Las 10 más populares del día

12 jun 2010

Gacela del niño muerto


Intérprete: Carlos Cano
Título: Gacela del niño muerto
Letra: Federico García Lorca
Música: Carlos Cano
Disco: Diván del tamarit
Año: 1998

“La dignidad que tienen para siempre las coplas se la dio con su temple de hombre de Granada este andaluz entero, corazón de su tiempo, el de pelos rizados, de camisa y guitarra, de escenario y proclama, de niño saharaui, de cubanito nuevo, del hijo al que enseñabas a andar por estas calles de cierros y azoteas, a ver venir los barcos en estos miradores, capitán imposible de goletas de sueño”

Antonio Burgos

Faltaban dos años para su muerte. Carlos Cano seguía reivindicativo con una copla verdecida y nueva, que extraía del pueblo para reverterla a él. Emigró de su Granada natal a los 18 años y Barcelona lo vio componer su primera canción a los 22, “La miseria”, mientras se relacionaba con los poetas de su tiempo y escucha a Bob Dylan, Joan Baez o Paco Ibañez. Atrás quedaba una Andalucía que durante el franquismo cayó en el olvido de los grandes mandos y sufría la emigración de casi la mitad de su población. Un joven granadino emigrado a la Ciudad Condal, escribía:

Vengo de abajo cansado de tanta cuesta.
Vengo, no sé a donde voy, huyendo de ella.

La miseria, la miseria…

Tiene su casa en las uñas de la soberbia.
Vive en un mundo cerrado del que se alimenta.

La miseria, la miseria…

Carlos Cano / La miseria (fragmento)


Formó parte del Manifiesto Canción del Sur que en 1969 firmaron autores como Justo Navarro, Fany Rubio, Antonio Carvajal, José Carlos Rosales, Joaquín Sabina o Luís Eduardo Aute. Emigró a Suiza y Alemania, y mientras esperaba su oportunidad en el mundo de la música, trabajó fabricando farolillos para féretros en una empresa suiza, en la imprenta de un periódico alemán o en un buque en el puerto de Rotterdam en Holanda, hasta que en 1975 editó su primer disco con canciones cargadas de mensajes sociales, de un profundo rechazo al sistema establecido y de un anhelo hacia la tierra que se había adueñado de su infancia. Por aquel entonces Carlos Cano cantaba aquello de:

“Amo mi tierra
lucho por ella
y esperanza es su bandera
verde, blanca y verde”

Carlos Cano / Verde, blanca y verde (fragmento)

A lo largo de su discografía, paralela a un momento social en el que comenzaba el despertar político de las Comunidades Autónomas en España, reivindicó la copla como sentimiento popular, dignificó los ritmos andaluces, defendió la liberación de su pueblo, luchó por el folclore, por los índices de los que partía como sujeto, desmitificó las grandezas y asumió lo sencillo como objeto de grandeza, reivindicó las historias que nos unen a los hombres y construyó, sobre las raíces de la copla, su propia copla, la que le pertenecía a él y a su tiempo. Lo hizo desde la amargura, el dolor, la impotencia, el desarraigo… pero también desde la ironía, la festividad, la intrascendencia, la imprevisibilidad y el desahogo cultural de un momento catárquico.

Aunque siempre se mantuvo íntegro ante un objetivo (actualizar y reivindicar la música popular), también es cierto que siempre experimentó en el ámbito de la poesía, de los sonidos y de los arreglos: todo ello para abrir la copla a la universalidad.

Federico García Lorca fue un poeta que influyó sobremanera en Carlos Cano y su disposición poética para la copla. Evidentemente, para él era el literato referente más cercano y les unía, sobre todo, Granada. Aunque la pasión del cantautor por el poeta debió ser innata, se oficializó en 1972, cuando la UNESCO organizó en París un homenaje mundial a Federico García Lorca. Fue esta una oportunidad de oro para Carlos Cano, en cuyo homenaje participó musicalizando “Casida de la muchacha dorada” y “Casida de las palomas oscuras”, que en 1998 registraría junto a las demás Gacelas y Casidas de Lorca en un disco titulado “Diván del Tamarit” (1998).

En una entrada anterior ya analizamos una de estas Gacelas, titulada “Gacela del amor imprevisto”, que en 2007 editó Mayte Martín con arreglos de Joan Albert Amargós.

El Gazal, Gazel o Gacela (escrito también ghazal o ghazel) es un género literario lírico propio de las literaturas árabe, persa, turca y urdú. En la literatura árabe se trata de un poema cuya etimología está emparentada con las ideas de piropo o cumplido. De la misma raíz deriva la forma tagazzul: componer poesías amorosas. Conceptualmente el gazal tiene estrecha relación con el nasib (o tasbib), prólogo amoroso que sirve de introducción junto con el rahil (descripción de un viaje por el desierto), al tema panegírico que caracteriza la composición poética llamada gasida (casida).

Federico García Lorca se basó en esta forma poética para escribir doce Gacelas y nueve Casidas, que enumeró respectivamente del I al XII y del I al IX, englobadas en un trabajo titulado “Diván del Tamarit” (1936) que escribió entre 1931 y 1935. El trabajo fue editado el mismo año del trágico fusilamiento del poeta de Granada a manos del levantamiento militar de la Guerra Civil Española.

En 1998 Carlos Cano recuperó y musicalizó todas ellas, 21 piezas en total entre Gacelas y Casidas en un doble cedé que tituló igual que el trabajo de Lorca: “Diván del Tamarit”. El resultado fue uno de los trabajos de mayor intensidad del cantautor, de terribles sonidos negros (que diría Lorca), en el que contó con los arreglos del músico habanero Leo Brower, la colaboración de la Orquesta Filarmónica de Londres o el Orfeón Donostiarra, también Paco Ibáñez, Santiago Auserón o Marina Rossel, e incluso la voz del torero sevillano Curro Romero en “Casida de la mano imposible”.

La copla de hoy es una pieza estructurada en unos tangos extremeños, decodificados, con arreglos sinfónicos a los que se suman metales e instrumentos de viento conjugados con la guitarra española de Paco Ibáñez.

Aunque Lorca siempre esté en perpetua lucha con la muerte (porque el arte nace para la muerte), me resulta absurdo que yo intente tratar la temática de esta Gacela, por miedo, por la terrible admiración que siento por su obra y porque deteniéndome a leerla me doy cuenta de la inmensidad, de la riqueza poética y evocadora, de las influencias universales que abarca esta “Gacela del niño muerto”, de su estructura para el sentido y su forma (que no es forma, si no tuétano de forma). Ante tal maravilla prefiero retirarme, pero no sin antes invitaros a leerla detenida y concentradamente, gozándola.

Publico el poema original de Federico García Lorca, que es la gacela número V, del que Carlos Cano cambió parcialmente la estructura y escogió la primera parte para convertirla en estribillo. Si este espacio tiene un compromiso, ese es reivindicar la figura y obra de Carlos Cano para la copla.

Todas las tardes en Granada,
todas las tardes muere un niño.
Todas las tardes el agua se sienta
a conversar con sus amigos.

Los muertos llevan alas de musgo.
El viento nublado y el viento limpio
son dos faisanes que vuelan por las torres
y el día es un muchacho herido.

No quedaba en el aire ni una brizna de alondra
cuando yo te encontré por la grutas del vino.
No quedaba en la tierra ni una miga de nube
cuando te amoragabas por el frío.

Un gigante de agua cayó sobre los montes
y el valle fue rodando con perros y con lirios.
Tu cuerpo, con la sombra violeta de mis manos,
era, muerto en la orilla, un arcángel de frío.


Web de Carlos Cano

5 jun 2010

Locura de mi querer


Intérprete: Martirio
Título: Locura de mi querer
Autor: M. Gordillo / A. Molina Molés
Disco: Acoplados
Año: 2004


“Martirio es un personaje especial que he creado con ayuda de mucha gente. Ella simboliza el futuro, la esperanza, un personaje abierto sin prejuicios, que busca y quiere comunicar, mientras vive por la pasión y el amor. Es un personaje que me permite sacar ese otro yo capaz de hacer cosas más fuertes que la simple Maribel Quiñones”

Martirio


Concluía una etapa pura para la copla. Sus autores, empezaban a hacerse mayores y daban los últimos coletazos en un panorama complejo. Una España recién salida de la dictatura de Franco se habría al mundo rechazando lo intrahistórico (que diría Unamuno), anhelando convertirse en el país más progre y moderno de una Europa que vivía a años luz por delante de nosotros. Comenzaba a ser la copla un género facha y casposo, ligado injustamente al franquismo (por coincidir en época con él, aunque no debemos olvidar que nació en la República, entre 1920 y 1930, antes de la Guerra Civil Española) y ligado también a un folclorismo de pandereta y volante, que no iban más allá del Viva la Virgen y el Olé.

