Las 10 más populares del día

10 dic 2010

Romance de la Reina Mercedes


Intérprete: Pastora Soler
Título: Romance de la Reina Mercedes
Autores: Antonio Quintero / Rafael de León / Manuel López-Quiroga
Disco: Nuestras coplas
Año: 1994

“Es como si Rafael de León, hoy, hubiera cortado de su jardín de papel la flor de los cantes para que la luciera, nueva y trasminando el aire, la voz de Pastora Soler. Las viejas coplas se hacen nuevas con la juventud de una voz que las devuelve casi al instante mismo en que fueron creadas.”

Antonio Burgos

Así reza parte de un texto que Antonio Burgos incluyó en el primer disco de Pastora Soler. Ella nació en Coria del Río, el 28 de septiembre de 1978. En su Documento Nacional de Identidad Pastora Soler se llama Pilar Sánchez Luque. Alguien debió ponérselo, “porque en esto del folclore / la fe de nacimiento / no te sirve para ná / pues te cogen los autores / y te cambian de momento / el carné de identidá”.

La insigne Adelita Domingo la educó en la copla a la temprana edad de 8 años. En 1986, aquella niña llamada Pili, grabó su primer trabajo discográfico en vinilo y casete, donde se incluían cinco sevillanas y titulado “Gracias madre” (1986). Su capacidad para cantar saetas le valió el amadrinamiento de Juanita Reina en 1993, comenzado así la emotiva tradición de cantarle cada jueves santo de madrugada a la Virgen de La Esperanza Macarena de Sevilla.

En 1994 Pastora Soler irá adquiriendo popularidad gracias diversos programas de la televisión andaluza. En una audición en casa del Maestro Mudarra, organizada por el modisto Justo Salao, conocerá al productor Luís Sanz. Aquel encuentro desembocará en la firma de su primer contrato para la casa discográfica Poligram y ese mismo año editará un disco titulado “Nuestra coplas” (1994).

En “Nuestras coplas” una jovencísima Pastora Soler registrará diez clásicos del género, algunos emblemáticos como “Triniá”, “Romance de la Reina Mercedes”, “Capote de grana y oro”, “La flor de los cantes”, “La niña de Puerta Oscura” o “Una cantaora”, aunque también revisará otro menos conocidos como “Puertecita de mi casa”, “Rosa y clavel”, “Ay Curro, Curro Romero” o “Manolita la primera”.

“De museos de Sevilla, de muchachas rebisalseras y de mozos muy cortesanos que vienen de Madrid para dar un beso a una dalia. Estas copla, nuestras coplas, vuelven a nacer en la voz de Pastora Soler, y las saca de pila un padrino que se llama Rafael de León, aquel que tenía un barquito de cantares que era la envidia del mar.”

Antonio Burgos

Los arreglos orquestales del disco, estuvieron dirigidos por Gregorio García Segura, categóricos sin excepción. A ellos hay que sumar la promiscua y fresca voz de una jovencísima Pastora Soler que a mediados de los 90 hacía las delicias de muchos seguidores de este género, visionando en ella una de las dignas sucesoras de las primeras figuras, que empezaban a faltar.

Destaca en este trabajo, por su belleza, una delicada y fina marcha titulada “Romance de la Reina Mercedes”. Fue compuesta a finales de los 40 por los reconocidos Rafael de León, Antonio Quintero y Manuel López Quiroga, grabándola por vez primera Concha Piquer en 1948. Está basada en una obra de temática similar titulada "La mancha de la rosa" que años atrás cantaba una tonadillera de la compañía de Juanito Valderrama. Su historia hace referencia al romance de final trágico que sucedió en el último tercio del siglo XIX, en el que una joven noble llamada María de las Mercedes (que llegaría a ser Reina de España) y un también joven y noble Alfonso XII (que años más tarde alcanzaría el trono) se enamoran y finalmente consiguen casarse, pero la prematura muerte de ella a los 18 años lo llevaría él al desconsuelo.

María de las Mercedes de Orleans y Borbón (“de Alfonso XII su dulcísima esposa", tal y como reza su lápida), nació el 24 de junio de 1860. Fue la quinta de los hijos surgidos entre Antonio de Orleáns (1824-1890), Duque de Montpensier, y la infanta María Luisa Fernanda de Borbón (1832-1897), hermana de Isabel II.

Alfonso XII de Borbón (1857-1885) fue hijo de Isabel II (1830-1904) y Francisco de Asís de Borbón (1822-1902). Reinó en España entre 1874 y 1885 y murió a la temprana edad de 27 años, víctima de una tuberculosis.

En un viaje a París en 1872, la joven Mercedes y su primo hermano Alfonso iniciaron una relación amorosa que a pesar de los obstáculos familiares, desembocaría en una sonada boda que se celebraría en La Basílica de Atocha de Madrid el 23 de enero de 1878.

El matrimonio entre Mercedes y Alfonso fue breve a causa de un tifus que cinco meses después del enlace acabó con la vida de la consorte Reina. Moría el 27 de junio 1878 en el Palacio Real de Madrid, donde hasta el último momento su esposo, el Rey Alfonso XII, la estuvo acompañando.

Fue enterrada entre grandes muestras de dolor por parte del pueblo en la Basílica de San Lorenzo de El Escorial, hasta la culminación de la Catedral de la Almudena de Madrid, a la que fueron trasladados sus restos el 8 de noviembre de 2000, cumpliendo así el deseo de Alfonso XII de que descansase allí eternamente.

La historia de final trágico, sirvió de inspiración a Rafael de León para componer este romance 70 años después del fatal desenlace. “Romance de la Reina Mercedes” es una hermosa y fina marcha que aunque la grabó por primera vez Concha Piquer en 1948, alcazó su máxima popularidad en 1958, cuando Paquita Rico la editó después del gran éxito que obtuvo con la película “¿Donde vas Alfonso XII?”. Aquella cinta hizo que muchos españoles se conmoviesen con la romántica y oscura historia de María de las Mercedes.

Esta copla, así como las películas que se hicieron al respecto -muy del gusto de la época-, “¿Dónde vas Alfonso XII?” o “¿Dónde vas triste de ti?”, contribuyeron a engrandecer su mito.

Está compuesta por la triada Quintero, León y Quiroga y es de una sensibilidad y una nobleza exquisita. A través ella se nos descubre, con tintes románticos e incluso fantasiosos -porque la fantasía también está implícita en este género-, la historia de amor entre Mercedes y Alfonso.

El poema de la copla se inicia en Sevilla. Cabe puntualizar que los Duques de Montpensier, padres de Mercedes: Antonio de Orleáns y su esposa María Luisa Fernanda de Borbón, se trasladaron a vivir a Sevilla, concretamente al Palacio de San Telmo.

A finales del siglo XIX, muerto ya su esposo, la infanta María Luisa cedió a la ciudad de Sevilla gran parte del terreno anexo al Palacio, un espacio en el que se construyó la plaza-jardín que todavía hoy conserva su nombre, el Parque de María Luisa. Es en ese lugar donde Rafael de León inicia el desarrollo poético de esta copla, donde incluso retrata a Mercedes en los jardines como dalia, con blanca mantilla, a los doce años, edad a la que conoció a Alfonso: “Una dalia cuidaba Sevilla / en el parque los Montpensier / y ataviada de blanca mantilla / parecía una rosa de té.”

Alfonso XII llegó de Madrid. Todavía quedarían dos años para que se convirtiese en Rey de España. El detalle de patilla -como lo retrata Rafael de León- es verídico: “De Madrid con chistera y patilla / vino un real mozo muy cortesano / y a Mercedes besó en las mejillas / pues son los niños primos hermanos.”

El Guadalquivir fue testigo de su idilio. Ambos marcharían a Madrid y el poema nos confiesa cómo alguien “en tono menor” (intuimos que su padre, quien no estaba muy conforme con aquella relación) pide a Mercedes que no se vaya: “María de las Mercedes / no te vayas de Sevilla / que en nardo trocar se puede / el clavel de tus mejillas”.

Ya en Madrid, una vez casados en enero de 1878, cuenta la copla que “Merceditas cambió de color” y Alfonso XII, ya esposo y ambos Reyes de España, le pregunta: “¿Qué tienes mi amor?”. Rafael de León nos cuenta el momento de la muerte de una forma tan leve como delicada: “Y lo mismo que una lamparita / se fue apagando la soberana. / Y las rosas que había en su carita / se le volvieron de porcelana.”

La conmoción que causó la muerte de la joven Reina en el Madrid de la época, también queda reflejada en la copla: “Y Mercedes murió empezando a vivir. / Y en la Plaza de Oriente hay dolor, / para llorarla fue todo Madrid”.

El joven Rey, desconsolado, se pregunta ante el cadáver: “¿Porqué te vas de mis redes / de la noche a la mañana?”. La muerte de su esposa de dieciocho años, es el desengaño amoroso de Alfonso, quien reitera desconsolado: “Adiós princesita hermosa / que ya besarme no puedes. / Adiós carita de rosa / ¡Adiós mi querida esposa / María de las Mercedes!”.

Cuatro duques se la llevan a hombros hacia su sepultura. La conmoción que causa su fallecimiento queda reflejada en una España que “viste de duelo” y en los miles de claveles que el pueblo de Madrid lanza a su paso. El poema se cierra con el desconsuelo del Rey en esta historia tan estremecedoramente impresionante.

Pero Alfonso XII se casará años más tarde con María Cristina de Habsburgo-Lorena (o de Austria). El monarca morirá a la edad de 27 años, víctima de tuberculosis. Esta segunda parte de la historia, también la cuenta otra copla de Juanita Reina titulada “Reina y Señora”, donde se narra el amor que Alfonso XII sigue sintiendo por la fallecida María de las Mercedes a pesar de haberse casado con María Cristina “sin amor, por razones de Estado”. La copla retrata a la segunda esposa del monarca como una sufridora que asume el sentimiento de Alfonso. “Despierta en los ventanales / a veces te da la aurora” o “Tú sabes que el soberano / pidió tu mano sin alegría” confiesan la situación de sufrimiento de la segunda Reina. Parece que el silencio y la categoría de María Cristina de Habsburgo-Lorena, frente a la evidencia popular de que Alfonso XII se casó con ella por conveniencia y enamorado aun de Mercedes, mereció el respeto de las Cortes, que no sólo la llamaban Reina, si no que además -por su saber estar-, la trataban de Señora. Comienza esta copla, también impresionante, diciendo: “Sin amor, por razones de Estado / Don Alfonso se ha vuelto a casar / y Madrid, por entero, ha notado / que a Mercedes no puede olvidar. / Es gentil, delicada y prudente / la joven Reina María Cristina / que aunque va con el Rey sonriente / por dentro oculta lleva una espina.”

