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23 abr. 2011

Macarena


Intérprete:
Carlos Cano
Título:
Macarena
Autor: Carlos Cano
Disco:
Ritmo de vida
Año:
1989



“Me dediqué a la copla para recuperar memoria. Para decir que yo vengo de ahí. No me avergüenzo de cantar coplas”.

Carlos Cano

Nació en la posguerra española, en una familia marcada por la tragedia bélica de la Guerra Civil. En la ciudad de La Alhambra vio la luz el 28 de enero de 1946 José Carlos Cano Fernández, un niño que con tres años tuvo que vivir la marcha de su padre del hogar familiar. También el bando franquista diez años antes le había arrebatado la vida a su abuelo Emilio, un Capitán de la Fabrica de Pólvora de El Falgue en Granada.

Aunque no llegó a entrar en la universidad, inició sus estudios superiores y formó parte de una tuna con la guitarra que le había regalado un amigo.

Emigró a los 18 intentando encontrarse y labrarse un futuro mejor, dejando atrás su Granada natal y descubriendo Barcelona, quien lo vio componer su primera canción a los 22, “La miseria”, mientras se relacionaba con poetas y músicos de su tiempo. Atrás dejaba una Andalucía que quedaba en el olvido de los gobernantes y que sufría la emigración de casi la mitad de su población a las principales ciudades españolas y europeas.

Se aproximó a la poesía a través del grupo Poesía 70, con
Juan de Loxa a la cabeza, quien también promovería el Manifiesto Canción del Sur, al que más tarde se adscribiría Carlos Cano. Pero la guitarra no faltó entre sus manos durante la adolescencia y en su juventud crecieron paralelas sus aspiraciones a músico y a poeta.

Formó parte del Manifiesto Canción del Sur que se firmó en 1969. Este decía:

“Manifiesto creado en Andalucía en 1969 para contribuir a una mayor conciencia de nuestra comunidad ante las realidades que limitan tanto social como culturalmente su proyección humana. Hoy “MANIFIESTO CANCIÓN DEL SUR” responde al compromiso contraído. Sus componentes son: C. Cano, E. Moratalla, A. Luís Luque.”

Manifiesto Canción del Sur

Para entonces ya había emigrado a Suiza y Alemania, donde trabajó fabricando farolillos para féretros en una empresa suiza, en la imprenta de un periódico alemán o en un buque en el puerto de Rotterdam en Holanda, experiencias que darían pié a temas que de otro modo hubiesen sido impensables, como “La miseria” o “El Salustiano”, y que en la distancia convertirían a Carlos Cano en un poeta más andaluz o andalucista.

“Carlos Cano era el que cantaba bajito”

Juan de Loxa


Con voz trémula y memoria republicana comenzó a cantar en la Universidad en 1969, pero no se dedicó a la música hasta tres años después, animado por
Luís Llach o Enrique Morente. Para entonces ya había compuesto sus primeras canciones, dado su primer recital en la Casa de las Américas o puesto música a dos casidas de Lorca: “Casida de la muchacha dorada” y “Casida de las palomas oscuras”, lo que le valió en 1972 actuar en un homenaje que la UNESCO dedicó en París al eterno poeta de Granada.

En 1975 editó su primer disco con canciones cargadas de mensajes sociales, de un profundo rechazo al sistema establecido y de anhelos hacia la tierra que lo vio nacer. Dice
Juan José Tellez que “Carlos Cano asumió el papel de juglar que tiene la doble militancia, en la palabra y en la música”, por eso su primer disco, “A duras penas” (1975), contiene temas como “El Salustiano”, “La miseria” o un inolvidable “Verde, blanca y verde”, que funcionaría durante algunos años como el himno no oficial, prohibido, de Andalucía, ante el que los andaluces se ponían de pié.

“Una buena copla siempre acaba por llegar al lugar del que proviene.”

Carlos Cano


A medida que su discografía avanzaba, Carlos Cano se acercaba más a la música popular. El granadino encontró en la copla un elemento vital para el desarrollo de su carrera. Descubrió su literatura y su profunda raíz en el pueblo y decidió firmemente que ese patrimonio también le pertenecía, por eso tuvo la necesidad de reivindicarlo.

A lo largo de su discografía, paralela a un momento social en el que comenzaba el despertar político de las Comunidades Autónomas en España, reivindicó la copla como sentimiento popular, dignificó los ritmos andaluces, defendió la liberación de su pueblo, luchó por el folclore, desmitificó las grandezas y asumió lo sencillo como objeto de grandeza. Reivindicó las historias que unen a los hombres y construyó, sobre las raíces de la copla, su propia copla, la que le pertenecía a él y a su tiempo. Lo hizo desde la amargura, el dolor, la impotencia, el desarraigo… pero también desde la ironía, la festividad, la intrascendencia, la imprevisibilidad y el desahogo cultural de un momento catárquico.

Utilizo fórmulas populares para acompañar sus textos comprometidos, tanguillos, romances, pasodobles, cuecas o rumbas, en un momento en el que la copla estaba arrinconada por el pop y las influencias sajonas, no exenta de injustas connotaciones políticas.

“A Carlos Cano hay que considerarlo precursor de esta etapa de resurgimiento de la copla.”

Manuel Román


Tras incluestionables y legítimas aportaciones a la copla que comenzaron en 1975, con temas y discos que por méritos propios ya pertenecen a la historia del género, en 1989 Carlos Cano seguía su lucha a favor de esta música popular y editaba “Ritmo de vida” (1989).

En aquel trabajo se incluían dos versiones de coplas clásicas como “La bien pagá” y “No te mires en el río”, y entre las creaciones propias, más coplas que ampliaban el repertorio popular, como la marcha titulada “Cántame un pasodoble”, “En un castillo encantado”, “Mari-María”, “Ay, Candela”, “A París”, “Por el mar de los sueños” o “Macarena”.