Corrían los años 80. Carlos Cano ya había empezado a poner en píe su canción protesta con raíz en el pueblo. Rocío Jurado comenzaba a grabar sus primeros temas con Manuel Alejandro después de una etapa en la copla mecida entre la pureza y la innovación (1969-1976) que vistió con traje de noche, incluso de Balenciaga. Isabel Pantoja se mantenía reivindicativa con su pelo largo y sus batas de cola, grabando las últimas coplas que escribieron para ella Rafael de León y Juan Solano, impregnadas en tintes frescos y modernistas. O Bambino, que se atrevía a hacer una copla flamenca y nueva, evolucionada y revolucionaria, desde sus particulares facultades interpretativas.

No hay que olvidar que en los años 80 estallaba la Movida Madrileña y con ella una estética punck, rock, hippie, desde la que también tenemos que mirar el trabajo de la copla.

La cuestión es que en 1981 una joven María Isabel Quiñones comenzaba su carrera como cantante en el grupo Jarcha. Tras su paso por él y gracias al producto Martirio que idearon entre ella y Kiko Veneno, María Isabel Quiñones se convirtió en “Martirio”, una de las piezas fundamentales para entender la copla de transición en una España que pasaba, como bien dice la artista, del arado a internet a una velocidad vertiginosa. En la década de los 80 y 90, junto a Carlos Cano, fueron ambos quienes iniciaron la recuperación y reivindicación de un “tesoro popular” (dirá posteriormente Martirio) que había pasado a las arcas del olvido.

Su puesta en escena, característica, magnífica y digna de mención donde las haya, erizó las opiniones de muchas de sus compañeras de profesión. El personaje “Martirio” indagó en la mitología del género, en sus signos populares, y a través de su indumentaria, en un momento en el que la España progresista veía la copla como algo casposo y pretérito, parodió la vergonzante e irrisoria caricatura en la que la situación social y política -y muchos de sus propios compañeros de profesión-, habían convertido la copla (el lamentable dolor, los aspaviento asqueantes y exagerados, los garganteos gratuitos y sin justificación…).

De este modo Martirio salía a escena con una peineta de más de medio metro cuya silueta representaba la Giralda de Sevilla, otras en las que se apreciaban los rascacielos de Nueva York, o en sus trajes, lo mismo denunciaba a través de unos ladrillos dorados la especulación urbanística que imprimía un toro negro de Osborne sobre un traje rojo.

“Vestidos, peinetas, gafas, abanicos… dan pié, desde la estética, a un recorrido por el sentimiento, la memoria, la fantasía, la ternura, la ironía y el desahogo de una época puente que ha pasado del arado a internet en un vértigo de montaña rusa”

Maribel Quiñones / La vuelta a Martirio en 40 trajes

Sus gafas de sol (que dicen que ocultan unos ojos verdes preciosos), cortan radicalmente con los divismos de sus compañeras de época, y su música, en los años 80, “quería chillar que las mujeres tenían su sitio, su libertad, su economía”. Así una Martirio que retrataba la vida cotidiana de una mujer ama de casa y desesperada en una sociedad todavía machista, daba forma a piezas como “Sevillanas de los bloques” o “Estoy mala”.

Con el tiempo su música ha ido evolucionando. Las cadencias de su copla se sustentan en el jazz, la bossa, el rock, el swing, el rap o los sonidos árabes, buscando una unión entre lo hispano, lo anglosajón y lo latinoamericano.

La copla de hoy pertenece a un disco de clásicos que Martirio hizo junto al músico pianista Chano Dominguez titulado “Acoplados” (2004). En él revisa temas populares como “El agüita del querer”, “Torre de arena”, “Te lo juro yo”, “Me embrujaste”, “La bien pagá” u “Ojos verdes”. La artista onubense viste las piezas con arreglos jazzísticos, porque como el flamenco, el jazz es una música pura (dirá en alguna ocasión) y pone en pié magníficas versiones como “Compuesta y sin novio”, “Torre de arena”, “Locura de mi querer”, “Dicen” o “Nana vidalita de filigranas”.

Marifé de Triana estrenaba en un LP de cuatro piezas en 1958 “Locura mi querer”. Los temas de los primeros discos de la artista de Burguillos estaban compuestos por Manuel Gordillo, el músico Andrés Molina Molés, Pedro Llabrés o el Maestro Sarmiento. De la unión de algunos de estos nacieron éxitos como “Torre de arena”, “Antonio Romance”, “Frasquita romero”, “La emperaora”, “La ventolera”, “En una esquina cualquiera”, “La sombra vendo”, “Que me perdone Dios”, “Marquesita de la estrella”, “Lola alegrías”, “Clavá en mi amargura”, “Rejón de muerte”, y por supuesto “Locura de mi querer”. El propio Manuel Gordillo educó artísticamente a Marifé y escribió para ella muchos de sus éxitos en los inicios. El compositor dirigió sus primeros pasos y ella respondió otorgándole notoriedad como compositor desde la categoría que imprimió a sus piezas.

Martirio en “Acoplados” (2004) hace una magnífica versión imbuyéndola en los sonidos negros del jazz y el swing, diciéndola e interpretándola de manera magistral. Habrá que reconocerle entonces a Martirio haber abierto la copla a los sonidos del mundo y haber hecho la copla que pertenece a su tiempo.

Dicen que soy para los hombres tristeza y castigo
y aunque lo sabes tú quieres casarte conmigo.
Yo sólo puedo ofrecerte la vida que tengo
y un ansia de amores,
pero eres tú de esos hombres que buscan venero,
veneno en las flores.

Corazón… ¡Ay qué pena me das corazón!
No distingues al Rey del mendigo.
Si te entregas con firme pasión…
¿Dónde está la razón para que jueguen contigo?

Malas lenguas me dicen “La loca”
por esta locura que al verte me ciega.
Mal fin tenga la lengua cobarde
que me echa cristales y luego lo niega.

Son puñales de muerte mis celos
y tú una muralla de firme roca.
¡Ay, mi rosa en el suelo!
¡Ay, mi vida en tu boca!

Qué me importa que el mundo
por darme tormento me diga “La loca”.

Yo siempre fui presumiendo de haberte querido
y ahora eres tú quien separa tu nombre del mío.
Cuando tus labios de fuego en vez de besarme
quemaron mi boca,
los potros de mis sentidos se me desbocaron
volviéndome loca.

Corazón… fierecilla que un hombre mató.
¡Ya estás sólo con tu desventura!
No te extrañe que a este dolor,
al morirse de amor, se le llame locura.

Malas lenguas me dicen “La loca”
por esta locura que al verte me ciega.
Mal fin tenga la lengua cobarde
que me echa cristales y luego lo niega.

Son puñales de muerte mis celos
y tú una muralla de firme roca.
¡Ay, mi rosa en el suelo!
¡Ay, mi vida en tu boca!

Qué me importa que el mundo
por darme tormento me diga “La loca”.

Video de Martirio cantando “Locura de mi querer”

29 may 2010

Nana del caballo grande


Intérprete: Camarón de la Isla
Título: Nana del caballo grande
Letra: Federico García Lorca
Música: Ricardo Pachón
Disco: La leyenda del tiempo
Año: 1979

“Camarón de la Isla y de todas las islas adyacentes de la grandeza del cante, artista de cuerpo entero, creador supremo, eterno sector renovado de los palos históricos, símbolo de nuestro pueblo.”

Antonio Burgos

José Monge Cruz nació el 5 diciembre de 1950 en San Fernando, Cádiz. Tocado por la vara del duende, quiso el destino dotar al flamenco de su máximo exponente y permitir que el tiempo lo adjetivarse de genial, insuperable, creador o único. Tan insólita figura, que debió nacer del éxtasis en una lucha a muerte entre todos los Dioses, hubo de llamarse Camarón de la Isla, la leyenda del cante más terriblemente dotada de capacidad para traer a presencia los sonidos negros de los que hablaba Lorca en su “Teoría y juego del duende”, en una guerra continua con los cantes, con los palos, con los significantes de una época, con la tradición y la vanguardia de una España confusa, y sobre todo con la muerte, en una entrega absoluta y total.

“Camarón” porque debía parecerlo por delgadez, pelo rubio y piel blanca cuando era un chiquillo y “de la Isla”, porque la ciudad de San Fernando se haya ubicada en la Isla de León, y es conocida como “La Isla”.

La casa de los Monge fue siempre un lugar frecuentado por cantaores de la época, como Manolo Caracol o Antonio Mairena. La muerte de su padre a los siete años y los apuros económicos, llevaron al pequeño José a cantar en tabernas o en la estación de tranvías de San Fernando. En 1958, con tan sólo ocho años, empezó a cantar en la Venta de Vargas. Ya en 1962 ganó el primer premio del Concurso Flamenco del Festival de Montilla (Córdoba) y a partir de entonces cantó con Dolores Vargas, La Singla, hizo varias giras por Europa y América y se unió a la compañía de Juanito Valderrama. En 1966 ganó el primer premio en el Festival del Cante Jondo de Mairena de Alcor y posteriormente se trasladó a Madrid.

