(Adapt: Carlos Vargas) Disco: Sensaciones Año: 2004
“Desde Miguel de Molina no he escuchado una voz más personal que la tuya. Voy a ser tu madrina artística y vas a cantar copla.”
Imperio Argentina
Sabe decir la copla, mecerla, interpretarla, pararla y empujarla hasta hacerla llegar a su firmamento, donde las creaciones de Perelló, Mostazo, Cantabrana, Guillén, León, Solano, Quiroga, Quintero, Valerio o Benítez Carrasco, parecían esperar su voz clara y diáfana para subir un escalón más en el estatus de su categoría.
Tuvo como madrina artística a la entrañable Imperio Argentina, quien al escucharlo debió quedar tan prendada de su marcada personalidad que tuvo la necesidad de apoyarlo en sus duros comienzos en un género que siempre ha defendido a ultranza. De ella, el sevillano, aprendería las formas dulces que más tarde imprimía a muchos de los clásicos.
Carlos Vargas se inició en la copla en la década de los 90, cuando el género transcurría posiblemente por su peor momento, relegado al olvido e impregnado de tantos clichés. Su voz emergió cuando emperazon a retirarse o desaparecer las primeras figuras que a lo largo del siglo XX habían elevado la copla a su máxima categoría. Frente a un vacío de intérpretes sustancial, Carlos Vargas, aparecía como intérprete masculino (lo que no fue nada sencillo en aquellos años), haciendo copla con un gusto y una delicadeza, que a pesar de lo costoso, no tardó en cautivar a la crítica y a los amantes del género.
Concha Márquez Piquer lo contrató para uno de sus espectáculos, y más tarde serían María Vidal y Charo Reina sus compañeras de viaje en un espectáculo titulado “Coplas” que giró por toda España. Del mismo modos participaría en el musical de copla "Enamorados anónimos".
“La copla pura es a lo que me dedico. Poder seguir viviendo de la copla es una compensación más que asegurada.”
Carlos Vargas
Su discografía se inició con “Almoneda de coplas” (1995), un disco que presentaría con éxito en el Lope de Vega de Sevilla y al que seguiría “Pasaporte al firmamento” (1998), donde alternaría coplas clásicas con temas inéditos. “Sensaciones” (2004), posiblemente el disco del que más orgulloso se sienta el intérprete, será el tercero, integrado por piezas del repertorio clásico que vestidas para la ocasión por la Orquesta Sinfónica de Bratislava, otorgarían a cada obra la majestad que solamente adquiere la música cuando pertenece a un género grande.
Quizá la labor de Carlos Vargas en la copla destaque por ser uno de los primeros intérpretes masculinos en enfrentarse con total decisión a obras que hasta el momento solo habían sido interpretadas por mujeres. Así es el caso de “Dolores la golondrina”, “Tus cinco toritos negros”, “Limosna de amores”, “Con divisa verde y oro” o “La luna enamorá”.
En el disco “Sensaciones” (2004) se encuentra una hermosa versión masculina de “Limón limonero”; una copla que escribieron Ramón Perelló y Sixto Cantabrana y que musicalizó Juan Mostazo.
Fue estrenada por la genial Estrellita Castro, quien la incluyó en la película “Mariquilla Terremoto” en 1938 y cuya versión original fue destruida durante el conflicto bélico de la Guerra Civil Española. A pesar de ello, la artista sevillana volvió a grabarla en 1963 para la casa Belter.
Una vez terminada la Guerra Civil, en 1940, Concha Piquer hizo su particular versión de esta copla y muchos años después, en un disco de copla titulado “Y sin embargo te quiero” (1983), Rocío Jurado nos sorprendía con una versión tan distinta como hermosa, más pausada y con arreglos sinfónicos. Igualmente lo haría Merche Cuadrado en un disco titulado “Manantial de coplas” (1997). Carlos Cano, un año antes de su muerte, también la grabaría haciendo la primera versión masculina de esta copla en un disco titulado “La copla, memoria sentimental” (1999) y finalmente Carlos Vargas haría una versión masculina distinta en “Sensaciones” (2004).
Los versos de esta copla narran la historia de una mujer que entrega su amor bajo un limonero a “un mocito pinturero y presumido”. El mozo, que termina yéndose con otra, traiciona el amor de la protagonista, aunque con el tiempo será igualmente traicionado “lo mismo que él traicionó” y ambos acabarán desengañados bajo el limonero donde un día se declararon el amor y al cual pedirán consuelo. Palabras como "charraná" (significa acción dañina o malintencionada) o expresiones poéticas genuínamente anadaluzas, marcan el gusto popular de la época.
La versión masculina de Carlos Vargas narra la historia en tercera persona, que a diferencia de la versión femenina, está narrada en primera, siendo la intérprete protagonista. La letra publicada pertenece a la versión masculina de Carlos Vargas.
Esta es otra de las piezas que nos remiten el buen gusto literario de la copla a narrar historias, que desde el inicio se van desarrollando hasta alcanzar el desenlace y que nos hacen recordar que este género derivó del cuplé, las operetas o la baladilla escénica.