Toda esta historia terminará con la muerte de Alfonso XII a los 27 años a consecuencia de una tuberculosis y con María Cristina de Habsburgo-Lorena embarazada de un tercer hijo (el primero varón) que nacerá tras la muerte del padre. Este retoño será Alfonso XIII.

Pero volviendo al “Romance de la Reina Mercedes” y a la copla, muchas han sido las historias que poetas como Rafael de León han compuesto inspirándose en la temática histórica o en sucesos verídicos relacionados con la nobleza o la realeza. Quizá porque estas historias enganchaban muy directamente con lo popular, dejando imprimir en las coplas, ciertas formas nobles muy del gusto de los autores e interpretes de una época.

La lista de versiones con las que cuenta este pasodoble-marcha que parece acunar la muerte de la joven Reina, es jugosa. Resaltamos las hermosas versiones que han hecho artistas como Concha Piquer, Bernarda de Utrera, Paquita Rico, Marifé de Triana, Tomás de Antequera, Merche Cuadrado, Raya Real, Pastora Soler, Falete o Lichis (quien la termina con un irónico “¡Viva la República!”).

La versión de Pastora Soler, con arreglos sinfónicos dirigidos por Gregorio García Segura, es categórica. De nuevo la copla nos demuestra como es capaz de aunar lo popular con lo majestuoso, las historias verídicas con cierta fantasía romántica y poner en pié tales monumentos que nos inquietan y asombran por la capacidad de aquellos poetas, músicos e interpretes. De nuevo la tragedia de esta España de historia negra salvada por el amor. Por la esperanza del recuerdo. Por el nuevo día en el que Alfonso y Mercedes volvieron a encontrarse tras la muerte. Y las coronas se cayeron. Y cupido venció.

Una dalia cuidaba Sevilla
en el parque de los Montpensier.
Ataviada de blanca mantilla
parecía una rosa de té.

De Madrid, con chistera y patilla,
vino un real mozo muy cortesano
que a Mercedes besó en las mejillas:
pues son los niños primos hermanos.

Y un idilio de amor empezó a sonreír
mientras cantan en tono menor
por la orillita del Guadalquivir.

María de las Mercedes
no te vayas de Sevilla,
que en nardo trocar se puede
el clavel de tus mejillas.

Que quieras o que no quieras,
y aunque tu no dices nada,
se nota por tus ojeras
que estás muy enamorada.

Rosita de Andalucía,
amor que prendió sus redes,
y puede ser que algún día,
amor te cueste la vida,
María de las Mercedes.

Una tarde de la primavera
Merceditas cambió de color.
Y Alfonsito, que estaba a su vera,
fue y le dijo: ¿Qué tienes mi amor?

Y lo mismo que una lamparita
se fue apagando la soberana.
Y las rosas que había en su carita
se le volvieron de porcelana.

Y Mercedes murió empezando a vivir.
Y en la Plaza de Oriente hay dolor,
para llorarla fue todo Madrid.

María de las Mercedes,
mi rosa más Sevillana:
¿Porqué te vas de mis redes
de la noche a la mañana?

De amores son mis heridas
y de amor mi desengaño,
al verte dejar la vida
a los dieciocho años.

Adiós princesita hermosa
que ya besarme no puedes.
Adiós carita de rosa.
¡Adiós mi querida esposa
María de las Mercedes!

He hombros por los madriles
cuatro duques la llevaron
y se contaron por miles
los claveles que le echaron.

Te vas camino del cielo
sin un hijo que te herede.
España viste de duelo
y el Rey no tiene consuelo:
¡Ay, María de las Mercedes!

Web de pastora Soler
Video de Pastora Soler cantando “Romance de la Reina Mercedes”

7 dic 2010

La lluvia proseguía


Intérprete: Clara Montes
Título: La lluvia proseguía
Letra: Rafael de León
Música: Clara Montes
Disco: A manos llenas
Año: 2009


“Tiene, como Rafael de León, la aristocracia generosa del alma que sabe darse a los demás con su voz, y la solidaridad de poner emoción en las pasiones y el sufrimiento de los otros.”

Manuel Francisco Reina

Es madrileña. Por su sangre corre la de Rafael de León. Nació en Madrid el 31 de diciembre de 1968 y aunque en ocasiones Clara Montes reivindique su lugar en la canción de autor andaluza, es innegable su vinculación a la copla y su buen hacer para este género.

De muy niña se trasladó a vivir a Cádiz. Allí desarrolló sus inquietudes musicales teniendo siempre como referente a Carlos Cano, quien años más tarde le mostraría su afecto y admiración, llegando a colaborar juntos en el disco del granadino “El diván del Tamait” (1998), tras su muerte haciendo una escalofriante versión a dúo del “Tango de las madres locas” en el álbum “Que naveguen los sueños” (2001), o participando en homenajes como el que Cuba rindió a Carlos Cano en el Teatro Nacional de La Habana junto a Pablo Milanés y Javier Ruibal.

Decidió con elocuencia acercarse a la copla de manera sencilla y alejándose de clichés, con su voz clara y melodiosa. Apasionada del flamenco y la poesía, bordea siempre la canción popular y moja sus creaciones de sonidos ricos y jugosos, asumiendo que la copla es un género abierto y siempre en evolución, con el que merece la pena jugar para enriquecerlo.

Autora de muchas de sus canciones, Clara Montes se situaría entre esas voces diáfanas de las grandes divas, quizá cerca de cancioneras como María Dolores Pradera, aunque con un mayor afán creativo y arraigo andaluz.

Empezó cantando poemas de Antonio Gala y siguió componiendo sus propias canciones y pincelando la copla con creaciones propias como “A pie van mis suspiros”, “Soledad”, “Los niños de la guerra”, “Tiene que tiene”, “Luna brava”, “Fado de luna”, “Corazón tatuado”, “La estrella”, “De carne y verso” o “La mirada violeta”. También optó por registrar personales versiones de coplas clásicas como “El día que nací yo”, “Procuro olvidarte”, “Tatuaje”, “María la portuguesa”, “Luna de abril”, “Habaneras de Cádiz”, “La murga de los currelantes”, “Romance de curro el Palmo” o “La Tarara”.

Pero en 2009 decidió inscribirse plenamente en este género con un trabajo titulado “A manos llenas” (2009) con el que Clara Montes quiso rendir un personal homenaje al poeta sevillano Rafael de León. La razón principal era que en 2008 se cumplía el centenario del nacimiento del poeta, y la segunda (no menos importante), que Clara Montes es familia de Rafael de León, aunque ella nunca haya querido afirmarlo públicamente, posiblemente por la profunda admiración que siente hacia su obra.

En el álbum, a parte de repasar coplas emblemáticas de las diferentes etapas creadoras de Rafael de León como poeta y compositor (“La rosa y el viento”, “Y sin embargo te quiero”, “Mi amigo”, “La loba”, “Ten cuidado”, “Ay pena, penita” o “Rosa venenosa”) también se recoge el incandescente “Te quiero, te quiero” que Nino Bravo inmortalizó en 1969 (obra de Rafael de León y Augusto Algueró, en un momento en el que los compositores de copla tuvieron la necesidad de buscarse un futuro en otros estilos) o dos piezas inéditas: “A manos llenas” (una rumba que con letra de Rafael de León y Manuel López-Quiroga Clavero fue musicalizada por Manuel López-Quiroga Miquel y quedó sin registrar) o “La lluvia proseguía” (un poema de Rafael de León al que Clara Montes quiso poner melodía y voz).

“La lluvia proseguía” es una copla otoñal, de tarde lluviosa y oscura -quizá de chimenea de leña en un salón caoba, o de habitación austera en un edificio viejo-, evocadora y sugerente. Está basada en un verso que Rafael de León escribió en 1930, a la temprana edad de 22 años, dedicado a Conchita Herrero y titulado “Lluvia”. El poema fue musicalizado en los años 30 aunque con escaso éxito. Clara Montes lo rescató 79 años después de su composición para volver musicalizarlo e incluirlo en un disco en homenaje al poeta sevillano.

Esta copla, a la que Clara Montes dio aire de bulería, es una doble declaración de amor en la que la lluvia siempre aparece como testigo del breve momento en el que dos enamorados se confiesan. Ella comienza con un “¡Te quiero!” al que le sigue un dudoso “¿Me querrías tú lo mismo?”. Él responde un “¡Para toda la vida!” y de nuevo otro “¡Te quiero!”, aunque finalmente el protagonista duda del sentimiento de ella y la lluvia reseña, como en todo el desarrollo del poema con los sentimientos variables, su duda amarga: “¡Para toda la vida! / dijiste sonriente / y una duda escondida / me atravesó la frente. / En la ventana oscura / la lluvia proseguía / rimando su amargura / con la amargura mía.”

“La lluvia proseguía” tiene también ciertas cadencias de bolero-rumba, con un nostálgico piano de “arpegio triste” -que dice la letra- y un cajón flamenco que va marcando su tiempo de bulería.

Con guitarras de Josemi y Carlos Carmona, percusión de Juan Carmona y Antonio Montoya, contrabajo de Yelsi Heredia, piano y programaciones de Adrian Schinoff y palmas de Carlos Carmona, Juan Carmona y Machuca, esta copla se rescata o se reinventa nueva y majestuosa en la voz siempre elegante de Clara Montes.

La madrileña, símbolo de sobriedad y sencillez sobre el escenario, aparecía en la portada de este disco con una chaqueta dorada de bordados negros y el pelo suelto, evocando cierto aire de nobleza (hay que recordar que Rafael de León fue Conde de Gómara, Marques del Moscoso y Marqués del Valle de la Reina). Además ha vestido la copla de diseñadores de la talla de Jesús del Pozo.