Durante doce años fue acompañado a la guitarra por Paco Cepero y participó en la película de Lola Flores “Casa Flora” (1973) como actor secundario, en la que interpretó una rumba que para él compusieran Rafael de León y Juan Solano, titulada “¡Sere… serenito!” y que en “Coplas del querer” (2009) versiona Miguel Poveda. En Torres Bermejas conoció al guitarrista Paco de Lucía, con quien grabó nueve discos entre 1969 y 1977. Uno de sus mayores éxitos conjuntos fueron los tangos extremeños titulados “Detrás del tuyo se va”.

En 1979 publica “La leyenda del tiempo”, un disco que supondría una auténtica revolución para el flamenco y que marcaría un antes y un después en su carrera y en la historia del cante. A esta nueva etapa le seguirían discos como “Como el agua” (1981), “Calle Real” (1983), “Viviré” (1984), “Te lo dice Camarón” (1986) y “Flamenco vivo” (1987). En 1989 publica “Soy gitano”, el disco más vendido de la historia del flamenco, en el que colaboró con Vicente Amigo. En 1992 editó su último trabajo: “Potro de rabia y miel”, cuya portada fue diseñada por un jovencísimo Miquel Barceló que ahora triunfa en más de medio mundo.

La copla de hoy pertenece al disco “La leyenda del tiempo” (1979). Muchas de las piezas piezas de este trabajo están creadas a partir de poemas de Federico García Lorca. Lorca ha sido siempre un poeta vinculado a lo popular y en consecuencia, a la copla. A su puño y letra debemos títulos como “Sevillanas del siglo XVIII”, “El zorongo”, “La Tarara”, “Los pelegrinitos”, “El café de Chinitas”, “Nana de Sevilla” o “Anda jaleo” (todas estas pertenecientes al disco que el poeta hizo al piano junto a La Argentinita y en el que se incluían 12 temas del granadino).

A lo largo del tiempo muchos han sido los artistas que han recurrido a García Lorca para poner en pié obras de inmensa hermosura, como Carlos Cano en “El diván del Tamarit” (1998) donde se incluyen sus Gacelas y Casidas, Carmen Linares (en 1997), Ana Belén (en 1998) o Diana Navarro (en 1999), que versionan las tres las piezas que Lorca compuso para La Argentinita en 1931, o coplas sueltas como Estrella Morente “Los cuatro muleros” (2001), Mayte Martín “Gacela del amor imprevisto” (2001) o Martirio “Soneto de la dulce queja” (2002), que Miguel Poveda titula “Romance de la dulce queja” (2008).

La copla de hoy es una hermosa nana titulada “Nada del caballo grande”. La nana ha sido un cante muy vinculado a la copla, desde “Nana vidalita” (Concha Piquer), “Nana del cabrerillo” (Miguel de Molina) o “Y sin embargo te quiero” (Juanita Reina), pasando por “Nana para el hijo que nos ha de nacer” (Rocío Jurado) o “Mi pequeño del alma” (Isabel Pantoja), hasta más contemporáneamete “Tan poquita cosa” (Pasión Vega), “Yerma” (Estrella Morente), “Cadencia inesperada” (Diego El Cigala), “Mi niña Tadea” (Diana Navarro) o “Nana de la cigüeña” (Miguel Poveda).

“La leyenda del tiempo” (1979) es uno de los discos más importantes y revolucionarios de la historia del flamenco, qué duda cabe. En él se incluyen sonoridades de jazz y de rock que fusionadas con los palos más ortodoxos, los versos tan bien bordados de Federico García Lorca y la voz de ascua de Camarón de la Isla, dan un resultado trascendental y sin dimensión. Esto es lo que sucede siempre cuando dos genios se unen: en este caso Lorca y Camarón. Cuentan que muchos gitanos, cuando compraron esta obra maestra, fueron a devolverla diciendo que no era flamenco. Afortunadamente, el tiempo y una España más abierta, han entendido la tremenda calidad de este trabajo, que es flamenco (el flamenco siempre es abierto, porque igual que el arte, nace en un momento de catarsis, de catástrofe, en el choque de la cultura occidental con la islámica, y en esa confrontación algo sin dimensión toma forma, toma cuerpo, y nace…), hecho para el tiempo al que perteneció y con algo atemporal que en tanto que lo cierra, lo abre a la eternidad.

Dedico esta entrada a todos los seguidores flamencos que visitan este escenario, porque quienes humildemente intentamos entenderlo, agradecemos cada día que la copla encontrase en él la mano amiga que la hizo crecer y encumbrarse con la zambra, la bulería, los tangos, la rumba, la seguidilla, los fandangos, la toná o las tarantas.

Hoy no voy a intentar siquiera explicar la letra de la pieza, porque no me cabe duda de que Lorca siempre será capaz de decir más que yo. Solamente añadir que
tras la muerte del genial cantaor, se harían diferentes arreglos para esta copla. En el escenario publico la primera, la original, editada en “La leyenda del tiempo” (1979), así como el poema original de Federico García Lorca, que Ricardo Pachón musicalizó y que se viste con arreglos étnicos mediante sonidos de un sitar hindú tocado por Gualberto García Pérez.

Nana, niño, nana
del caballo grande
que no quiso el agua.

El agua era negra
dentro de las ramas.
Cuando llega al puente
se detiene y canta.

¿Quién dirá, mi niño,
lo que tiene el agua
con su larga cola
por su verde sala?

Duérmete, clavel,
que el caballo no quiere beber.
Duérmete, rosal,
que el caballo se pone a llorar.


Web de Camarón de la Isla
Video de Camarón de la Isla cantando “Nana del Caballo grande”

24 may 2010

1 año y más de 20.000 visitas!


Yo meditaba absorto, devanando
los hilos del hastío y la tristeza,
cuando llegó a mi oído,
por la ventana de mi estancia, abierta
a una caliente noche de verano,
el plañir de una copla soñolienta,
quebrada por los trémolos sombríos
de las músicas magas de mi tierra.

Antonio Machado / Cante hondo (fragmento)

Nunca pensé que la sabia verde de la copla pudiese abrir sus brazos para abarcar la inmensidad del universo y desde el otro lado de la banda ancha, pudiera llegar hasta ti para hacerte sentir lo que me duele de esta música, que en algún momento partió de la víscera de los dioses más paliados y se adentró en nuestra sangre como una rosa de nieve.

En este año que ha transcurrido, de esperanzas (y asperezas), desde que decidí embarcarme en esta locura por la rabia que me supuso darme cuenta de que lo que se entendía por este género no era copla, si no su caricatura, he aprendido que detrás de los clichés, existe un género protestante, reivindicativo, revolucionario, retrato de la sociedad de un tiempo, sensible al pueblo, que levantado por las voces que bebieron de las mieles de los mejores poetas de la Generación del 27, esquivó los más gruesos muros del franquismo y la censura.

Contribuyó así la copla a la cura interna de una mujer sufridora, presa en una España machista y retrógrada, convirtiéndola en la verdadera y única protagonista, heroína, de este género (“María de la O / qué desgraciaíta gitana tú eres teniéndolo tó”, “Bien pagá / si tu eres la bien pagá”). Una mujer que en esta España de hoy ha dado paso a un hombre nuevo, sin prejuicios, que retrata la copla desde la máxima sensibilidad, adueñándose de sentimientos que antes sólo parecían florecer en las almas femeninas.

Con desesperación buscaba dueño
y soñaba la cárcel de unos brazos.
Pero me despertaba de mi sueño
con el alma sin voz hecha pedazos.

Miguel Poveda / Coplas del querer / En el último minuto (2009)

También es natural encontrar hoy a una artista de la vanguardia del género cantándole una copla a otra mujer.

Me ha dicho la luna que una vez te vieron,
ibas de las mano de otro caballero.
Condenada luna, seguro mentía.
¡Tú sólo eres mía!

Buika / Niña de fuego / Árboles de agua (2008)


Si bien la copla ha pasado a ser un género grande, que como la zarzuela o la ópera, el blues o el jazz, hay que mantener vigente, también es cierto que entiende de las contingencias de su tiempo y como ningún otro se impregna y absorbe los significantes de la época en la que se desarrolla. Podemos afirmar sin miedo entonces, que de no ser así, la copla dejaría de ser copla. “Ojos verdes” (1931) tenía sentido en la España de la República, donde era lícito que una prostituta se sentase “apoyá en el quicio de La Mancebía”, “El emigrante” (1950) en plena emigración de un país devastado por la Guerra Civil o “Embrujá por tu querer” (1975) en una España nueva que con la democracia se abría a los sonidos de una Europa culturalmente adelantada.