A los pies de un limonero florecido una noche que en mi vida olvidaré, un mocito pinturero y presumido a una hembra le entregaba su querer.
Y creyó en su juramento, y no vio su falsedad, y le ahoga ahora el tormento de mirarse abandoná.
Y a la sombra de aquel limonero que un día dichosa la vio sonreír, deshojando una a una sus penas, igual que a una rosa, le cantaba así.
Limonero… ¡Ay, limón limonero! A tu vera me dijo un mocito, falso y embustero: “Como a nadie en el mundo he querido, serrana, te quiero.” Ten piedad de mí, calma mi dolor. ¡Ay, limón limonero! Limonero mío de mi corazón.
Por caminos sembraítos de zarzales con la cruz de su dolor se echó a rodar. Y ahogaíta por las hieles de pesares no consigue olvidar la charraná.
Pero al cabo de los años lo ha castigaíto Dios y otra hembra lo traiciona lo mismo que él traicionó.
Y a la sombra de aquel limonero que fue florecido y el tiempo secó, hoy lo ha visto llorando a su vera por un desengaño, lo mismo que yo.
Limonero… ¡Ay, limón limonero! A tu vera me dijo un mocito, falso y embustero: “Como a nadie en el mundo he querido, serrana, te quiero.” Ten piedad de mí, calma mi dolor. ¡Ay, limón limonero! Limonero mío de mi corazón.
Intérprete: Carlos Vargas Título: Tus cinco toritos negros Autor: Benítez Carrasco / Solano
Disco: Sensaciones
Año: 2004
Carlos Vargas se constituyó en la copla cuando ya no existían artistas masculinos del género. El sevillano, se defiende en una copla serena, elegante, sin tópicos, arquetipos, ni estridencias. Todas estas características lo llevaron pronto a ser denominado por sus seguidores como El Rey de la copla joven.
Carlos Vargas no pretendió ser artista. Sin embargo la casualidad, y la necesidad de conseguir dinero para sacarse el carnet de conducir, lo llevaron a cantar en una caseta de la feria de Sevilla junto a su hermano a la guitarra. Debió ser tal el éxito, que el director de la caseta lo contrató un día más y le propuso representarlo. Al segundo día, entre el público, se encontraba Imperio Argentina, que al terminar la actuación pidió que alguien se lo trajera. La artista sentenció con estas palabras: “Desde Miguel de Molina no he escuchado una voz más personal que la tuya. Voy a ser tu madrina artística y vas a cantar copla”. Ese mismo año, llorando la pérdida de Lola Flores (1995), Carlos Vargas iniciaba su carrera artística en el teatro Lope de Vega de Sevilla. Presentaba su primer disco: “Almoneda de coplas” (1995). Más tarde llegaría “Pasaporte al firmamento” (1998), donde alternaba coplas clásicas con temas inéditos. “Sensaciones” (2004) será un disco dedicado íntegramente a la copla, con arreglos orquestales y grabado con la Sinfónica de Bratislava. “Lo que tenga que pasar” (2006) es su útlimo disco. Se debate entre la canción moderna y los aires andaluces.
A lo largo de su carrera ha trabajado con Concha Márquez Piquer para uno de sus espectáculos y con María Vidal y Charo Reina para el espectáculo “Coplas”. Destaca de su trayectoria discográfica haber interpretado temas que hasta entonces se habían escuchado en voces femeninas: “Con divisa verde y oro”, “Limosna de amores”, “Limón limonero”, “Dolores la Golondrina” o “Tus cinco toritos negros”. Esta última pieza se ocupa de la entrada que presentamos. Una bellísima copla que tiene su origen en un poema del poeta granadino Manuel Benítez Carrasco (1922-1999), y que fue musicalizado por Juan Solano para Rocío Jurado, quien lo incluyó en un l.p. de 1975 con el título genérico “Soy de España”. Será en el disco “Sensaciones” (2004) cuando Carlos Vargas lo recupere con hermosos arreglos orquestales.
Contra mis cinco sentidos tus cinco toritos negros. Toritos negros tus ojos, torito negro tu pelo, torito negro tu boca, torito negro tu beso, y el más negro de los cinco tu cuerpo, tu cuerpo torito negro.
Deja que no quiero verte, déjame déjame que no te quiero.
Barreras puse a mis ojos tus ojos me las rompieron, barreras puse a mi boca tu boca la hizo leño y puse barreras duras, de zarzamora mi cuerpo, y salto, y salto sobre la zarza el tuyo torito negro.
Deja no quiero verte, déjame, déjame que no te quiero.
Cien voces en mi garganta gritándome que te quiero y yo mentira infinita negando que no te quiero, pero aunque pongan barreras de zarzamora mi cuerpo para que nunca lo salten tus cinco toritos negros.
Toritos negros tu ojos, torito negro tu pelo torito negro tu boca, torito negro tu beso, y el más negro de los cinco tu cuerpo, tu cuerpo torito negro.
Te quise siempre te quise, quise, te quise siempre te quiero, te quiero, te quiero, te quiero. Ay, cómo te quiero.