Para la copla es tiempo juego, de experimentación respetuosa. Clara Montes personifica el paradigma del menos es más y lo demuestra a manos llenas, en esta lluvia que tantos años después prosigue llorando en los cristales.

¡Te quiero!, me dijiste,
y la flor de tu mano
puso un arpegio triste
sobre el viejo piano.

En la ventana oscura
la lluvia sonreía...
Tamboril de dulzura,
gong de melancolía.

¿Me querrías tú lo mismo?
Y en tu voz apagada
hubo un dulce lirismo
de magnolia tronchada.

La lluvia proseguía
llamando en la ventana,
con una melodía
antigua de pavana.

La lluvia proseguía
llorando en los cristales,
cortina de agonía,
guadaña de rosales.

¡Para toda la vida!,
te dije sonriente.
Y una estrella encendida
te iluminó la frente.

Después, casi llorando,
yo te dije: ¡Te quiero!
Y me quedé mirando
tus pupilas de acero.

¡Para toda la vida!
dijiste sonriente,
y una duda escondida
me atravesó la frente.

En la ventana oscura
la lluvia proseguía,
rimando su amargura
con la amargura mía.

La lluvia proseguía
llamando en los cristales,
cortina de agonía,
guadaña de rosales.

La lluvia proseguía
llamando en la ventana,
con una melodía
antigua de pavana.

La lluvia proseguía
llamando en los cristales,
cortina de agonía,
guadaña de rosales.

¡Te quiero!, me dijiste…

Web de Clara Montes
Video de Clara Montes cantando “La lluvia proseguía”

5 dic 2010

Con el alma en los labios


Intérprete: Enrique Bumbury
Título: Con el alma en los labios
Autor: Rafael de Paz
Disco: Tatuaje
Año: 1999


"La copla ha sido un descubrimiento doloroso además, porque creo que existe en la memoria colectiva un..., por lo menos de determinada generación, quizá de la nuestra, sentimos que la copla es algo franquista, o es una música del régimen, que no nos representa. Yo creo que es nuestro tango. Ha habido una época, por los menos hasta finales de los años cuarenta o principios de los cincuenta, en los que los arreglos de la copla son fantásticos, y que los textos se pueden equiparar perfectamente al tango argentino."

Enrique Bunbury

Enrique Ortiz de Landázuri Izardui, nacido el 11 de agosto de 1967 en Zaragoza, es un cantante español que no pertenecería propiamente al género de la copla, más bien al ámbito de pop-rock nacional.

Conocido por su etapa como vocalista en el grupo Héroes del Silencio, Enrique Bunbury, tomó su apellido artístico de un personaje de Oscar Wilde en la obra literaria “La importancia de llamarse Ernesto”.

Su andadura musical comenzó a los 12 años, en los 80, etapa en la que ejerció como baterista, bajista o vocalista de diversos grupos emergentes. En 1984 alcanzó el triunfo junto a Juan Valdivia y Pedro Andreu, creando Héroes del Silencio, un grupo que marcaría la historia del pop-rock en España y que conseguiría incluir muchos de sus discos entre los 250 mejores álbumes del rock iberoamericano.

Con Héroes del Silencio estaría 12 años, desde 1984 hasta 1996, y por inquietudes musicales iniciaría su carrera en solitario editando su primer cedé en 1997, “Radical sonora”.

Por otro lado, la copla transcurría por su etapa más difícil. Corrían los años 90. Las primeras figuras hacía años que habían empezado retirarse y las que quedaban vigentes, habían tenido que evolucionar musicalmente hacia sonidos cercanos a la balada, el bolero o la canción melódica.

Carlos Cano y Martirio iniciaron en los 80 su particular cruzada a favor de una nueva copla, a veces, con escasa repercusión popular (lo que no quita calidad a su fortuita obra). Haciendo cosas muy puntuales, más cercanas al clasicismo, se encontraban Gracia Montes, Marifé de Triana o Macarena del Río. En la línea de las grandes sucesoras, Rocío Jurado o Isaben Pantoja, que por aquellos años grabaron varios álbumes de clásicos e incluso apostaron por coplas y autores nuevos: “Canciones de España. II” (1988), “La Lola se va a los puertos” (1992) o “Con mis cinco sentidos” (1998) en el caso de Rocío o “La canción española” (1990), “De nadie” (1993) o “A tu vera” (1999) en el de Isabel. A sus respectivas luchas discográficas hay que sumar el éxito de ambas en las películas que grabarían durante aquellos años, Rocío Jurado en “La Lola se va a los puertos” (1992) e Isabel Pantoja en “Yo soy esa” (1990) y “El día que nací yo” (1991). Por el panorama además deambularían otros artistas como Charo Reina, María Vidal, Patricia Vela o unos jovencísimos Carlos Vargas, Pasión Vega o Marta Quintero. También fallererían en esos años Juanita Reina, Lola Flores, Rafael Farina, Miguel de Molina, Bambino o Camarón de la Isla.

La compañía discográfica BMG decidía en 1999 apostar por una revisión original de la copla, ofreciéndola a través de artistas relevantes que ocupaban durante aquellos años el panorama musical español. Así quedaron registradas las particulares versiones de Antonio Carmona, Enrique Bunbury, Rosario, Luís Eduardo Aute, Antonio Vega, Joaquín Sabina, Marta Sánchez, Andrés Calamaro, Cristina del Valle, Victor Manuel, Malú, Javier Álvarez, Navajita Plateá o Ana Belén en coplas de la talla de “Ojos verdes”, “Con el alma en los labios”, “Te lo juro yo”, “Falsa monea”, “Ay pena, penita”, “La bien pagá”, “Y sin embargo te quiero”, “Rocío”, “María de la O”, “La Parrala”, “A tu vera”, “Ay Maricruz”, “Consolación la de Utrera” o “Tatuaje”. Cuatro años más tarde se volvería a repetir la experiencia, con nuevos artistas y nuevas coplas en “Tatuaje. II” (2003).

En el primer “Tatuaje” (1999), donde muchos de los clásicos tomaban un carácter sorprendentemente nuevo, Enrique Bunbury versionaba una hermosa y elegante obra de la triada de oro Quintero, León y Quiroga titulada “Con el alma en los labios”.

Esta copla fue estrenada por Concha Piquer, quien la grabó en 1947. Es un precioso vals-serenata, obra literaria de los poetas Rafael de León y Antonio Quintero, musicada por Manuel López-Quiroga. Estos tres autores formarían la triada áurea que compondrían la infinidad de clásicos con los que hoy cuenta este género y posiblemente, las canciones más importantes, hermosas y pasionales que se han hecho en la historia de España.

Esta bellísima pieza fue vestida para Concha Piquer con arreglos de marcha, casi procesional, ungida de sonidos sinfónicos y con tal gusto y delicadeza junto a la voz siempre precisa y afilada de la valenciana, que pronto pasaría a ser una de sus obras más reverenciadas.

Medio siglo más tarde no pudieron evitar versionarla artistas como Martirio en el disco “Coplas de madrugá” (1997), Pasión Vega en un trabajo al que además daba nombre: “Con el alma en los labios” (1997) o Enrique Bunbury en “Tatuaje” (1999).

Podemos considerarla una declaración de amor en toda regla. El poema trata la sinrazón de un/una protagonista que en primera persona se pregunta por el motivo de un amor tan apasionado. Declara con intensidad setimientos apasionantes en los que el/la protagonista no duda en retratarse como “El alero de un pájaro herido / que busca la sombra de tu corazón”. Su ansiedad llega hasta un punto en el que ese sentimiento le quema, necesitando encontrar una repuesta, un gesto curativo, en la otra persona: “Por eso a tus plantas / tu cariño imploro / igual que un milagro / se implora de Dios”. De nuevo León y Quintero (en este género al que le caben las pasiones más brutales), se superan poniendo el alma en los labios de el/la protagonista y haciéndole afirmar: “Si tú me quisieras / como yo te quiero / por toda vida / no habría de quedar amor / para nadie, / en el mundo entero, / ni sobre la tierra, / ni abajo del mar.”

La hermosa versión que nos legó Enrique Bunbury, con tiempos suavizados y más cercana a compases de vals, cuenta con un traje de guitarras acústicas, mandolinas y un acordeón que le aporta un aire nostálgico y afrancesado. Popularizada por el cantante zaragozano a finales del siglo XX, esta versión contó con la máxima devoción de su público, convirtiéndose en uno de los más aclamados éxitos del cantante.

“Con el alma en los labios” es otra de esas obras que nos asombran por la capacidad de aquellos músicos, poetas e intérpretes, de transmitir las sensaciones más encendidas. A veces me gustaría haber estado cerca de Concha Piquer para entender cómo en un país que diez años antes había sido destrozado por la Guerra Civil y que transcurría por una situación social tan crítica, se podían poner en pié tales maravillas, esquivando la censura del Régimen y haciendo cultura, historia, arte... Supongo que lo que yo siento al respecto debe ser ese séptimo cielo del que habla esta copla.

Te quiero yo tanto,
que nunca he podido
llegar a explicarme
cual es la razón.

Parezco el alero
de un pájaro herido,
que busca la sombra
de tu corazón.

Si tú me quisieras
como yo te adoro,
el séptimo cielo
sería de los dos.

Por eso a tus plantas
tu cariño imploro,
igual que un milagro
se implora de Dios.

Y al sentir que me quema
esta ansiedad febril
con el alma en los labios
te vuelvo a decir:

Si tú me quisieras
como yo te quiero,
por toda la vida
no habría de quedar amor
para nadie,
en el mundo entero,
ni sobre la tierra,
ni abajo del mar.

Y al sentir que me quema
esta ansiedad febril
con el alma en los labios
te vuelvo a decir:

Si tú me quisieras
como yo te quiero,
por toda la vida
no habría de quedar amor
para nadie,
en el mundo entero,
ni sobre la tierra,
ni abajo del mar.

Web de Enrique Bunbury
Video de Enrique Bunbury cantando “Con el alma en los labios”

28 nov 2010

Feriante


Intérprete: Isabel Pantoja
Título: Feriante
Letra: Ignacio Román
Música: Paco Cepero
Disco: Cambiar por ti
Año: 1983

“Mientras exista una madre que de a luz, la copla no va a morir.”

Isabel Pantoja


María Isabel Pantoja Martín nació el 2 de agosto de 1956 en el sevillano barrio de El Tardón, en Triana (Sevilla).