Las programaciones, los sonidos de fusión, jazzísticos, arábigo andaluces… han entrado de lleno en un género que parece vivir un momento de esplendor. Si Pasión Vega se decide en la “La Reina del Pay-Pay” a poner en pié la memoria de aquellos hombres que ejercían el travestismo durante los años de la Guerra Civil, Miguel Poveda, en catalán, le grita a Franco: “Te merecías, hipócrita, un muro en otro coto / Tu dictadura, tu puta vida de asesino / ¡Qué incendio de sangre!”. No me olvido tampoco de mi admirada Clara Montes, que sigue la estela infinita de la sombra alargada de Carlos Cano y que me encoge el pecho cuando junto a Arcángel retrata “La estrella”. O mi querida Diana Navarro, que en este siglo de los trastornos de la mente nos abduce con su copla trascendental, ungüento bendito para la heridas del alma, meciéndonos en el prodigio de su voz que es pan divino impregnado en la sangre popular y que pone en pié las almas de los ausentes con su eterna “Sola”.

Si bien no me olvido de cada uno de nuestros admirados artistas defensores de este género -entre ellos especialmente Carlos Cano y Martirio-, tampoco quiero obviar a cada uno de los que anónimamente han luchado y luchan por su vigencia, quizá desde un estatus más humilde, pero con la misma intensidad que quienes están en primera fila, poniendo en valor el legado de nuestra música popular.

En este año de aciertos y de errores, hemos entendido porqué Sabina debe entenderse dentro del género de la copla y porqué son inválidos los estereotipos en el ornamento. Pasión Vega olvidó intencionadamente la peina y la bata de cola para retratar la copla meciéndola y diciéndola, y la guineana Buika sale desnuda en la portada del disco “Niña de fuego” (2008). Algo similar sucede cuando Clara Montes -que lleva en su sangre la sangre de Rafael de León- se muestra sobria en la portada de “A manos llenas” (2009) con una chaqueta dorada ceñida de bordados negros y el pelo suelto, Miguel Poveda viste sus “Coplas del querer” (2009) de Hugo Boss y Armad Basi o Diana Navarro reinventa todos esos símbolos en su vestuario de la mano de Carlos Cobos, Ion Fiz o Melisa Lozano, conjugando un montón con un pantalón vaquero o constituyendo nuevas prendas para la copla.

Me falta velocidad en la escritura e intensidad en las palabras para tantas cosas que me gustarías citar, que zumban en mi cabeza de un sitio para otro y que con todo el dolor de mi corazón se desvanecen. Mi gratitud infinita y sincera a todos los que día a día pasáis por este escenario a disfrutar, a descubrir, a investigar, a compartir y dejáis parte de vuestra vida -y vuestros ojos- en él. Una vez más, gracias a quienes amáis la copla desde el corazón y sin prejuicios, porque es la forma más hermosa que puede existir de amar. Os entiendo, porque cuando alguien queda enganchado por una copla, queda enganchado para toda la vida y sin opción de retorno. Y cuando eso sucede, entiendes que la copla nunca podrá morir. Jamás. Porque cuando suena, hay algo del origen que nos convoca, que nos atraviesa como ninguna otra expresión del arte y nos pone en pié algo de lo interno (posiblemente no sepa expresarme, pero sé que me entendéis).

“Mientras exista una madre que de a luz, la copla no va a morir”

Isabel Pantoja / Sinfonía de la copla (2005)


Hay un verso, que condenado a la eternidad por enredarse en los trinos de Gracia Montes, cuando en 1992 la copla transcurría por una de sus etapas más difíciles, decía dolorosamente:

Conmigo va a todas partes,
la llevo siempre a mi lado,
se lo mandó un día la vida
que fuera huella en mis pasos.

La copla sigue adelante, no se detiene,
es un gigante la copla.
Es el aire que respiro,
es el barco que navega,
por mi sangre y mis sentidos.

La copla sigue adelante, no se detiene,
nadie le vence a la copla.
Es el agua de mi surco,
es el faro de mis mares,
la llevo en lo más profundo.

Gracia Montes / A rienda suelta / La copla sigue adelante (1992)


O Marifé de Triana que en 1989 se proclamaba “Vendedora de coplas”, y que junto a Merche Cuadrado en “La copla no morirá” o a Patricia Vela en “La copla en mi voz” luchaban por retener este género para nuestro tiempo.

Son tantas las coplas y artistas que me gustaría publicar en este blog para haceros disfrutar, que mi lista de espera está llena de futuro. Aunque el tiempo y algunas contingencias personales no me permitan actualizar el escenario todo lo que me gustaría, no os quepa la menor duda de que cada día seguiré investigando al respecto de la nueva copla. Sólo necesito tiempo, constancia, y que sigáis estando al otro lado de la pantalla.

Hoy hace un año que empecé esta aventura. Doce meses después, 65 entradas y más de 20.000 visitas son el fruto de tanto trabajo. Me siento feliz por todo lo experimentado y por haberos conocido. Si el esfuerzo ha supuesto un triunfo (al menos en lo personal así ha sido), solamente puedo debéroslo a vosotros. Celebraré este primer cumpleaños asistiendo esta noche al espectaculo "Coplas del querer" de Miguel Poveda.

Permitidme terminar con unos versos que Rafael de León escribiera para una jovencísima Rocío Jurado en 1969 y que los maestros Gordillo y Quintero musicalizaron para la cantante de Chipiona que ya en los 70 vestía la copla de Balenciaga y revolucionó como nadie magistralmente todo el género. Quizá estos versos, detengan y expulsen algo de lo que yo siento por esta música, que vendrá conmigo hasta la muerte y posiblemente la transgreda.

Se me nota en el semblante
que tengo pena ¡Válgame Dios!
que te quiero más que antes
aunque yo diga que no.

Por este cariño ciego,
sangre de mi sangre de las carnes mías,
al padre eterno le ruego
que me libre pronto de esta agonía.

Al padrecito que esta arriba yo le ruego,
que me libre pronto de esta perra vida.

Rocío Jurado / Tientos del cariño (1969)

Un abrazo desde el cariño y mi gratitud sincera a todos. Para cualquier cosa que necesitéis, aquí estaré. Os quiere (con todo su cerebro) "limosnadeamores".

16 may 2010

Romance de Curro El Palmo


Intérprete: Joan Manuel Serrat
Título: Romance de Curro El Palmo
Autor: Joan Manuel Serrat
Disco: Canción infantil
Año: 1974



“Creo que hago copla a mi manera”

Joan Manuel Serrat


Nació en Barcelona el 27 de diciembre de 1943. Cantautor, intérprete, poeta o músico, podrían ser calificativos con los que definir a Serrat. Reivindicativo por convicción y principios y comprometido con la realidad política, social y cultural española de un momento concreto, Joan Manuel Serrat, es uno de los cantautores más prolíficos de la última mitad del siglo XX.

Su obra, polémica por comprometida, se impregna de referencias poéticas de habla hispana como las de Mario Benedetti, Antonio Machado, Miguel Hernández, Rafael Alberti, Pablo Neruda, Federico García Lorca o León Felipe. Sin embargo, el compromiso con la cultura catalana, lo llevó desde los inicios a formar parte de lo que se dio a llamar nueva cançó catalana, teniendo como referencia la música francesa, a autores como Jacques Brel, Georges Brassens o Leó Ferré y a defender el catalán como lengua original durante la dictadura de Franco.

En 1968, Serrat, que se presentaba al Festival de Eurovisión con la canción “La, la, la”, tras varias presiones por parte de algunos miembros de nova cançó, se negó a ir al Festival si no era cantando la versión catalana de esta; un modo de reivindicar su catalanismo y de recuperar un público catalán que parecía estaba perdiendo. El pago por este hecho fue un prolongado veto en la televisión y radio nacional. Finalmente la canción fue interpretada por Massiel, quien ganó aquella edición de Eurovisión con un inolvidable “La, la, la”.

A principios de los 70 cantaría versos de Antonio Machado (“Dedicado a Antonio Machado poeta”, 1969) o Miguel Hernández (“Miguel Hernández”, 1972). Ganaría el Festival de Río de Janeiro con la canción-copla, compuesta en colaboración con Augusto Algueró, “Penélope”.

En 1975 se exilió a Méjico debido a una orden de búsqueda y captura que se emitió contra él por condenar en rueda de prensa el régimen franquista y sus medidas represivas. Sus trabajos discográficos fueron retirados del mercado. En 1976 Manuel Alejandro escribió la copla-pasodoble “Ahí te mando mi guitarra”, dedicada al exilio de Joan Manuel Serrat y que ese mismo año grabaría Blanca Villa para presentarla a Festival de Benidorm. La copla, de la cual ya tratamos en este escenario, quedó descalificada por considerarla una canción “con tintes políticos”.

El vínculo de Serrat con la copla nace en su infancia. Contaba el catalán que escuchaba a Miguel de Molina y Concha Piquer a través de la radio o en boca de su madre. Confesaba que una de sus coplas favoritas era “Cría cuervos”, que en 1947 grabó Concha Piquer. Rescato por oportuno el fragmento de una entrevista en la que Serrat habla de su vínculo con este género:

Siempre ha mostrado su debilidad por la copla. ¿Nunca se ha planteado hacer un disco en esa línea?

