo de trabajo frente a la individualidad del artista-cantor. Esta copla cuenta con arreglos y programaciones de Fernando Sancho y Miguel Ángel Collado, así como con el inestimable violín de Faiçal Kourrich, la zánfora de Germán Díaz y los coros de la Agrupación Coral de Madrid (ACM).

En los arreglos destacan los sonidos de una marcha procesional, que engancha directamente con lo popular de esa Andalucía cristiana, santera, que mece los pasos junto al olor de la cera y los gladiolos. Sin comparación pretendida, esos sonidos procesionales, pueden remitirnos a piezas del repertorio clásico como el “Romance de Zamarrilla” de Marifé de Triana o “La Saeta” de Antonio Machado que musicalizó Joan Manuel Serrat.

Diana Navarro se muestra desnuda en la portada de "24 rosas" (2007), haciendo referencia con un gesto elegante y mínimo, con una escala de grises en el tratamiento fotográfico, a las grandes divas de la ópera.

En este siglo de los trastornos de la mente, Diana Navarro nos abduce con su copla trascendental, ungüento bendito para la heridas del alma, meciéndonos en el prodigio de su voz que es pan divino impregnado en la sangre popular y que pone en pié las almas de los ausentes con su eterna “Sola”.


Dedico esta entrada a Laura, por su apoyo a Diana, por tantos momentos vividos y porque nos unió el eco de una sirena de Málaga cuya dimensión está por abarcar.

Vivo sin vivir en mí,
y tan viva yo te espero,
que muero porque no muero.

Toma, yo te doy mi corazón,

te lo entrego prisionero.
No quiero querer,
pero quiero y te quiero.


Veinticuatro rosas heridas de ti.
¡Es tan dulce el amor que te doy!
Son veinticuatro latidos de más,

cuando sé que te vas
cruzando el espacio, despacio.


¡Ay, amor cómo me picas!
Esos ojos me complican
y me muero sin saber que me muero.

Toma, yo te doy mi corazón,
te lo entrego prisionero.
No quiero querer,
pero quiero y te quiero.


Veinticuatro rosas heridas de ti.

¡Es tan dulce el amor que te doy!
Son veinticuatro latidos de más,

cuando sé que te vas
cruzando el espacio, despacio.


Web de Diana Navarro
Video de Diana Navarro cantando “24 rosas"



3 comentarios:

  1. Qué maravilla de disco, y qué dos canciones tan bonitas ("24 ROSAS" y "CARACOLES"). El prodigio de su voz se hace palpable al escuchar estos dos pedazo de temas...

    Un saludo!!

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  2. Olaaa sAN sALVADOr!!!!!!
    Q taL todoo!
    pues mi sueño poco a poco se está realizando secumple con solo si en septiembre me dicen un SÍ
    gracias x creer en mi y tu blo g está chulisimo aver si agun dia actualizas kon algo mio jeje
    enga adios.MIRALLES

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  3. Gracias "Diana Navarro Blog" y "Miralles". Me emociona mucho esta copla cuando dice eso de "Cuando sé que te vas / cruzando el espacio / despacio..." y la Sirena malagueña extiende su mirada y su brazo al infinito.

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