Su primera actuación en el Teatro San Fernando con tan sólo siete años con motivo de un homenaje a Juanito Valderrama y Dolores Abril, le valió el feliz premio de tres globos de gas. A esa edad Maribel (como la llaman coloquialmente) ya tenía coplas propias compuestas por el Maestro Rabay que decían:

Yo llevo a España en mis labios
y en mi pecho una canción,
que brota como una rosa
dentro de mi corazón.

Su padre, el compositor y cantaor Juan Pantoja, disconforme con que su hija fuese artista, tuvo que asumir el progresivo involucramiento de Isabel en el mundo del arte. Su madre, Ana Martín, bailaora profesional que trabajó junto a Pepe Pinto o La Niña de los Peines, marcó en Isabel una pasión terrible por el baile andaluz y la danza flamenca. Juan y Ana vieron los primeros pasos de la joven Isabel de la mano de su primo, en cantaor Antonio Cortés “Chiquetete”, cuando por primera vez en 1969 fue contratada en el tablao El Rombo de Palma de Mallorca durante unas vacaciones de verano y gracias a la fe que depositó en ella su abuelo.

En su niñez ya cantaba coplas de sus admiradas Concha Piquer, Juanita Reina, Lola Flores o Marifé de Triana. Fue estando en Sevilla cuando el empresario Baldomero Negrón decidió hablar con el poeta sevillano Rafael de León y con el músico cacereño Juan Solano (que por entonces trabajaban a destajo escribiendo coplas para Marifé de Triana, Gracia Montes, Macarena del Río, Bambino o Rocío Jurado en su estudio de Madrid). En la madrileña Calle Luna, en el estudio de la pareja musical, Isabel Pantoja cantó acompañada al piano por Juan Solano una copla que debió dejar asombrados a músico y poeta, tanto, que la joven Isabel pasó a ser alumna exclusiva de ambos durante un largo periodo donde se curtió como artista.

“Estuve ocho años de mi vida yendo a la calle La Luna a la una en punto de la tarde para ensayar hasta las cuatro y media o las cinco. Todos los días, aun trabajando en El Corral de la Morería, que me acostaba tarde porque el tablao era por la noche, a la una de la tarde tenía que estar en casa del Maestro Solano donde ya se incorporaba Don Rafael de León, y ahí pasábamos horas de arte maravillosas. Yo estrenaba, aunque no fuesen para mí, todas las canciones que componían para otras artistas. Yo era su niña, la que cantaba al piano todos los días. Y cuando no estaba bien, el Maestro Solano cerraba el piano y decía: “Hoy no estás bien. Hoy no quiero que ensayes”. Se enfadaba conmigo además, pero era maravilloso.”

Isabel Pantoja

Trabajó en El Corral de la Morería como bailaora. Hay que recordar que en aquellos años de dictadura en España, los artistas tenían que examinarse para obtener un carnet que les acreditase. Isabel Pantoja se examinó en los apartados de cante y baile, concediéndole el jurado ambos exitosamente.

Estando en El Corral de la Morería, un buen día le debieron pedir que cantase y tal fue el asombro de los allí presentes, que la hicieron primera figura del tablao. Pasó de cobrar 500 pesetas a cobrar 1500. El asombro del Maestro Solano lo llevó a dejar de componer para otras artistas y centrarse exclusivamente en la joven promesa. Mientras ensayaba, Isabel estrenaba todas las magníficas piezas que la pareja artística León-Solano componían para las primeras figuras de la copla.

Paralelo a la muerte de padre se gestó su primer disco, “Fue por tu voz” (1974), el primero de ocho que para ella escribirían principalmente León y Solano, aunque no faltarían en ellos piezas de la tripleta Ochaíta, Valerio y Solano, incluso en alguna ocasión versos musicalizados del poeta Manuel Benítez Carrasco o incursiones de los compositores Montoro, Castellanos o Sarmiento. De esta fructífera etapa de Isabel Pantoja (1974-1981) destacan obras como “El pájaro verde”, “Garlochí”, “Embrujá por tu querer”, “Ahora me ha tocado a mí”, “Niña Isabela”, “Doña María”, “22 abriles tengo”, “El señorito”, “¡Ay Torre, Torremolinos!”, “Qué bonita es mi niña”, “Ay Curro, Curro Romero”, “Esta pena mía”, “Isabel Pantoja”, “Al alimón” o “Aquella Carmen”.

Franco moría en 1975 y con su muerte se daba fin a un sistema de dictadura en España que había sumido el país en una profunda represión. El franquismo había intentado adueñarse de un género que nació durante la Segunda República (1920-1930) y que utilizó de forma propagandística, haciendo un terrible daño a la imagen de la copla. Por aquellos años, tras el fin de la dictadura, Isabel Pantoja se mostraba reivindicativa en un momento en el que a este género se le miraba con malos ojos. Vestía las coplas de León y Solano de su modista habitual, Lina, que hacía para ella un vestuario fresco y alejado de clichés, todo ello unido a un pelo largo y en ocasiones a una flor o un peinecillo que la reseñaban como folclórica.

El 9 de diciembre de 1982 moría en su casa de Madrid Rafael de León. Los artistas de copla se quedaban si el poeta más importante que posiblemente haya dado este género. Isabel Pantoja lanzaba ese mismo año un disco de sevillanas compuesto por Manuel Pareja Obregón: “Viva Triana” (1982), y otro al año siguiente producido y musicado de Paco Cerero con algunas letras de Ignacio Román: “Cambiar por ti” (1983). Más tarde José Luís Perales compondría para ella “Marinero de luces” (1985), el trabajo más emblemático de la artista (dedicado a la memoria de su marido, el torero Francisco Rivera “Paquirri”) u otros discos importantes alternando autores como Juan Gabriel o Manuel Alejandro, aunque todos ellos pertenecerán a otra etapa posterior.

“Feriante” es una copla que se incluye en el álbum “Cambiar por ti” (1983). Lo produciría el músico y guitarrista Paco Cerero y en él están presentes los ecos de la copla de los años 70 de la que venía la artista sevillana, impregnada de sonidos y formas modernistas, en ocasiones cercanas al pop. Cabe reseñar que ciertas candencias de la copla de Isabel Pantoja, podrían incluirse dentro de una ramificación de la copla que ha dado en llamarse copla-pop o copla-yeyé, a la que pertenecen artistas como Carmen Sevilla, Paquita Rico, Conchita Bautista, Encarnita Polo o Marisol.

Paco Cepero, es un guitarrista flamenco de jerez de la Frontera (Cádiz) que ha trabajado con cantaores de la talla de Manolo Caracol, Camarón de la Isla, El Lebrijano, Tío Borrico, El terremoto o La Perla de Cádiz. Para este trabajo Isabel Pantoja contó con la inestimable colaboración del compositor malagueño Ignacio Román en tres de los temas: “Feriante”, “Nada” y “Cambiar por ti”.

Ignacio Román es un poeta y literato de Málaga, autor de copla y de flamenco, que cuenta en su haber con más de 1.500 canciones grabadas por los más importantes artistas hispanos y musicadas por los mejores músicos de su época como Manuel López-Quiroga, Manuel Alejandro, Rafael Jaén, Manuel Gordillo, Francisco Naranjo, Augusto Algueró o Paco Cepero. De su puño y letra han salido coplas de la talla de “Quién dijo pena”, “Romance de Zamarrilla”, “Lola de España”, “Sangre de Reyes”, “Senda prohibida”, “Vendedora de coplas”, “Separaos”, "La Paula”, “Volveré” o “Consolación la de Utrera”.

La insólita pareja artística formada por Paco Cepero e Ignacio Román en “Feriante”, impregnan la copla de un gusto clásico y al tiempo fresco, conservador pero modernista, renovador y esencial, y paralelamente desprejuiciado.

La poesía de esta bulería narra la hermosa historia de amor entre una mujer de alta alcurnia, con apellidos, y un gitano feriante. Ella, Reina prometida en matrimonio, no duda en dirigirse al feriante desde su caballo, al que se entrega con deseo imperante: “Pero sí quisiera que me besaran tus labios / mientras que sigue la fiesta / y esta mi gente bailando...”. En actitud de entraga le pide que la lleve al río, que le bese la boca, que le haga olvidar sus apellidos y que galopen juntos a caballo por el campo. La entregada Reina termina asumiendo un amor imposible y el recuerdo apasionado de aquel gitano como “una herida de luna”.

La estampa, tan andaluza en esta letra de tintes románticos, reitera las diferencias entre ambas clases sociales. De nuevo un romance racial, entre gitanos y payos, como tantas coplas nos acostumbraron a lo largo del siglo XX. Una monarquía altiva que debe conservar su estatus y una raza gitana retratada por el poeta como trabajadora y de clase humilde. La situación se desarrolla en un paisaje no exento de lujuria, festivo y nocturno, en el que ella termina deseando lo prohibido. Una vez más, la mujer y su mundo interno, protagonistas en este género.

Isabel Pantoja es la última de una generación de divas que nació para la copla a mediados de siglo XX. Una generación que comenzó con Concha Piquer y que podríamos concluir en ella, todas, herederas de la poesía de Rafael de León. Recogió el legado de sus predecesoras y lo puso en valor en un momento de confusión, recién iniciada la democracia, en una España que arrastraba 40 años de fatigosa dictadura y que miraba su propia cultura con asqueante desprecio, con ojos ansiosos de progreso y con el perfume a Modernidad que rezumaba una Europa sustancialmente más avanzada.

A Isabel Pantoja le debemos haber evolucionado, revolucionado y reivindicado la copla en el último cuarto del siglo XX, en un momento en el que estaba cuajada de clichés injustos y en el que muy pocos eran quienes se interesaban por esta suerte de músicas a la que denominamos copla.

Luces de la feria, voy en mi caballo,
yo soy una Reina, tú eres un gitano.
Eres un feriante, vas por los caminos,
yo voy a casarme, dos mundos distintos.

Pero sí quisiera,
que me besaran tu labios,
mientras que sigue la fiesta
y está mi gente bailando.

Feriante, llévame al rió,
¡Que quiero volverme loca!
¡Que quiero besar tu boca
y olvidar mi apellidos!