Tengo debilidad por la copla porque forma parte de mi más primitiva y entrañable vocación musical. La copla estaba en la radio y en mi casa. Si Miguel de Molina o Angelillo no estaban en la radio, estaban en boca de mi madre. La copla estaba en mi calle, a la orilla del Paralelo, donde se encontraban la práctica totalidad de los teatros de la ciudad. Ese mundo era muy cercano para mí... Había muchas razones por las que la copla llegó a mí. La quise y la canté desde muy pequeño. Y en mi vida de escribidor de canciones también aparece una manera de entenderla.

Me refería a sacar un disco, ya sea con versiones de canciones de otros autores o con canciones propias.

Creo que las he hecho. Se me ocurre ahora que, por ejemplo, Romance de Curro el Palmo es una copla. Pueblo Blanco, de alguna forma, también. Lo que ocurre es que, de la misma forma que nadie cataloga a Sting como cantautor, tampoco muchas canciones mías que podían estar muy cerca de la copla son consideradas como tal. Pero si tratara de hacer un disco de copla en el sentido más tradicional, sería una regresión que se apoyaría en tópicos. Hago copla haciendo las canciones que hago y si pretendiera hacer otra cosa, únicamente sería una caricatura de la copla.”


Es evidente el intenso perfume a copla que respiran muchos de los temas de Serrat, tanto en la melodía, como en la forma de interpretar, en la estructura, en la expresión o en el desarrollo de algunas de sus historias. “Romance de Curro El Palmo”, “Penélope” o “Pueblo blanco”, podrían ser ejemplos destacados de ello. Sucede así porque Serrat engancha de manera intensa con lo popular y el peso literario, narrativo, de sus canciones, es característico de la copla clásica: inicio, nudo y desenlace, así como el tema, popular, lo que él llamaría “las pequeñas cosas de la vida”.

Ha colaborado y compartido escenario con artistas tanto del mundo flamenco como de la copla. Ha llegado a cantar con Camarón de la Isla (“La saeta”), Paco de Lucía (“Utopía” en 1992 y “Mediterráneo” en directo), Juanito Valderrama (“Pena mora”), Rocío Jurado (“Himno de Andalucía”), en el homenaje a Lola Flores (“Ay pena, penita”), con Carlos Cano en un dúo póstumo (“Antonio Vargas Heredia”), a Bambino, y en solitario coplas como “No me quieras tanto” o “La niña de Puerta Oscura”. También ha contado en su discografía con la colaboración de la voz flamenca de Ginesa Ortega en el tema “Los macarras” de la moral que incluyó en su disco “Sombras de la China” (1998) o en su último trabajo, en el que vuelve a musicalizar versos de Miguel Hernández en el centenario del nacimiento del poeta, “Hijo de la luz y de la sombra” (2010) un tema en colaboración con el cantaor Miguel Poveda titulado “Dale que dale”, basado en el verso “El silbo del dale”.

En 1974 se editaba esta magnífica copla en un disco titulado “Canción infantil”. Su epopeya literaria no resulta excesiva cuando se entiende necesaria para el desarrollo del argumento. La pieza, que se inicia con una introducción-marcha que nos recuerda a los grandes clásicos, cuenta la historia entre Merceditas y un personaje popular llamado El Palmo (por ser palmero de los tablaos flamencos). Curro El Palmo sufre de amor por Merceditas y deja clara evidencia de ello en algunos versos que dicen: “Ay mi amor / que me desvela la verdad / entre tú y yo la soledad / y un manojillo de escarcha”. Curro acaba intentando olvidarla dándose a la bebida, pero el final es trágico. El Palmo muere tras saber que Merceditas se va con otro y Serrat nos lo cuenta: “Quizá fue la pena / o falta de hierro / el caso es que un día / nos tocó ir de entierro”.

En la copla se hace referencia al literato Marcial Lafuente (1903-1984), popular por sus novelas del Oeste, y se utilizan expresiones populares tales como “se pegó el piro”, “montó este invento” o “nones”. La ironía no falta en Serrat en este romance cuando El Palmo se refiere a Merceditas como “una cepa enana”, “mal bicho” o al amante de ella lo retrata como un “curapupas”.

Buenas versiones de esta copla las han realizado Antonio Vega (en el disco colectivo “Serrat eres único” 1995), Pasión Vega (“Un toque de distinción” 1996, por la que la jovencísima artista en su primer disco recibió la felicitación telefónica de Serrat) o Clara Montes (“Uniendo puertos” 2004). También la versionan en directo Juan Valderrama y nuestro amigo Javier Subires.

Me siento feliz de haber publicado esta copla en nuestro escenario. Cuando una pieza empieza hablando de la muerte, que es para lo que nace el arte (la vida y la muerte / bordada en la boca), algo se pone en pié para el reposicionamiento de un individuo que atraviesa y merece la pena detenerse a sentir.

La vida y la muerte bordada en la boca
tenía Merceditas la del guardarropa.
La del guardarropa del tablao del Lacio,
un gitano falso, ex-bufón de Palacio.

Alcahuete noble que al oír los tiros
recogió sus capas y se pegó el piro.
Se acabó el jaleo y el racionamiento,
se llenó el bolsillo y montó este invento,
en donde El Palmo lloró cantando.

Ay mi amor, sin ti no entiendo el despertar.
Ay mi amor, sin ti mi cama es ancha.
Ay mi amor, que me desvela la verdad.
Entre tú y yo, la soledad y un manojillo de escarcha.

Mil veces le pide y mil veces que nones
de compartir sueños, cama y macarrones.
Le dice: Burlona carita gitana... ,
¿Cómo hacer buen vino de una cepa enana?

Y Curro se muerde los labios y calla,
pues no hizo la mili por no dar la talla.
Y quien calla, otorga, como dice el dicho,
y Curro se muere por ese mal bicho.
¡Ay! Quién fuese abrigo pa’ andar contigo...

Ay mi amor, sin ti no entiendo el despertar.
Ay mi amor, sin ti mi cama es ancha.
Ay mi amor, que me desvela la verdad,
entre tú y yo, la soledad y un manojillo de escarcha.

Buscando el olvido se dio a la bebida,
al mus, las quinielas... y en horas perdidas
se leyó enterito a Don Marcial Lafuente,
por no ir tras su paso como un penitente.

Y una noche, mientras palmeaba farrucas,
se escapó Mercedes con un curapupas
de clínica propia y Rolls de contrabando,
y entre palma y palma Curro fue palmando,
entre cantares, por soleares...

Ay mi amor, sin ti no entiendo el despertar.
Ay mi amor, sin ti mi cama es ancha.
Ay mi amor, que me desvela la verdad.
Entre tú y yo, la soledad y un manojillo de escarcha.

Quizá fue la pena o falta de hierro,
el caso es que un día nos tocó ir de entierro.
Pésames y flores y una lagrimita
que dejó ir la Patro al cerrar la cajita.

A mano derecha según se va al cielo,
veréis un tablao que montó Frascuelo,
en donde cada noche pa' las buenas almas
el Currito El Palmo sigue dando palmas
y canta sus males por celestiales...

Ay mi amor, sin ti no entiendo el despertar.
Ay mi amor, sin ti mi cama es ancha.
Ay mi amor que me desvela la verdad.
Entre tú y yo, la soledad y un manojillo de escarcha.

Web de Joan Manuel Serrat
Video de Joan Manuel Serrat cantando "Romance de Curro El Palmo"


1 may 2010

Paco, Paco, Paco


Intérprete: Encarnita Polo
Título: Paco, Paco, Paco
Letra: Quintero / León / Quiroga
(adaptación: Augusto Algueró)
Disco: Paco, Paco, Paco
Año: 1969

Si bien en este espacio analizamos una etapa compleja de la copla, comprendida entre el final de la dictadura (1975) y la actualidad (2010), hoy creo enriquecedor recuperar una pieza de 1969.

Sorprende saber que estos versos estén compuestos por Rafael de León, pero pronto te das cuenta de que los cabos parecen cuadrar, empieza a tomar sentido una copla tan extraña como simpática y entiendes hasta qué punto llega la habilidad de los poetas de nuestro género para trasgredir las censuras del Régimen franquista.

A principios de los 60, llegando la dictadura de Franco a su etapa final, la copla empezaba a ser injustamente ligada a una ideología nacionalista, facha, que parecía comulgar con un Régimen político con el que nunca había tenido ningún vínculo ideológico. Si bien es cierto que en alguna ocasión el Régimen aprovechó el género para hacer ciertas coplas españolistas, propagandísticas, también hay que reseñar que la copla nació entre 1920 y 1930, en el periodo de la República. Es cierto además, que cada 18 de julio, Francisco Franco y Carmen Polo, invitaban a una fiesta organizada en el Palacio de La Granja en Segovia a Juanita Reina (la preferida de ambos), Juanito Valderrama (el único artista al que Franco pidió un bis de “El emigrante”, fijaros qué ironía, con media España emigrando a toda Europa…) o Marifé de Triana, de quién trascribo algunas declaraciones:

“El Régimen no nos utilizó nunca. Eso no es verdad. Yo fui dos veces nada más el 18 de julio a La Granja y en ningún momento me he sentido manipulada. Sí que me pareció muy mal que un día nos registraran un coche oficial que además ellos mandaban a recogernos. Me pareció muy feo, porque…, qué iba a llevar yo metido en las maletas que no fuera un traje para cantar y para trabajar.”