“Macarena” es una copla con letra de Carlos Cano dedicada a la Virgen de la Esperanza Macarena de Sevilla. Esta Virgen es una imagen de advocación a María que se encuentra en la Basílica de la Macarena, situada en el sevillano Barrio de San Gil. Su imagen es una talla de candelero del siglo XVII coronada canónicamente en 1964, convirtiéndose en la segunda imagen dolorosa de la ciudad, precedida por la Virgen de la Amargura.

Se trata de una de las imágenes de mayor devoción mariana en la Semana Santa sevillana y realiza su estación de penitencia en la tradicional Madrugá del Viernes Santo.

Su primera salida se llevó a cabo en 1615, aunque su primera estación de penitencia independiente fue 1624. Cuatro años más tarde se modificó su horario de salida a las doce de la noche, saliendo de su Basílica en la calle Bécquer y pasando bajo el Arco de la Macarena que da acceso a la carretera, en la que inicia su recorrido durante trece horas y media por las diferentes calles de Sevilla, con llegada de nuevo a la basílica a las 13:30 de día siguiente.

En la historia y sucesos que pertenecen a la mitología de la imagen, se basó Carlos Cano para componer este hermoso pasodoble titulado “Macarena”.

Comienza el poema hablando del contexto. Nos sitúa en “una noche de abril / de luna y claridad, / cuando la primavera / se viste de azahar”, directamente en la Semana Santa. Cuenta que esa noche del Viernes Santo una estrella fugaz “pasó de madrugá / atravesando el cielo” y que lo hacía “como un rayo de luz / hacia la eternidad” y “bajo palio de seda”.

La letra hace referencia al título de Dolorosa que tiene la Esperanza Macarena, llamándola “Soledad” o “Dolores”, y sigue contándonos que por su dolor “las campanas de bronce / doblaron de amargura, / sentí el alma desnuda / y me puse a llorar”.

Según sean alegrías o sinsabores”, los devotos la llaman o bien Dolores o bien María, y Carlos Cano nos cuenta que es en esa noche de abril, en la que los sevillanos se dirigen a la Esperanza Macarena cantándole saetas “para hacerla sufrir” (la saeta, que es ese cante doliente específico de la Semana Santa).

El devoto le pide a la Virgen que grite su pena al mundo y que le abra sus ríos de lágrimas, esas lágrimas tan características de esta Dolorosa de Sevilla. Sigue diciéndole a la Virgen que sufre por la crucifixión y muerte de su hijo Jesús: “Macarena, que la cruz, que las espinas, / que el calvario y las cadenas, / también son tu corazón”.

La Esperanza se encuentra “perdida en el dolor / de un amargo querer” donde se marchita de pena la que el poeta ha denominado con gusto como La Rosa de Belén, esa que resignada no olvida “la boca de José”.

Es el amor de una madre por un hijo que ha muerto. Un hijo que vino del cielo “porque un ángel divino / dejó sobre su vientre / la semilla celeste / del sueño de Israel”, haciendo referencia al apartado de la Biblia en el que se cuenta la concepción de Jesús Cristo.

Dice la copla que “los arcángeles bailan por alegrías” cuando en la sacristía cae la noche y que Murillo, el insigne pintor barroco español, la pintaba “como a una mujer”.

El cristiano, que intentar paliar el dolor de su Virgen, le dice: “¡Deja ya de padecer! / ¡Macarena se mujer! / Ay, Macarena de Dios”.

Con esta copla Carlos Cano recuerda el multitudinario acontecimiento de la salida de la Macarena en la Madrugá sevillana del Viernes Santo. Lo hace como siempre desde el buen gusto que caracteriza su copla, llena de referencias verídicas que le sirven para narrar historias populares. Así queda demostrado en esta hermosa marcha que confiesa el ambiente de las calles de Sevilla en la imponente Madrugá.

Una noche de abril
de luna y claridad,
cuando la primavera
se viste de azahar.

Una noche de abril
pasó de madrugá,
atravesando el cielo
una estrella fugaz.

Como un rayo de luz
hacia la eternidad
bajo palio de seda
iba la Soledad.

Las campanas de bronce
doblaron de amargura,
sentí el alma desnuda
y me puse a llorar.

Ay, unos dicen María y otros Dolores.
Ay, según sean alegrías o sinsabores.

Ay, una noche de abril…
le cantaban saetas para hacerla sufrir.

Macarena, cántale al mundo tus penas,
las falticas del cariño y ábrele tus ríos.

Macarena, que la cruz, que las espinas,
que el calvario y las cadenas,
también son tu corazón.

Macarena, Macarena…
¡Deja ya de padecer!
¡Macarena sé mujer!
Ay, Macarena de Dios.

Perdida en el dolor
de un amargo querer
de pena marchitaba
la Rosa de Belén.

Con la resignación
la espina de la fe,
su boca no olvidaba
la boca de José.

Ay, qué terrible amor,
el amor de Yhavé.
Misterio de una madre
que nunca fue mujer

porque un ángel divino
dejó sobre su vientre
la semilla celeste
del sueño de Israel.

Ay, cuando cae la noche en la sacristía.
Ay, los arcángeles bailan por alegrías.

Ay, nadie sabe por qué…
la pintaba Murillo como a una mujer.

Macarena, cántale al mundo tus penas,
las falticas del cariño y ábrele tus ríos.

Macarena, que la cruz, que las espinas,
que el calvario y las cadenas,
también son tu corazón.

Macarena, Macarena…
¡Deja ya de padecer!
¡Macarena sé mujer!
Ay, Macarena de Dios.

Web de Carlos Cano
Video de Carlos Cano cantando “Macarena”



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