Feriante, llévame al campo,
¡Que quiero soñar contigo!
¡Galopar por los caminos
sobre tu caballo blanco!

Feriante...,
¡Qué mala suerte!
¡Que nací para quererte
y no puedo ser tu amante!

Todo fue un mal sueno, cosas de la feria:
unos ojos negros, como dos candelas.
Sobre mi caballo, vuelvo con los míos,
apaga el gitano su fuego en el rió.

Fue un mal pensamiento
que pudo ser la locura,
y se quedó en mi recuerdo
como una herida de luna.

Feriante, llévame al rió,
¡Que quiero volverme loca!
¡Que quiero besar tu boca
y olvidar mi apellidos!

Feriante, llévame al campo,
¡Que quiero soñar contigo!
¡Galopar por los caminos
sobre tu caballo blanco!

Feriante...,
¡Qué mala suerte!
¡Que nací para quererte
y no puedo ser tu amante!


Web de Isabel Pantoja
Video de Isabel Pantoja cantado “Feriante”

23 nov 2010

Las morillas de Jaén


Intérprete: Antonio Cortés
Título: Las morillas de Jaén
(Tres morillas)
Autores: Popular / Federico García Lorca
Disco: Lo que a mí me está pasando
Año: 2010



"Hago copla con ritmos y arreglos muy actuales. No es que quiera reivenar la copla, pero sí que me gusta rescatar del baúl de los recuerdos temas clásicos y darles mi toque particular."

Antonio Cortés

Nació en Rumania. Con un año y medio ya vivía en Nerja (Málaga), adoptado por una familia andaluza de clase humilde, causa por la cual este rumano afincado en Andalucía se siente nerjeño de cepa pura.

Lo suyo con la música debió acontecer inesperadamente, casi de forma vengativa, como él mismo cuenta:

“Llegaba con las notas en la mano. Eran malísimas, de manera que lo primero que hizo mi madre fue castigarme en lo que más me dolía y me prohibió salir ese año de penitencia en mi cofradía. Decidí vengarme de una manera muy especial y, hoy me produce ternura, muy infantil. Decidí cantar una Saeta a mi Cristo, mi primera saeta, desde el balcón de casa de mi abuela. A mi pueblo le gustó tanto, que, durante tres años, toda Nerja se ha estado congregando en la calle de Las Angustias para oírme cantar al paso de mi cofradía.”

Antonio Cortés


El cante debió ir arraigando en su ser y fue en 2007 cuando se presentó a la primera edición de un concurso televisivo de copla que se estrenaba en Canal Sur Andalucía, donde adquirió gran popularidad y se alzó con el segundo puesto, lo cual le valió importantes giras y la oportunidad de grabar su primer disco a largo plazo.

“Lo que a mí me está pasando” (2010) es el primer trabajo discográfico de Antonio Cortés, producido por el músico algecireño Chico Valdivia. En él revisa importantes clásicos del género como “Mi niña Lola”, “Romance de valentía”, “Carcelero, carcelero”, “Con los bracitos en cruz” (que incluye una nana cantada en rumano), “No me tires indiré” o una tan desconocida como hermosa pieza que Marifé de Triana registró en 1958 titulada “Ya no sé querer”, cuyo poema además da título al álbum. Del mismo modo incluye temas inéditos “cantados a modo de copla” -dice Antonio Cortés-, como “Herido de muerte”, “No puedo vivir sin ti”, “Quién tiene la culpa” o un íntimo “Padre”. Dos versiones más se suman al total del cedé, una de Enrique Urquijo titulada “Agárrate a mí, María” y el incombustible bolero de Richard Dannenberg, “Corazón loco”.

Entre las piezas que podríamos considerar dentro del ámbito de la copla, también se encuentra “Tres morillas”, una popular obra que lleva el sello literario del internacional poeta granadino Federico García Lorca.

Sobre 1930, Lorca recogió y adaptó poéticamente once de las doce canciones populares que grabó en 1931 La Argentinita. Recogidas en cinco discos gramofónicos, el trabajo, denominado Colección de Canciones Populares de España, es el único registro con un insólito piano tocado por Federico García Lorca.

La argentinita fue una bailarina, coreógrafa y bailaora de flamenco hispanoargentina, hija de emigrantes españoles, que volvió a España en el año 1901. Tras su primera actuación en público en el Teatro-Circo de San Sebastián, recibió el sobrenombre de La Argentinita. Fue entonces cuando devino una larga gira por los principales teatros de España como niña prodigio, conjugando el tango con el flamenco o las bulerías con los boleros en una suerte de músicas que resultaron novedosas para la época.

Su renovación artística, con piezas adaptadas a la tradición popular por intelectuales de la Generación del 27, recorrió las principales ciudades de Europa. Participó en relevantes movimientos de la mano de Rafael Alberti, Federico García Lorca, Edgar Neville o Ignacio Sánchez Mejías.

Con la llegada de la Segunda República Española formó su propia compañía de baile y fue en 1931 cuando grabó el disco titulado Colección de Canciones Populares de España, en el que Federico García Lorca adaptó once de las doce letras populares (exceptuando “Sones de Asturias”) y la acompañó al piano con notable.

Cuentan que de no haberse dedicado a la poesía, Lorca, hubiese llegado a ser un magno pianista. Podría considerarse esta grabación el documento sonoro más personal del poeta de Granada. En ella se encuentran las populares “Zorongo gitano”, “Anda jaleo”, “Sevillanas del siglo XVIII”, “Los cuatro muleros”, “Nana de Sevilla”, “Romance Pascual de los Pelegrinitos”, “En el Café de Chinitas”, “Las morillas de Jaén”, “Romance de los mozos de Monleón”, “Las tres hojas”, “Sones de Asturias” y “Aires de Castilla”.

Las “Tres morillas” que analizamos, tienen como nombre original “Las morillas de Jaén” y es una adaptación que Federico García Lorca hizo de una canción popular del siglo XV.

En el poema un mozo en primera persona se enamora de tres morillas cristianas de nombre Axa, Fátima y Marién, que van a Jaén a la recogida de la aceituna. Allí encuentran ya recogido el verde fruto y del disgusto vuelven “desmaídas” y con “las colores perdidas”. Algo similar sucede con la cosecha de la manzana (en el poema original se cita, aunque en las versiones musicalizadas suele omitirse, y dice: “Tres moricas tan lozanas / iban a coger manzanas / y hallábanlas tomadas / en Jaén: / Axa y fátima y Marién.”). El mozo, entre romántica y lorquianamente pregunta: “¿Quién sois, señoras, / de mi vida robadoras?” Y ellas humildemente no responden más que con sus nombres y afirmado: “Cristianas que éramos moras en Jaén”.

Debemos situar esta copla dentro de una Andalucía que aunque para entonces ya estaba dominada por los Reyes Católicos, seguía contando con un profundo arraigo musulmán. La recogida de la manzana y de la aceituna, además, nos posicionan frente a un paisaje entre otoñal e invernal, propio de estas fechas.

Antonio Cortés nos deja una hermosa versión de “Las morillas de Jaén”, con arreglos étnicos, de fusión y programaciones, la guitarra flamenca de José Manuel León, la batería y percusión de Sergio Martínez, el bajo de José Manuel Posada “Popo”, el violonchelo de José Luís López, los teclados y pianos de Chico Valdivia, un destacado violín de Nin Vargas y su voz gorda y caracolera.

Las versiones del disco completo que Federico García Lorca hizo junto a La Argentinita son incontables, desde Manuel de Falla con Joaquín Rodrigo a Teresa Berganza junto a Narciso Yepes, Enrique Granados, Rafael Catalá, Paco Ibáñez, Paco de Lucía, Nati Mistral, Victoria de los Ángeles junto al piano de Miguel Zanetti, Ana Belén, Evoeh o Diana Navarro. A todas estas versiones de “Las morillas de Jaén” hay que sumar las de artistas internacionales que han revisado a Lorca, las de innumerables grupos, formaciones musicales y coros populares (nacionales e internacionales), como Divadams, Duo Florecer, Toni Xuclà con Adolfo Osta, Núria Chocq Mampel con Christian Locussol, Zurbrügg, Catherine Sury con Manuel Calderón, Jacques Burtin, Bernard Wystraëte con Cristina Delume o Toni Cotolí... y un largo e interminable etcétera.

De nuevo Lorca para la copla en esta hermosa zambra que evoca los paisajes mediterráneos, jienenses, de nuestra cultura eterna del oro líquido, que comenzó con los griegos, dominando los paisajes, convirtiendo el bosque en lugar, ordenándolo de olivos, reticulados, plateados, retorcidos hasta la agonía por la tortura de los fuertes inviernos y el sol imponente de verano. Miguel Hernández diría: “No los levantó la nada, / ni el dinero, ni el Señor, / si no la tierra callada, / el trabajo y el sudor”.

Para aquellas manos pardas que durante tantos siglos han trabajado en la oliva y con su sudor, regado de dignidad y honor las tierras de Jaén.

Tres morillas me enamoran
en Jaén:
Axa y Fátima y Marién.

Tres morillas tan garridas
iban a coger olivas,
y hallábanlas cogidas
en Jaén:
Axa y Fátima y Marién.

Y hallábanlas cogidas
y tornabas desmaidas
y las colores perdidas
en Jaén:
Axa y Fátima y Marién.

Tres moricas tan lozanas
iban a coger manzanas
a Jaén:
Axa y Fátima y Marién.

Díjeles: ¿Quién sois, señoras,
de mi vida robadoras?
Cristianas que éramos moras
en Jaén:
Axa y Fátima y Marién.


Web de Antonio Cortés

21 nov 2010

Separaos


Intérprete: Marta Quintero
Título: Separaos
Letra: Ignacio Román
Música: Rafael Jaén
Disco: Te sigo amando
Año: 2003

"La copla es algo que me reclama el público, y yo la hago encantada."

Marta Quintero

Nació en el pueblo sevillano de La Rinconada el 18 de noviembre de 1982. No cabe duda de que Marta Quintero se educó en las formas de la copla. En su familia el ambiente musical marcó sobremanera. Su padre cantaba y tocaba la batería y su madre (una de las tantas admiradoras de Marifé de Triana) también cantaba copla, igual que sus abuelos, grandes aficionados.