Marifé de Triana

Por otro lado, Concha Piquer pasaba por ser la cara del Régimen. Representaba los valores que Franco quería trasmitir a la población: orden y moralidad. En alguna ocasión declaró su apoyo al dictador (algo que tanto dañó, injustamente, la imagen de la copla). Sin embargo, la intachable valenciana, no fue nada condescendiente con el General. En una ocasión coincidieron ambos en una cacería y El Caudillo la requirió para que le cantase en privado tras la merienda. Las palabras de Concha Piquer al mensajero fueron las siguientes: “Dígale a su Excelencia que si él ya ha merendado. La Piquer va a hacerlo ahora mismo”. Comprendiendo siempre la profesionalidad, la ética y el a veces pedante humor irónico de Concha Piquer, rechazó todas las medallas habidas y por haber, incluso la de Isabel la Católica, que no debió sentar demasiado bien al dictador.

Pero volviendo al tema que nos ocupa, después de situarnos en el contexto político y haciendo como siempre un breve análisis de las contingencias que rodeaban a nuestros defendidos defensores, los poetas y músicos que trabajaban para la copla, tampoco pasaban por su mejor momento. Rafael de León, que venía de escribir la interminable lista de éxitos que junto a los músicos Antonio Quintero y Manuel López-Quiroga fue capaz de poner en pié (unas 8.000 coplas, de tal calidad e intensidad, que ya se han convertido en piezas eternas del repertorio clásico: “María de la O”, “Francisco alegre”, “Ojos verdes”, “Y sin embargo te quiero”, “Me embrujaste”, “La niña de fuego”, “La Salvaora”, “Ay, Maricruz”… y un largo etcétera que por fascinante y sentido asombra), mientras estaba inmerso en su nueva etapa con el músico extremeño Juan Solano (con el que seguía evolucionando la copla y escribiendo a destajo cada día en su casa de Sevilla para artistas como Marifé de Triana y Rocío Jurado, pero sobre todo en sus años finales para Isabel Pantoja), también tuvo que dedicarse a componer para otros artistas españoles que investigaban otros caminos. Rocío Dúrcal estrenaba un asombroso “Mi amigo”, que en 1969 registraría y haría eterno Rocío Jurado en su primer disco y Nino Bravo convertiría en paradigma de esta situación la canción “Te quiero, te quiero” que Rafael de León escribiera para él.

En estos años, de adaptación, de evolución, de catarsis cultural, de conflictos políticos, aparecía una joven Encarnita Polo que junto a Carmen Sevilla, Conchita Bautista o Pepa Flores (Marisol), formarían una nueva generación de artistas de copla que impregnarían su música de sonidos pop sin prejuicios ni miedos; lo que algunos han creído conveniente denominar copla-pop o copla-yeyé.

El culpable de esta fortuita ramificación fue el músico Augusto Algueró, que musicalizó muchos de los versos de Rafael de León y vistió las coplas con arreglos pop, liberando al género de arquetipos y clichés. Este "Paco, Paco, Paco" de Encarnita Polo, con sonidos tan eurovisivos en una España al borde de la democracia, es una versión de la pieza "Coplas de los siete niños" que grabó Concha Piquer en 1943 y versionó más tarde Marifé de Triana en 1962. Existe una actuación de Marifé de Triana y Encarnita Polo cantando un fragmento de estas "Coplas de los siente niños" o "Paco, Paco, Paco".

Encarnita Polo, que nació en Sevilla en 1939, comenzó su carrera en el 63 con una identidad musical que se balanceaba entre la música italiana, el flamenco-pop, la copla desprejuiciada y todas las influencias que podían venir de una Europa sustancialmente liberada, pero con la vigencia de una irreprochable raíz andaluza. En un EP de 1969 titulado “Paco, Paco, Paco”, se incluye la copla de hoy. A continuación rescato el verso original a partir del cual se crearía la pieza:

Van siete niños camino de Sevilla,
con uno de los siete va mi cariño.

Que son ladrones y roban como nadie los corazones.

Ya vienen por el llano los migueletes
pero son poca cosa para los siete.

Qué valentía la de los siete niños de Andalucía.

Suspira el viento por Écija la llana
tocando las campanas de los conventos.

Siete alazanes y siete capas negras de capitanes.

Rafael de León

Conociendo a Rafael de León, que era capaz de cuajarnos la sangre con la copla más sentida y a la vez tirar por ironías sin que existiera quien le ganase (“Soltera yo no me quedo”, “Compuesta y sin novio”, “Las gitanas infantas”… ), me cabe la duda de si el poeta sevillano dedicó estos versos a la situación de Andalucía y las Comunidades en un momento determinado de la dictadura y en consecuencia al General Franco (Paco, Paco, Paco….). No sería descabellado pensar que los “siete niños” son siete de las ocho Comunidades Autónomas de Andalucía (Almería, Cádiz, Córdoba, Granada, Huelva, Jaén y Málaga), mas Sevilla, que es la ciudad natal de Rafael de León y a la que nombra diciendo que van a parar los “siete niños” (“van siete niños camino de Sevilla”). Pero… ¿Quiénes son “los migueletes”?

“Los migueletes eran los miembros de la milicia de carácter mercenario o voluntario, reclutada por las diputaciones y las juntas de la Corona de Aragón, para acciones especiales o como refuerzo de las fuerzas regulares. El miguelete, como tal, es el nombre que recibía un mercenario catalán durante la Guerra dels segadors, el conflicto armado que enfrentó a la Generalidad de Cataluña con el rey Felipe IV durante el conflictivo programa centralizador iniciado por el Conde-Duque de Olivares (la Unión de Armas). De aquí procede la denominación de migueletes para referirse al cuerpo armado que, paradójicamente, sobrevivió a esta guerra y se popularizó al Principado de Cataluña entre los siglos XVII-XIX”

Por lo tanto, y sorprendentemente, “los migueletes” a los que hace referencia Rafael de León (aunque durante el periodo franquista ya no existieran como tal), son las fuerzas del Gobierno de Franco, que en esta copla parecen impedir la llegada de las demás comunidades autónomas a Sevilla: capital de Andalucía. De ser todo esto cierto, podemos dar cuenta de la astucia y de la audacia que nuestros poetas tuvieron para esquivar las censuras de “los curitas” (así llamaban a los censores).

En 2009 “Paco, Paco, Paco” volvió a ponerse en auge gracias a un usuario de youtube que la utilizó como banda sonora del videoclip de Beyoncé titulado "Single ladies (Put a ring on it)", llegando a las casi tres millones de reproducciones. Además, el tema fue relanzado y se ubicó en el puesto número 4 del Top Musical en España en abril de 2009. La recuperada fama de la canción resultó también en diversas parodias de programas televisivos. Johnny Demoni también hizo una versión del tema, aunque de dudoso interés. La pieza, con arreglos pop o de flamenco-pop, se sostiene en una estructura de sevillana que Augusto Algueró supo bien llevar a otro terreno.

Dedico esta entrada a mis amigos, a mis compañeros de universidad y de tantos momentos de la vida, que el otro día me sorprendían cantando este “Paco, Paco, Paco”. Aunque les resulte extraño entender mi amor por este género, siempre tratan mi debilidad con el mayor de los afectos. Espero que en el viaje a Cáceres que haremos juntos en los próximos días no nos olvidemos de cantarla. Va por Lolo, Iván, Luís, Andoni, Jon, Pimo, Lúa, Raquel, Vero, Amaia y Leire. ¡Qué pena que ninguno de vosotros se llame Francisco!

Paco, Paco, Paco, que mi Paco…

Van siete niños, Paco, Paco, Paco, van siete niños,
van siete niños camino de Sevilla, Paco,
camino de Sevilla, Paco,
camino de Sevilla, Paco, Paco, Paco, van siete niños.

Van siete niños, con uno de los siete, Paco,
con uno de los siete, Paco,
con uno de los siete, Paco, Paco, Paco, va mi cariño.

Que son ladrones y roban como nadie, Paco,
y roban como nadie, Paco,
y roban como nadie, Paco, Paco, Paco, los corazones.

Ya vienen por el llano los migueletes,
los migueletes, ya vienen por el llano,
ven acá primo y siéntate aquí,
ya vienen por el llano los migueletes.

Los migueletes, pero son poca cosa,
ven acá primo y siéntate aquí,
pero son poca cosa para los siete.

Que valentía la de los siete niños,
ven acá primo y siéntate aquí,
la de los siete niños de Andalucía.

Suspira el viento por Écija la llana, Paco,
por Écija la llana, Paco,
por Écija la llana, Paco, Paco, Paco, suspira el viento.

Suspira el viento, tocando las campanas, Paco,
tocando las campanas, Paco,
tocando las campanas, Paco, Paco, Paco, de los conventos.

Siete alazanes y siete capas negras, Paco,
y siete capas negras, Paco,
y siete capas negras, Paco, Paco, Paco, de capitanes.


Web de Encarnita Polo
Video de Encarnita Polo cantando “Paco, Paco, Paco”

25 abr 2010

Tiene que tiene


Intérprete: Clara Montes
Título: Tiene que tiene
Autor: Clara Montes
Disco: Uniendo puertos
Año: 2004

“Es una cantante de copla y canción de voz clara y diáfana, de origen gaditano”

Manuel Francisco Reina

Nació en Madrid el 31 de diciembre de 1968, aunque predica a los cuatro vientos su condición gaditana. Clara Montes es la artista vigente más arraigada a la forma de Carlos Cano. La escuela del granadino le sirvió para aprender que la copla es un género abierto y vigente, en continua evolución e impregnado de las contingencias del tiempo en el que se efectúa.

La relación entre Cano y Montes, comenzó cuando el artista de Granada grabó el disco “Diván del Tamarit” (1998); nueve gacelas y doce casidas de inspiración andalusí escritas por Federico García Lorca, que musicalizó dotando a los versos de vestidos sinfónicos y constituyendo así uno de sus trabajos de mayor intensidad.

Al cantautor andaluz, con el que compartió afecto y escenario en muchas ocasiones, y que apostó decididamente por la carrera de una joven Clara Montes, le homenajearía un año después de su muerte en el disco “Carlos Cano. Que naveguen los sueños” (2001), haciendo una escalofriante versión a dúo, póstumo, de “Tango de las madres locas”. Años más tarde también participaría en el homenaje que Cuba a través del Teatro Nacional de La Habana le rendiría a Carlos Cano, compartiendo escenario con Pablo Milanés y Javier Ruibal.

Clara Montes decidió con elocuencia hacer una copla sencilla, alejada de clichés. Autora de muchas de sus piezas, apasionada de la poesía y el flamenco, bordea la pura canción española e impregna su música de sonidos externos.

La copla de hoy es una nana que la madrileña quiso dedicar a su hijo, incluida en el disco “Uniendo puertos” (2004). En él se encuentran también coplas como “La mirada violeta”; tema principal de la banda sonora de la película homónima protagonizada por Cayetana Guillen Cuervo, una versión extraordinaria del fado “Extraña forma de vida” o el clásico de Joan Manuel Serrat “Romance de Curro el Palmo”. A las composiciones de la cantante, se suma también “De carne y verso”, una letra del poeta y escritor vinculado a la copla Manuel Francisco Reina.

La nana de hoy se mece entre el fado portugués y la música italiana, pasando por la esencia de lo andaluz sostenida en una estructura de bulería y sonidos árabes. Clara Montes utiliza palabras de origen popular y diminutivos: chiquetito, toíta, arrebujaíta o guardaíta… que dan a la pieza un cariz de ternura. La ráfaga de salitres y olor a mar parecen adueñarse de los sentidos al escuchar esta copla, que cualquier madre, podría entender como suya.

Mi niño tiene, tiene que tiene,
el color de la buganvilla,
que asoma por la ventana
y nos da los buenos días.

Mi niño tiene, tiene que tiene,
los ojitos del mar de invierno,
tan chiquetito, tan pequeñito,
cómo me tiene…

Mi niño duerme, nanita nana,
ea la ea, ya llega el alba,
canta que canta, nanita nana,
ea la ea…

Mi niño tiene, tiene que tiene,
a su padre en vela toíta la noche.
Que no le falte, pá que no tenga
ningún mal sueño que lo acalore.

Mi niño tiene, tiene que tiene,
arrebujaíta con los besitos,
bien guardaíta, entre los puñitos,
mi alma escondida.

Mi niño duerme, nanita nana,
ea la ea, ya llega el alba,
canta que canta, nanita nana,
ea la ea…

Web de Clara Montes

17 abr 2010

Coplas de la violeta


Intérprete: Carlos Cano
Título: Coplas de la violeta
Autores: Antonio Mata / Carlos Cano
Disco: Quédate con la copla
Año: 1987



”Me pongo mirando al Caribe, cierro los ojos y empiezo a notar cómo me laten los pulsos del corazón, cómo recuerdo el pasado que no he vivido... Y oigo las habaneras, los boleros, las canciones de Violeta Parra, que fue mi maestra.”

Carlos Cano

Carlos Cano es a la etapa de la copla que analizamos, lo que Neptuno a la mar o Miguel de Cervantes a la literatura española. Nunca hubiese querido él que le adjudicásemos connotaciones divinas, sin embargo, para muchos de nosotros, la admiración por su obra nos lleva a la devoción.

El artista de Granada hizo lo que tenía que hacer en el momento en el que había que hacerlo. Mantuvo una posición firme y sincera respecto a la música popular y a la copla. Sin la carrera infatigable del granadino a favor de un género que transcurría por su etapa más decadente, no puede entenderse la obra que artistas de copla de vanguardia están desarrollando.

Como en todo momento de catarsis, desde el final de la dictadura franquista (1975) hasta su muerte (2000), algo indefinible se impone en la globalidad de sus trabajos que nos atrapa. El último cuarto del siglo XX fue para este género uno de los tiempos más duros que vivió, quizá, por el momento político de liberación que en una España no tan lejana, estaba sucediendo con el inicio de la democracia. Los equivocados clichés machistas o fachas que ligaban la copla al gobierno de Franco y la impregnaban de connotaciones políticas, injustas, hicieron que en un momento de liberación social como lo fue la Transición Española, la copla, quedase relegada al olvido, y sus artistas, señalados injustamente y tachados de abanderados de una cultura pretérita, casposa y nacionalista.

Por fortuna apareció Carlos Cano, un hombre que con traje chaqueta y sin mayores aspavientos indagó en la raíz de la copla y la posicionó en su lugar, impregnándola de nuevos matices y constituyendo para este género un imperio de sensaciones. Comprometido con la realidad social y política de la época, dio forma a coplas que podrían situarse al mismo nivel que muchos de los clásicos de los años 30 o 50. Manuel Francisco Reina en su libro “Un siglo de copla. De Concha Piquer a Miguel Poveda” dice al respecto de Carlos Cano:

“Carlos Cano entraría con nombre propio en la escena de nuestra canción concienciada, a caballo de un sonido folk, con raíces, y la reivindicación del rico mundo del flamenco y la copla. (…) Nadie podrá poner, sobre su cuerpo o su memoria, más bandera ideológica que la de la libertad.”

Manuel Francisco Reina

“Coplas de la violeta” es una de las tantas muestras con la que Carlos Cano nos cautivó en el disco “Quédate con la copla” (1985). En él se incluye su eterna y magnífica “María la portuguesa”, así como “Proclamación de la copla”, “Alacena de las monjas”, “Copla de seis”, “Habaneras de Sevilla” o “Pasan los campanilleros”, que junto a tres piezas del repertorio clásico, “Falsa monea”, “Ay, Maricruz” y “Chiclanera”, constituyen uno de los trabajos más significantes del autor.

Maestra para Cano, Violeta Parra fue su brújula. Toda la admiración que sintió por ella la volcó en estas “Coplas de la violeta”. Dice de sus canciones que “como blancas gaviotas echan a volar / y me traen de los cielos la luna de azahar / la caricia del viento, la rosa del tiempo que no volverá.”

Estos tanguillos de Cádiz se visten con arreglos sencillos. Algún día la obra de Carlos Cano pasará a tener la relevancia que merece en el mundo de la copla, pero quizá para eso tengamos que asumir que la copla es un género abierto, en continua evolución y que absorbe todos los significantes de su época.


Coplas de la violeta, arena y sal,
coplas de mi recuerdo, cuchillo y rosal,
por la playa desierta de mi soledad
igual que una sirena
cantando su pena a la orilla del mar.

Coplas de la violeta, arena y sal,
como blancas gaviotas echan a volar
y me traen de los cielos la luna de azahar,
la caricia del viento,
la rosa del tiempo que no volverá.

Amor mío
tu nombre alga y cobre,
princesa en mis bosques,
nube y colorín,
ven conmigo a la senda perdida
del alba esperada que huele jazmín.

Amor mío,
que huele a jazmín.
Amor mío,
nube y colorín.
Ven conmigo a la senda perdida
del alba esperada que huele jazmín.

Hoy recuerdo aquel cielo, hermosa mía,
y las nueves de fresa donde vivías.
Hoy recuerdo aquel cielo de luna y de amor,
y la flor de aquel tiempo
me llena de viento todo el corazón.