Marta Quintero hizo a los 8 años su primera actuación como alumna de Adelita Domingo. Con 9 empezó a educarse musicalmente en un Conservatorio, con 11 ofreció su primera aparición televisiva y con 13 ganó la segunda edición del Certamen de Copla del Campo de Gibraltar. Las posteriores apariciones de Marta Quintero en el programa de Canal Sur presentado por Marifé de Triana, “Lo que yo te cante”, la encumbraron como una de las mejores voces de la nueva copla o canción andaluza.

En 1997 Televisión Española convocó un concurso nacional de nuevos valores llamado “Hale bopp”. Entre los cientos de aspirantes, siendo ella la más joven, la artista rinconera ganó la primera plaza y se alzó con el importante premio de 7 millones de pesetas.

Ese mismo año firmó con la compañía discográfica andaluza Senador su primer contrato. José Pive Amador (quien ya la seguía desde su primera aparición televisiva a los 11) y José Miguel Álvarez, produjeron su primer disco: “Una cantaora” (1997). En él abordaron clásicos que vistieron de arreglos frescos y modernistas como “Te lo juro yo”, “Tengo miedo”, “Y sin embargo te quiero”, “Una cantaora”, “Tientos del cariño”, “Me embrujaste”, “La Lirio”, “Quién dijo pena”, “Elvira la cantaora” o “Torre de arena”. Cuentan que hubo que esperar a que la joven sevillana cumpliese los 15 para iniciar la grabación de su primer cedé, y que así fue el mísmo día de su cumpleaños.

Posteriormente “Llama de amor” (1999), “Te sigo amando” (2003) o “Besos de miel” (2005), han sido trabajos en los que ha intercalado rumbas, bulerías, coplas o sevillanas populares con temas inéditos compuestos por Miguel Moyares o José Luís Figuereo, más conocido popularmente como “El Barrio”. En 2007 su carrera dio importante giro con “No te olvido” (2007), un trabajo íntegramente inédito en el que experimentaba con un sonido de pop-rock andaluz. En la misma línea publicaría dos años más tarde “Dulce otoño” (2009).

Marta Quintero jamás olvidó la copla. En el disco “Te sigo amando” (2003) publicaba cinco clásicos más, “Separaos”, “Cárcel de oro”, “No puedo vivir contigo”, “Tientos del reloj” o “Falsa monea”, así como otras piezas cercanas al género, como una versión de las hermosas sevillanas de Eva Santamaría tituladas “El afilaó” o un tema que Manuel Alejandro compuso para Isabel Pantoja titulado “Desde que vivo con otro”.

“Separaos” son unos hermosos tientos con letra del poeta malagueño Ignacio Román y con música de Rafael Jaén que estrenó Marifé de Triana en 1967.

Ignacio Román es un poeta y literato de Málaga, autor de copla y flamenco, que cuenta en su haber con más de 1.500 canciones grabadas por los más importantes artistas hispanos y musicadas por los mejores músicos de su época, como Manuel López-Quiroga, Manuel Alejandro, Rafael Jaén, Manuel Gordillo, Francisco Naranjo o Augusto Algueró. En el grueso de su aportación a la copla se encuentran “Quién dijo pena”, “Romance de Zamarrilla”, “Lola de España”, “Feriante”, “Nada”, “Cambiar por ti”, “Sangre de Reyes”, “Senda prohibida”, “Vendedora de coplas”, “Separaos”, "La Paula”, “Voveré”, “Falsa”, “Cada minuto una vez más”, “Cosas de chavales” o “Consolación la de Utrera”.

Rafael Jaén por otro lado, fue un músico gaditano nacido en La Línea de la Concepción y que musicó letras para artistas como Manolo Escobar, Lolita Sevilla, Imperio Argentina, Juanita Reina o Marifé de Triana. En su haber se encuentran “Mi carro”, “Quién dijo pena”, “Tira tu silencio al río”, “Jarrito”, “Nardo con bata de cola”, “Separaos” o “Española y gaditana”.

El dúo artístico formado por Ignacio Román y Rafael Jaén dio como resultado “Separaos”, una copla que registró por primera vez Marifé de Triana en un EP de 1967 junto a tres coplas más, “Tengo miedo”, “Desesperada” y “Tú me hiciste de ese modo”.

El poema sitúa a la intérprete femenina como protagonista, quien empieza describiendo en forma de anhelo la situación que surge cuando se cruza con el hombre que amó, ese que ahora “como si tal cosa” pasa a su lado. Condenados a vivir en el recuerdo, repite un doloroso “separaos” después de descubrirnos que él marchó “buscando unos besos”, y claro, pronto se revela casi maldiciéndolo: “El corazón se le pare / si pide clemencia para su persona / antes me falte hasta el aire / que verme a su vera, ni en la misma gloria”. La interprete, protagonista y sufridora, retrata la imagen de una mujer que durante los años de dictadura era víctima del machismo imperante y del engaño, aunque en este caso y llorando en silencio, sabe poner un punto final tras la mentira. De nuevo la mujer, heroína y protagonista de este género, sufridora, en tantas letras.

Esta copla ha sido interpretada también por Carmen del Alba o Eva Román. Versiones maravillosas nos las han dejado Marta Quintero, con arreglos más modernitas e interpretación purista y apasionante, o Diana Navarro, quien incluyó un escalofriante fragmento a capella en su disco “Camino verde” (2008) en homenaje a su paisano y autor, el poeta malagueño Ignacio Román.

Ese que va por la calle,
que pasa y me mira como si tal cosa,
era mi vida y mi sangre,
mi norte y mi guía, mi pena y mi gloria.

Le di la flor del cariño,
el alma entera le di.
Puede ser que al final del camino
se acuerde de mí.

Separaos, igual que dos enemigos.
Separaos, como la ortiga y el trigo.
A vivir con aquel recuerdo
los dos vamos condenados,
y a pasar frente a frente sin vernos,
igual que dos ciegos.

Separaos, por tu delito y mi pena.
Separaos, con mi dolor por frontera.
Que se fue sin decirme hasta luego,
buscando unos besos que nos tienen separaos.

El corazón se le pare
si pide clemencia para su persona,
antes me falte hasta el aire
que verme a su vera ni en la misma gloria.

Pedí perdón sin motivo,
después lloré y supliqué.
Y su amor no merece un suspiro,
que yo bien lo sé.

Separaos, y sé que sueña conmigo.
Separaos, como quien cumple un castigo.
Me pidió perdón por aquello
que casi estaba olvidao,
y mi amor que lloraba en silencio
gritó con desprecio:

Separaos, aunque me muera y te mueras.
Separaos, aunque la sangre te duela.
A pasar por la vida sin verlo,
ni vivo ni muerto, pa’ los restos, separaos.

Web de Marta Quintero

12 nov 2010

¡Más de 30.000 visitas!


¡30.000 gracias!

Hace unos días me decía entre zalemas un muchacho sevillano de 15 años: “¿Ah, pero también existen unas habaneras dedicadas a Sevilla? ¡No lo sabía!” Y entusiasmado continuó: “¡Aprendo más en tu blog que en el Instituto!”. Los dos carcajeamos simpáticamente. Claro que a mí eso me encantó.

Cuánta historia revisada para entender este género, cuántos libros de poesía devorados, cuánta alta costura, cuántas influencias musicales de época, cuánto paladar educado en los sabores infinitos, cuántos prejuicios fusilados, cuántos periódicos viejos, cuánta ironía… cuántas horas!

El muchacho insistía: “Me encanta tu blog porque ofreces una visión abierta de la copla”. Aquello me hizo sentirme bastante satisfecho, la verdad -que no conforme-, y proseguía: “Gracias a ti la copla es un poco menos desconocida”. Me quedé perplejo y lo agradecí, pero uno es conciente de sus limitaciones y quizá por eso tenga la necesidad de pedir disculpas. No soy la persona más capacitada para enfrentarme a tantas significancias como le caben a este género y por mi ignorancia -y mi atrevimiento-, de veras, mis más sincero perdón.

Hay algo en esta música que me convoca. Parafraseando alguna que otra emblemática pieza, al escucharla “me duele hasta la sangre” y “desde el alma hasta la boca, se me sube el corazón”. Sucede que en Andalucía, lo popular es exquisito, y ante eso todos tenemos la necesidad de rendirnos.

Gracias de corazón por estas 30.000 visitas. Me siento terriblemente feliz por la gente que este blog me ha dado la oportunidad de conocer, a quienes a estas alturas no tengo la menor duda de consideraros mis amigos.

Mil gracias a cada uno de los amáis la copla con el cerebro y sin prejuicios. A quienes disfrutáis sus valores porque los sentís como vuestros y la defendéis de las injustas connotaciones. Gracias también a los artistas que no sólo se pasan a visitarnos, si no que además -a parte de brindarme su amistad- han contribuido a difundir esta página a través de sus medios, privada o públicamente. Hago referencia a Miguel Poveda, Diana Navarro, Pasión Vega, Pastora Soler, La Shica, Clara Montes, Martirio, Juan Valderrama o Mª José Santiago, así como al séquito de acérrimos y admiradores que les siguen incondicionalmente (igual que a ellos, a otros que no he nombrado, como Rocío Jurado, Isabel Pantoja, Carlos Cano, Concha Piquer, Marifé de Triana, Miguel de Molina, Gracia Montes… en fin, tantos y tantos).

Espero tener el tiempo suficiente como para seguir luchando por poner en pie nuestro patrimonio y encontrarme con vostros de nuevo aquí. Os quiere de verdad, a todos y cada uno: "
limosnadeamores"

7 nov 2010

Habaneras de Sevilla


Intérpretes: María Dolores Pradera y Carlos Cano
Título: Habaneras de Sevilla
Letra: Antonio Burgos
Música: Carlos Cano
Disco: A mis amigos
Año: 1990



"María Dolores Pradera ha hecho más por la común cultura de nuestros pueblos hispanos que muchos organismos oficialmente dedicados a la cuestión."

Antonio Burgos

Siempre fueron amigos dentro y fuera del escenario. Ella nació en Madrid el 29 de agosto de 1923 y él en Granada el 28 de enero de 1946. María Dolores Pradera y Carlos Cano se profesaron a lo largo de sus prolíficas carreras musicales verdadera admiración.