Amor mío
tu nombre alga y cobre,
princesa en mis bosques,
nube y colorín,
ven conmigo a la senda perdida
del alba esperada que huele jazmín.

Amor mío,
que huele a jazmín.
Amor mío,
nube y colorín.
Ven conmigo a la senda perdida
del alba esperada que huele jazmín.


Web de Carlos Cano

19 mar 2010

Háblame del mar, marinero


Intérprete: Pepa Flores
Título: Háblame del mar, marinero
Letra: Rafael Alberti
Música: Manuel Alejandro / Ana Magdalena
Disco: Háblame del mar, marinero
Año: 1976

En un corralón malagueño nació Josefa Flores González, en la calle Refino número 10. Debutó en Casarabonela interpretando la célebre pieza “María Belén Santajuana”. Su sólida formación en el cante y el baile flamenco la llevaron a ingresar en coros y grupos de danza de su ciudad natal.

En 1959, en un viaje a Madrid, fue descubierta por el productor de cine Manuel J. Goyanes. Fue entonces cuando nació Marisol, uno de los símbolos infantiles más célebres, junto a Joselito, de la España de la década de los 60.

El director Luis Lucía Mingarro la dirigió en películas como “Un rayo de luz”, “Ha llegado un ángel”, “Tómbola”, “Las cuatro bodas de Marisol” y “Solos los dos”. Comenzaba entonces el despegue del mito de una niña prodigio de cuya infancia, más tarde, se descubrirían las escenas oscuras.

Entre los triunfos destacados de su carrera se encuentra su participación en el Festival de la OTI en 1972, con la canción “Niña”, obteniendo la tercera posición. A finales de los 70, una adulta Marisol decidía cambiar su nombre artístico por el real, Pepa Flores; un acto simbólico que le serviría para romper con una infancia paradigmáticamente dolorosa y llena de triunfos.

En su discografía, que abarca desde 1960 hasta 1983, se comprueba la evolución de una inocente niña a una mujer comprometida con la realidad social. La artista de Málaga ha cantando a poetas clásicos como Federico García Lorca o Rafael Alberti, pero también a Joan Manuel Serrat, Augusto Algueró, Juan Pardo, Manuel Alejandro o Luis Eduardo Aute; nombres que pertenecen a una etapa de la copla que comienza en los años 60, y que en algunos casos, se prolongan hasta la actualidad.

Pepa Flores podría pertenecer a una generación de artistas que fusionaron la copla con los sonidos pop más frescos que entraron en el país tras el final de la dictadura de Franco y la muerte del general en 1975. Una generación a la que también pertenecerían Carmen Sevilla, Conchita Bautista o Encarnita Polo; lo que algunos han denominado copla-pop o copla-yeyé.

La copla de hoy forma parte de uno de los LPs de mayor éxito de la cantante, titulado “Háblame del mar, marinero”, editado en 1976. De Rafael Alberti son estos anhelos, a los que Manuel Alejandro y Ana Magdalena pusieron melodía a mediados de los 70. Una obra certera que trata las añoranzas de un Alberti lejos de los barcos y que declara, una vez más, su pasión por el mar.

Marisol se desenvuelve en este verso con una voz madura, aceitunada, vestida con una guitarra
española y unos arreglos sinfónicos que la solemnizan. Espléndidas versiones de esta obra las han realizado Isabel Pantoja, Raphael, Manolo Escobar o El Consorcio.

Dicen que hay toros azules
en la primavera del mar.
El sol es el caporal
y las mantillas las nueves,
que las mueve el temporal.

Dicen que hay toros azules
en la primavera del mar.

Háblame del mar, marinero.
Dime si es verdad
lo que dicen de él.
Desde mi ventana
no puedo yo verlo.
Desde mi ventana
el mar no se ve.

Háblame del mar, marinero.
Cuéntame qué sientes,
allí, junto a él.
Desde mi ventana
no puedo yo verlo.
Desde mi ventana
el mar no se ve.

Dicen que el barco navega
enamorado del mar.
Buscando sirenas va,
buscando sirenas nuevas,
que le canten al pasar.

Dicen que el barco navega
enamorado del mar.

Háblame del mar, marinero.
Dime si es verdad
lo que dicen de él.
Desde mi ventana
no puedo yo verlo.
Desde mi ventana
el mar no se ve.

Háblame del mar, marinero.
Cuéntame qué sientes,
allí, junto a él.
Desde mi ventana
no puedo yo verlo.
Desde mi ventana
el mar no se ve.

Video de Marisol cantando “Háblame del mar, marinero”

6 mar 2010

Ten cuidado


Intérprete: Elena Andújar
Título: Ten cuidado
Autor: Rafael de León / Juan Solano
Disco: Elena Andújar
Año: 2000

“Elena Andújar es una de las jóvenes figuras que se ha establecido más sólidamente en el cante”

Álvarez Caballero

Si la pureza está en la mezcla, como dice Paco de Lucía, no hay persona más pura que Elena Andújar. Nació en Sevilla. Creció en un ambiente en el que el flamenco se entendía como una forma de vida y absorbió todo su carácter. Sus primeros flirteos con el mundo del espectáculo llegaron como bailaora, colaborando con Antonio Canales en su gira por Japón en 1990, aunque pronto sería conocida como cantaora después de que Joaquín Cortés la invitara a cantar en sus espectáculos Cibayi (1993) y Pasión Gitana (1994).

Ha trabajado con su grupo de baile en salas flamencas como La Trocha (Sevilla), Café de Chinitas (Madrid), Casa Patas (Madrid), Tablao de Carmen (Barcelona), Zambra (Alicante) o Suristán (Madrid). También ha participado en películas como El abogado del Diablo, de Taylor Hackford, bailando con Al Pacino o como cantaora en el documental del director Mike Figgs; Flamenco Women (VPRO, Países Bajos y Channel 4, Reino Unido). La sevillana ha colaborado a lo largo de su trayectoria con artistas como Romero San Juan, Arrajatabla, Diego Carrasco, Dulce Venganza, Cantores de Híspalis, Niña Pastori, Familia Fernández, Antonio Reyes o Manuel Reyes.

Su incursión en la copla llegó a través de “Ten cuidado”. Elena Andújar grabó en el año 2000 esta pieza del repertorio clásico perteneciente a la sociedad musical formada por Rafael de León y Juan Solano. Este soneto se convirtió en una copla que en 1971 grabarían tanto Rocío Jurado como Marifé de Triana y cuya hegemonía atribuimos a ambas, que la defendieron con igual categoría desde sus diferentes aptitudes artísticas. Una buena versión de esta copla la realizaría también Mayte Martín, por bulerías, en el disco “Querencia” (2000). No nos olvidamos de la registrada por Clara Montes en el cedé “A manos llenas” (2009); un homenaje que la madrileña quiso hacer a Rafael de León y en el que incluyó su versión de “Ten cuidado” con arreglos de Juan Carmona El Camborio.

Esta copla narra la común historia de las advertencias en el amor. Una voz de conciencia, -posiblemente de amiga o de madre-, que llama a cordura con frases tan certeras como “después no te arriendo la tarea / de borrar de tu frente lo pasado”. A través de este tipo de frases, Rafael de León, muy inteligentemente, conjugaba los versos más selectos con las expresiones populares.

En el desarrollo del argumento encontramos estrofas tan sugestivas y exquisitas como la que dice: “Pero yo me perdí por tus jardines / dejando que ladraran los mastines / y ya bajo la zarpa de tus besos / sin miedo de morir en la aventura / me colgué de tu boca con locura / y me caló tu amor hasta los huesos”. Nuestra amiga la puñales, escribe en su blog Te doy mi copla lo siguiente al respecto de “Ten cuidado”:

Amamos sin medidas, sin pensar en las consecuencias personales que podemos tener. Amamos sin oir al pasado que nos advierte de nuestra equivocación. Puede que el amor no sólo sea ciego, sino además sordo, y en esa sordera nos metemos en una espiral en la que nos perdemos en jardines hasta que el dolor nos muerde el corazón casi muriendo en el intento”.

Elena Andujar retrata esta pieza con unos arreglos de flamenco Chil Out que la trasladan a un terreno totalmente distinto, curioso, pero de buen resultado. Los sonidos tecno y las programaciones, hace tiempo que llegaron a nuestro defendido género. Dedico esta copla a Laura, por su cariño, apoyo y constancia siempre.

Me avisaron a tiempo: ¡Ten cuidado!
Mira que miente más que parpadea.
Mira que por su modo y su ralea
es de lo peorcito del mercado.

Que son muchos los labios que ha besado
y a lo mejor te arrastra en su marea,
y después no te arriendo la tarea
de borrar de tu frente su pasado.

¡Ten cuidado! ¡Ten cuidado!

Pero yo me perdí por tus jardines,
dejando que ladraran los mastines
y ya bajo la zarpa de tus besos,
sin miedo de morir en la aventura
me colgué de tu boca con locura
y me caló tu amor hasta los huesos.

Video de Elena Andujar cantando “Ten cuidado”