La voz limpia de ella, cercana a la categoría de las Damas más relevantes de la escena internacional, así como sus dotes interpretativas registradas en una extensa filmografía, pronto la consagrarían como una de las artistas españolas más internacionales y relevantes.

Él venía de la poesía, de hacer una canción protesta que con el tiempo evolucionaría hasta integrarse dentro de la canción popular, la copla. En ella encontró un origen. Rápidamente se convirtió en el trovador del pueblo andaluz, reivindicativo y defensor de los valores populares, comprometido con la realidad política y social. Con el tiempo Carlos Cano reposicionaría la copla en un momento en el que el género empezaba a desvirtuarse, no sólo por la apropiación injusta que de él hizo el Régimen de Franco (abundando en la pandereta, el volante y el “¡Viva la Virgen!”), si no porque las grandes divas, ofertaban una imagen exclusivamente dramática y los divismos, en la copla, empezaban a afectar.

En su lucha, Carlos Cano, cantor y autor de la mayoría de sus temas, musicó poemas de Federico García Lorca y también cantó letras del periodista y escritor Antonio Burgos. Este último compuso para él las emblemáticas “Habaneras de Cádiz”, así como “A Rafael de León”, “Proclamación de la copla”, “Copla de seises”, “Pasan los campanilleros” o “Habaneras de Sevilla”.

Tanto Carlos Cano como Antonio Burgos, encontrarían en las habaneras una forma musical que siempre había sido inherente a la copla y que ofertaba la posibilidad de recrear esas “coplas de ida y vuelta” de las que tanto gustaban ambos.

La Habanera es un tipo de canción originada en Cuba a finales del siglo XIX, de ritmo lento y compás cuaternario. Lo que posiblemente cautivó a Carlos Cano de este género es que su estilo musical siempre ha sido utilizado por coros, bandas, corales, tunas o rondallas, algo que enganchaba directamente con lo popular.

Cada una de las habaneras del granadino estaba dedicada a una ciudad que para él había sido importante. Así nacieron “Habaneras de Cádiz”, “Habaneras de Sevilla”, “Habanera imposible” (A Granada), “Habaneras de La Habana” o “Habaneras de Nueva York”.

Tras el éxito de “Habaneras de Cádiz”, que fue la primera, editada en el disco “Cuaderno de coplas” (1985), Antonio Burgos compuso para Carlos Cano “Habaneras de Sevilla”. Fue editada en uno de sus trabajos más emblemáticos, “Quédate con la copla” (1987), en el que también incluiría su eterna “María la portuguesa”.

“María Dolores Pradera también ha sido como un galeón de la Carrera de Indias que nos ha traído en los hondones de su memoria todo el tesoro de la música popular hispanoamericana de las últimas décadas. María Dolores de ida y vuelta, como los cantes flamencos que anduvieron de un lado a otro de la mar, las milongas, las colombianas, las guajiras, mucha España en América y mucha América en España.”

Antonio Burgos


María Dolores Pradera ha ido dejando constancia en numerosas ocasiones de la admiración que ha sentido por Carlos Cano, y viceversa. Así sucedió cuando interpretó junto a él en directo “María la portuguesa”, cuando grabaron juntos “Habaneras de Cádiz” o “Habaneras de Sevilla”, cuando Carlos Cano le dedicó una canción que llevaba su propio nombre, titulada “María Dolores Pradera”, cuando tras la muerte de Carlos Cano cantó con Joaquín Sabina “María la Portuguesa” en los Premios de la Música, o cuando inmediatamente dedicó un disco a la memoria del trobador granadino en 2001.

“Habaneras de Sevilla” es una copla, con letra de Antonio Burgos, que habla de una historia de amor en la que un cubano recuerda a la niña sevillana de la que se enamoró. Debió llegar a la capital andaluza a consecuencia del comercio marítimo que se generó entre ambas tierras, Europa y América, hacia el siglo XIX, cuando las goletas y los bergantines ocupaban parte del Guadalquivir y Sevilla era la puerta de acceso al viejo continente. La hermosa obra, dulce y caoba, se lanza en el estribillo por sevillanas para reseñar la tierra a la que alude.

Carlos Cano la grabó en 1987, pero años más tarde la grabaría junto a María Dolores Pradera, quien la editaría en un disco titulado “A mis amigos” (1990). El buen hacer de Antonio Burgos para la copla, el compromiso de Carlos Cano con este género y los coqueteos que con él ha tenido a lo largo de su carrera María Dolores Pradera, dan como resultado esta delicia, estos cantes de ida y vuelta, cálidos, que siempre se impregnan de mar. Otra artista, internacional, que se ha rendido a los encantos de la copla y que ahora prepara un disco completo de clásicos del género.

Aún recuerdo el piano
de aquella niña
que había en Sevilla,
la novia del embarcado
nunca la siesta dormía.

Sola en los corredores de mecedora,
de consola y lorito sueña el querer,
que a Cuba se fue,
y aquella mujer
está tocando el piano;
escriben sus blancas manos
cartas de amores
que han de volver.

Ay, goleta antillana,
ay, cuánto lo quería.
Que era trigo su pelo cuando embarcaba,
que era nieve el pañuelo que adiós decía.

Ay, suspira la fuente,
ay, dormita el pregón.

La copla de un pianillo
se va metiendo por los balcones,
navegan los galeones
que hay en los cuadros del corredor.

Se bambolea
la goleta en el río,
se bambolea,
que viene de Sanlúcar
con la marea.

Viva Sevilla
y los barcos que salen
pa' las Antillas.

Viva Triana
y los barcos que vienen
desde La Habana.

Se calla el pianillo,
tras los visillos
suena el piano,
qué dulce lo toca ahora
la novia del embarcado.

Las mecedoras bailan sus habaneras,
con su son de caoba, manigua y ron,
y se abre el balcón,
suspira el pregón.
¡Ay, barrio del Baratillo!
Tiene color de Murillo
la siesta triste
de aquel salón.

Ay, novio marinero,
ay, capitán de mi puerto.
Qué blancas son las velas de tu goleta,
qué secretas las penas de mi pañuelo.

Ay, que se fue pa' Cuba,
ay, que venga por Dios.

Que venga por el río,
con su goleta, desde Sanlúcar,
que esta copla de azúcar
pone más dulce mi corazón.

Se bambolea
la goleta en el río,
se bambolea,
que viene de Sanlúcar
con la marea.

Viva Sevilla
y los barcos que salen
pa' las Antillas.

24 oct 2010

Con ansia yo te busqué


Intérprete: María Espinosa
Título: Con ansia yo te busqué
Autor: Manuel Conde
Disco: Para ti
Año: 2009

"Es estupendo que generación tras generación no se pierdan las raices. Para mí es un orgullo llevar un tributo a la copla durate mis actuaciones"

María Espinosa


María Espinosa de los Monteros Pérez, nació en Lora del Río (Sevilla) el 8 de enero de 1996. Cuentan que con a penas tres años cantaba ya piezas del repertorio clásico como “María de la O” o “Un clavel”, lo que pronosticaría la pasión que más tarde evidenciaría a favor de un género que defiende con jubilosas cualidades.

Con diez años se presentó a un primer concurso televisivo y desde entonces, ha seguido participando en otros que la han dado a conocer, especialmente en Andalucía.

De forma paralela María Espinosa ha actuado a lo largo y ancho de la geografía andaluza, ganando en ocasiones premios como el de Amigos de la copla (Málaga), la Federación de Peñas Caños Dorados (Córdoba) o el de Huertecillas Mañas (Málaga).

En 2009 grabó su primer trabajo discográfico, titulado “Para ti” (2009), a la temprana edad de 13 años. En él apostaba por una copla modernista y se atrevía con creaciones de Pastora Soler como “Quién” o “Después de todo”. También versionaba otras recientes de Diana Navarro como “Sola” o “A Caracol y Valderrama” y mantenía los arreglos de Buika en “Mi niña Lola”, así como los de Marta Quintero en “Te lo juro yo” o los de Rocío Jurado en “Mi amigo”. Además, dos temas a dúo con Tony Mateo, cierran el trabajo con sonidos baladísticos.

El único tema inédito que incluye el cedé se titula “Con ansia yo te busqué”, una composición del sevillano Manuel Conde con arreglos de Rubén Cárdenas. Esta copla, que podemos situar en la larga estela, dramática e interpretativa, de las creaciones de Marifé de Triana, narra la historia de una mujer que por no tener a la persona que ama, prefiere la muerte.

Las cualidades vocales de María Espinosa convierten esta pieza en una copla que suena totalmente a clásico. En nuestra defensa por un género autóctono, igual que reivindicamos el buen hacer de artistas consagrados, también apoyamos a figuras emergentes, que muestran un potencial cautivador.

El río de María Espinosa suena a gloria. Su segundo disco ya está en marcha y no dudamos de que contribuirá a la renovación de este género, por su capacidad y sus formas.

Aquella noche sin luna
con ansías yo te busqué.
Tuve la mala fortuna
que ya nunca te encontré.

Sangre de mi sangre.
Vida de mi vida.
Eres mi tormento,
y mi sufrimiento,
y la pena mía…

Malditos celos, qué mala suerte.
¿Por qué te quiero de corazón?
Si no te tengo prefiero la muerte.
Estoy sufriendo un profundo dolor.

Malditos celos. ¿Porqué te fuiste
sin un motivo, ni explicación?
Si no te tengo prefiero la muerte.
Estoy sufriendo un profundo dolor.

Web de María Espinosa
Video de María Espinosa cantando “Con ansia yo te busqué”

17 oct 2010

En el último minuto


Intérprete: Miguel Poveda
Título: En el último minuto
Letra: Rafael de León
Música: Juan Solano
Disco: Coplas del querer
Año: 2009

“Nunca he considerado la copla como un género menor”

Miguel Poveda

Por La radio de su madre salía la voz rancia de Manolo Caracol, la campana de bronce de la garganta de Rafael Farina, la dicción perfecta de Concha Piquer, la majestad sevillana de Juana Reina o la originalidad flamenca de Bambino.

Llegó a su matriz flamenca gracias a la copla. Los flirteos con un género que formaba parte de su infancia han sido constantes a lo largo de una carrera versátil, en la que las continuas huidas hacia otras músicas desde un posicionamiento vital como cantaor, le han valido el sobrenombre de El cantaor de los muchos trajes.

Miguel Ángel Poveda León nació en Barcelona (Cataluña), el 13 de febrero de 1976. Su condición de catalán y de payo, siempre reseñada por la crítica, caminó en su contra durante algún tiempo a pesar de que hoy se haya convertido en un aliciente a favor de la versatilidad de su flamenco y de la construcción del “mito Poveda”.

Su afición por el cante le hicieron grabar de forma casera coplas y cantes que escuchaba en la radio de su madre, una vivencia a la que más tarde rendiría homenaje en el disco “Tierra en calma” (2006) en forma de coplerías.

Los inicios del genio de Badalona se remontan a sus 15 años, cuando por primer vez se sube al Tablao de Nª Señora de de la Esperanza en Badalona y más tarde al Tablao El Cordobés de Las Ramblas. Pero su redención como cantaor llegaría en 1993, año en el que participaría en el 33 Festival de las Minas de la Unión (Murcia), donde no sólo se llevaría el más cotizado galardón que puede otorgársele a un cantaor flamenco, la Lámpara Minera, si no que se alzaría con los premios en las modalidades de La cartagenera, La malagueña y La soleá, todo ello sin contar que a día de hoy una de las calles de La Unión lleva su nombre.

El mundo conservador del flamenco no le tendió precisamente puentes a su talento (con excepciones puntuales), pero a su ascendente carrera le siguió la grabación de su primer trabajo “Viento del Este” (1995), con Moraíto, Pepe Habichuela y Julián “El Califa”. A sus primeras giras por festivales, bienales de flamenco, incluso viajes a Japón o espectáculos basados en obras de poetas de la Generación del 27, le seguiría su segundo trabajo, “Suena flamenco” (1998), nominado en 2000 al Gramy Latino. En él colaboraría por primera vez el guitarrista Juan Gómez Chicuelo y el pianista Joan Albert Amargós, quien haría los arreglos a piano de tres coplas de Manolo Caracol: “La Salvaora”, “Romance de Juan Osuna” y “La niña de fuego”, los cuales en principio estaban destinados a Chano Domínguez.

“Zaguán” (2001) contendría un hermoso pregón de Manolo Caracol, el cual adaptaría el propio cantaor titulándolo “El uvero”. Así, tras su gira por Miami, Chicago, Nueva York o Washington, Miguel Poveda iría dejando constancia de su raíz flamenca en la copla. “Poemas del exilio” (2003), un disco en directo de poemas de Rafael Alberti y arreglos sinfónicos de Enric Palomar, seguiría revolucionando el flamenco y su carrera con buen paladar. Pero para revolución y riesgo el que asumió con “Desglaç” (2005), donde dio vida a poemas en catalán de Jacint Verdaguer, Valentí Gómez i Oliver, Joan Margarit, Maria Mercè Marçal, Joan Brossa, Enric Casasses, Narcís Comadira, Joan Barceló, Josep Piera, Sebastià Alzamora y Gabriel Ferrater. Un disco al que lloverían los elogios, quizá entre los más preciados, el de Enrique Morente.

Un año más tarde y con Juan Carlos Romero llegará “Tierra en calma” (2006), también nominado al Gramy Latino. En él interpretará su popular “Alfileres de colores” junto a Diego Carrasco y de nuevo, pincelará algo de copla con “La radio de mi madre”, lo que no será más que una estrofa de la copla de Quintero, León y Quiroga “Limosna de amores” hecha por bulerías y a la que añadirá una retahíla de títulos del género.

Con la copla a cuestas llegará “Cante i orquestra” (2008), un disco en directo junto a Chicuelo y Joan Albert Amargós de arreglos flamenco-sinfónicos y en el que interpretará coplas de La Paquera de Jerez como “Esos 4 capotes” o el danzón cubano “Te lo juro yo” de Miguel de Molina.

Pero finalmente Miguel Poveda decide apostar por un género que había formado parte de su infancia y gracias al cual accedió al flamenco. Igual que Manolo Caracol, Angelillo, Rafael Farina, Juanito Valderrama o Antonio Molina, cantaores que en un momento dado tuvieron la necesidad de hacer copla desde sus particulares facultades flamencas, Miguel Poveda decide tomar el mismo rumbo y grabar “Coplas del querer” (2009).

“Miguel Poveda vuelve a un género que siente muy suyo. Este estilo parte de una infancia musical en la que antes que el “Dark side of the moon” de Pink Floyd que pinchaba su padre, se inclinaba de forma abierta por las zambras caracoleras, las fliligranas de Farina y la voz soberana de la Piquer”

P.T.


El criterio del cantaor en la elección del repertorio se basó en “descartar las españolistas y las taurinas” y en elegir aquellas que habían formado parte de sus recuerdos, destacando varias piezas quizá menos populares como “Vente tú conmigo”, “Ay, mi hermanita”, “Como las piedras”, “Ni un padre nuestro”, “Sere… serenito”, “Vamos a dejarlo así”, “Compañera y soberana” o “Me da miedo de la luna”.

También se atrevía a afrontar clásicos como “Rocío”, “Ojos verdes”, “En el último minuto”, “Mis tres puñales”, “La bien pagá”, “Sendas del viento”, “Tientos el cariño” o un inédito “Embrujao por tu querer”, por primera vez de género masculino. A cargo de Alberto Iglesias estuvieron los arreglos de otra obra de Quintero, León y Quiroga grabada por Concha Piquer en 1953, “A ciegas”, que en la voz de Miguel Poveda formó parte de la película “Los abrazos rotos” (2009) dirigida por Pedro Almodóvar.

En un momento en el que la copla empezaba a emerger, aparecía en el mercado este trabajo con arreglos de Joan Albert Amargós y Juan Gómez Chicuelo, encargándose el primero de los sonidos jazzísticos y el segundo de aportar la raíz flamenca inherente al cantaor y a su visión particular de estas coplas del querer. Ambos músicos pensaron unos arreglos viables para una gira en directo de conciertos en la que Miguel Poveda hacía la copla nueva, sencilla, certera, medida, interpretada con magistral categoría y dicha con un gusto escalofriante.

Entre las deliciosas versiones que se pueden encontrar en "Coplas del querer" (2009), nos inclinamos por “En el último minuto”, una copla escrita para Juanita Reina en 1971 por el poeta sevillano Rafael de León y a la que el maestro cacereño Juan Solano dio aire de bolero. Cuentan que Rafael de León basó su poema en el romance que mantuvieron Juana Reina y el bailaor Federico Casado “Caracolillo”, que culminó con una sonadísima boda en Sevilla, celebrada el 15 de junio 1964.

“Esta bellísima copla estrenada por Juanita Reina en 1971 es quizá la versión en serio de “Soltera yo no me quedo”, que le escribiera el poeta sevillano a su querida amiga e intérprete de algunos de sus grande éxitos, Juanita Reina. En la seriedad del texto hay una delicadeza desgarrada y un agradecimiento cómplice de autor e intérprete a la vida por el amor inesperado”

Manuel Francisco Reina

No fue editada hasta 1973, con unos arreglos en los que desbordaban los metales, los violines, e incluso una guitarra eléctrica, lo que deja constancia de la vanguardia musical que Juan Solano introdujo en la copla durante su etapa junto a Rafael de León.


La única versión masculina de esta copla lleva la firma de Miguel Poveda, a la que hay que sumar la reciente versión femenina de Pastora Soler, quien tuvo como madrina artística a la propia Juanita Reina. El catalán decidió mantener intacto el género en la letra del poema y así construir una copla en la que el hombre, protagonista e intérprete, canta a otro hombre.


Con desesperación buscaba dueño
y soñaba la cárcel de unos brazos.
Pero me despertaba de mi sueño
con el alma sin voz hecha pedazos.

Miguel Poveda / En el último minuto


La copla narra la historia de un protagonista necesitado y delirante de amor, que a punto de tirar la toalla ve llegar en el último minuto a la persona que convierte su vida gris en primavera florida.

El cantaor de los muchos trajes vistió estas “Coplas del querer” de Hugo Boss y Armand Basi, dando a este género audiovisual la categoría de grande en un trabajo ilustrado con fotografías de su inseparable Maxi del Campo, una experiencia que se volvía a repetir en la edición del DVD “Coplas del querer. En directo desde el Gran Teatro del Liceu” (2010). Hay que puntualizar que El Liceu es un teatro dedicado a la música clásica. La primera artista en interpretar copla en el Teatro Liceu fue Isabel Pantoja con su espectáculo “A tu vera” y el segundo ha sido Miguel Poveda, quien a
segura que su inmersión en la copla no ha sido anecdótica y que volverá a repetir la experiencia, quizá porque además de la satisfacción personal de aportar a un género que ama su buen hacer, por "Coplas del querer" (2009) fue premiado como Mejor disco del año, Mejor disco de canción española y Mejores arreglos.

Con Joan Albert Amargós al piano, violín de Olvido Lanza, trompeta de Julián Sánchez y batería de Antonio Carbonel, esta obra se alza majestuosa en la voz de Miguel Poveda. “Mito y modernidad” o “Tradición y vanguardia”, podrían aplicarse a la gloría de este currante que aúna tras él a puristas y progres, babeando por la gloria de los sonidos negros que contiene su garganta.

Yo andaba navegando por los treinta
sin el amor que tanto deseaba,
y entre mis labios, triste y macilenta,
una rosa sin tallo se quemaba.

Con desesperación buscaba un dueño
y soñaba la cárcel de unos brazos.
Pero me despertaba de mi sueño
con el alma sin voz hecha pedazos.

Y de pronto en el último minuto,
a punto de vestir de un negro luto,
te vi llegar feliz un mediodía
y el otoño, sin rosa de mi espera,
se convirtió en florida primavera
cuando se unió tu boca con la mía.

Tu boca con la mía, tu boca con la mía…
¡Tu boca con la mía…! ¡Con la mía!

Y tus besos en el último minuto
en rosa convirtió mi negro luto,
y mi canción de pena era alegría,
y por eso mil veces yo bendigo
el día aquel que me encontré contigo
y se unió tu boca con la mía.

Tu boca con la mía, tu boca con la mía…
¡Tu boca con la mía…! ¡Con la mía!


Web de Miguel Poveda
Video de Miguel Poveda cantado “En el último minuto”